Viernes 3 Septiembre de 2010
  Laberinto
MORELIA
¿Por dónde?
La educación pública mexicana está arruinada y sin visos de aliento que pudieran siquiera anunciarnos que le están buscando la salida
Alfredo Esquivel Avila
Sábado 3 de Mayo de 2008 • Enviar nota    • Imprimir
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Segunda y última parte



¿Por dónde atacar o atajar la descomposición del país? Es una pregunta que yo me formulo con frecuencia. La verdad es que me siento desvalido e impotente

ante las dimensiones de la interrogante, al no encontrar una respuesta alentadora a mi profana y sacrílega preocupación. Digo profana porque este vehiculo de comunicación me azuza el atrevimiento de emitirla, sin complejos, dentro de un universo informativo donde hay eruditos y especialistas abocados a descifrar los acertijos; y sacrílega porque me aventuro a involucrarme en el ámbito que es competencia de los gobernantes y los políticos, donde esta indagatoria es con la que se acuestan y se levantan cada día y la convierten en la razón principal de su vida. Yo no tengo ninguna duda de que así lo hagan. Donde sí me asalta el asombro es en las medidas que toman para -ellos dicen- servir a la nación y a los mexicanos.

En mi condición de ciudadano con derechos y deberes cívicos, y con la oportunidad de contar con este espacio, me veo en la necesidad de expresar aquí lo que yo pienso y siento en relación con la porción del escenario político que mi escasa capacidad me permite observar y traducir. Impelido por esta premisa, advierto que las respuestas de los gobernantes y de los políticos a los problemas sociales a que se enfrentan no corresponden a los requerimientos de los problemas para ser solucionados, ni a las exigencias de la sociedad.

Para nadie es un secreto que existen áreas vitales para el desarrollo nacional severamente dañadas, a las que urge atender sin dilación y con las decisiones más lúcidas y atinadas. Sin embargo, quienes nos desgobiernan no sólo dan largas a los asuntos, sino que, además, imponen disposiciones absurdas o estúpidas que, en lugar de ser resueltos, los complican más.

Todos los rubros más importantes del desarrollo de México deben estar sujetos a una revisión constante, no porque ya casi todos están petrificados, sino también porque es importantísimo mantenerlos al nivel de las transformaciones que se generan en nuestra sociedad y en el mundo. En consecuencia, todos deben ser objeto de reformas permanentes. En este sentido nos encontramos con que las reformas que nos impone la clase gobernante no son las que los problemas proponen, ni las que a la sociedad le convienen. Para corroborarlo podemos volver la mirada hacia las reformas que ya se han hecho en el calderonato, como la Ley del ISSSTE, la fiscal, la electoral y la judicial, y nos daremos cuenta de son demagógicas, no resolvieron de raíz los problemas, son sectarias contra el patrimonio pecuniario y los derechos humanos.

Así, a vuela pluma señalemos que la nueva era del ISSSTE -contra la que hay cientos de miles de demandas de amparo- ofrece a los presuntos pensionados unos cuantos miles de pesos mensuales más que la anterior. A mi ver, este es un espejismo deslumbrante ideado para impedirnos vislumbrar el problema de fondo -que ya se vive-, consistente en el deslinde del gobierno de toda responsabilidad con los trabajadores de la Federación, el jugoso negocio que representa para la caterva elbaesterista y para las Afores, el deterioro de la infraestructura hospitalaria e instrumental, el desabasto brutal del cuadro básico de medicamentos y la depauperación del equipo médico. Si ahora están muriendo decenas de derechohabientes por falta de medicinas caras y de oportunas intervenciones quirúrgicas, no quiero ni siquiera imaginar lo que ocurrirá cuando esta otrora benéfica institución sea convertida, por su pésima dirección nacional actual, en ruinas espeluznantes, incapaces de atender debidamente a sus derechohabientes. De qué servirán entonces los dos o tres mil pesos mensuales -si es que de verdad los pagan a los pensionados- cuando tengan que pagar tratamientos prolongados, médicos y medicamentos caros y operaciones en hospitales privados. La verdad, no habrá dinero que alcance.

No pretendo desmenuzar exhaustivamente las reformas consumadas por obra y gracia de Calderón, sino destacar las graves consecuencias que ya están arrojando a la sociedad, y los preocupantes riesgos que entrañan para el país. A éstas ya me referí, en términos generales: lo que quienes nos gobiernan han malhecho en educación, lo han deshecho en el ISSSTE, así podría seguirme con la reforma fiscal o la judicial, pero el espacio, por hoy, no me lo permite.

Quiero concluir recurriendo a la pregunta inicial: ¿Por dónde reconstruir a la nación? ¿Por el camino que han elegido los calderonistas y la cúpula neoliberal del PRI? Obviamente por ahí no llegaremos a la orilla, dada la ineptitud exhibida por quienes ahora toman las decisiones. Con sus reformas -que en esencia protegen y amplían las riquezas y privilegios de los ricos de aquí y de afuera- lo único que han provocado es la crispación, el incremento de la iniquidad, la polarización, el empobrecimiento y la inseguridad de la sociedad, lo que equivale a una sociedad criminalmente agraviada y metida en un crisol hirviente de descomposición preocupante.

Evidentemente, a la camarilla gobernante esto no le quita el sueño. Siguen en la juerga de órdago que se traen, embriagados consuetudinariamente por el dinero y el poder del que disponen, concibiendo un México de espejismo, muy distinto al México real del cual se han enajenado. Los responsables de la situación caótica a la que hemos llegado son ellos, porque nos han fallado a los mexicanos, porque no dan pie con bola, porque siguen fracasando en la conducción del país, sin visos de cambiar sus desacertadas formas de gobernar. ¿Para qué sirven las posiciones que ostentan, las facultades que les confieren las leyes, los recursos institucionales y económicos que controlan a placer? Las funciones institucionales que debieran desempeñar, que están obligados a cumplir, son ciertamente las idóneas para recomponer el país y mejorar las condiciones de vida de la población entera, pero hasta hoy sólo hemos visto que las utilizan para beneficio propio, de sus familiares y amigos, y para pagar la deuda enorme evidentemente contraída con los poderes transnacionales que impulsaron ilegalmente su ascenso a los puestos desde los que ahora nos malgobiernan.




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