Viernes 18 Abril de 2014
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MORELIA
Ciencia y mitología
Margarita Blanco
Martes 6 de Mayo de 2008 • Enviar nota    • Imprimir

Para quienes creemos erróneamente que ciencia y mito se excluyen, podríamos pensar que la ciencia es objetiva y el mito es invención, pero es interesante encontrar diversos enlaces entre ambas, provenientes sobre todo de culturas antiguas, como la de Grecia, en donde la búsqueda del conocimiento incluía la filosofía, el arte y el conocimiento del entorno, sin las separaciones que actualmente existen entre disciplinas.

Es precisamente en Dédalo, de la mitología griega, en donde se representa un personaje similar al investigador científico actual. Se trata de un creador, de un inventor, que hace realidad el acariciado sueño humano de volar gracias a su propio invento.

A Dédalo lo favorece la creatividad, que le regala la posibilidad de ser escultor, arquitecto e inventor. Para su desfortuna, un día enfureció al rey, quien lo encerró, junto con su hijo Ìcaro, en alta torre. Pidió velas a sus carceleros para poder estudiar y con las plumas de los pájaros y la cera pudo construir un par de alas para sí y para su hijo, similares a las de los pájaros.

Hizo una prueba y descubrió con alegría que podía alcanzar el techo de la torre. Entonces advirtió a su hijo: «Mantente a una altura moderada. Si vuelas demasiado bajo, la humedad del mar estropeará tus alas. Si vuelas demasiado alto, el calor del sol las derretirá».

Ícaro quedó lleno de alegría con el poder del vuelo y se olvidó de las advertencias de su padre y se elevó como si se dirigiera al cielo. Pronto el sol ardiente ablandó la cera que sujetaba las plumas y éstas comenzaron a desprenderse. Al notar que descendía, Ícaro agitó sus brazos más y más rápidamente. Dédalo vio horrorizado cómo Ícaro caía y se hundía en el mar. Su padre circundó varias veces sobre el sitio donde su hijo había desaparecido, pero lo único que pudo ver en la superficie del agua fueron unas cuantas plumas.

Este mito nos habla de la posibilidad del ser humano de crear un mundo artificial, alterno al de la naturaleza, gracias al cual puede tener cualidades y posibilidades que no le fueron dadas. También de cómo el entusiasmo del ser humano por la tecnología puede llevarlo a no medir sus consecuencias.

Quizás una de las ciencias que más referencia hace a la mitología es la astronomía, baste un repaso por los nombres de estrellas, planetas y satélites. La Luna es también el nombre de la Diosa Diana (Artemisa), los satélites de Marte, Fobos y Deimos, son las personificaciones del miedo y el temor, respectivamente.

En tanto, algunos satélites de Júpiter llevan los nombres de Europa, la hija de Fénix, de Ganímedes, copero de Zeus, y de Calisto, ninfa de Artemisa. Encelado, satélite de Saturno, corresponde a un titán, hijo de Tártaro y Gea.

El conjunto de estrellas llamadas Nereidas corresponden a divinidades marinas, mientras que las Danaides, hijas de Dánao, son 50 hijas de Argos que se casaron a la fuerza con los 50 hijos de su tío Egipto. Por orden de su padre, mataron a sus esposos la noche de bodas, sólo Hipermestra perdonó la vida a su marido.

Actualmente, se han descubierto tantos objetos celestes (hay 277 planetas y alrededor de 255 soles diferentes al nuestro, nos recuerdan María C. González y Cuauhtémoc Sarabia, en su artículo pasado) que los personajes de los mitos no alcanzarían para designarlos. Sin embargo, la mitología le añade a la ciencia un aspecto de significación y belleza.

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