Martes 2 Septiembre de 2014
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Proponen estrategias para preservar el maíz criollo
De unas 60 variedades que se cultivan en el país, en Michoacán se producen 20 Investigadores advierten contra el cultivo de transgénicos; la actividad maicera, dicen, tiene unos tres mil 500 años de antigüedad
José Perales Mendoza
Jueves 24 de Abril de 2008 • Enviar nota    • Imprimir

En el estado de Michoacán, particularmente en las cuencas de Pátzcuaro y Zirahuén, se siembran y producen más de siete razas y 20 variedades de maíces criollo que además forman parte de la cultura y gastronomía de los pueblos indígenas, por lo que es necesario conservar estas variedades, como todas las que se tienen a lo largo y ancho del país y que bien podrían contarse por miles.

Así lo consideraron los investigadores Marta Astier, del Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada, y Narciso Barrera-Bassols, del Instituto de Geografía de la de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes consideraron además que la actividad maicera en esta región tiene más de tres mil ,500 años de antigüedad, por lo que las variedades existentes son producto de una gran diversidad de agro-ambientes y de estrategias campesinas milenarias.

De acuerdo con los estudios realizados por los investigadores en las áreas específicas ya señaladas, los maíces criollos son variedades que han sido seleccionadas, mejoradas y adaptadas a las condiciones locales por los agricultores; dichas variedades están bien adaptadas a las condiciones ambientales y sociales de una comunidad o región.

Los investigadores establecieron además que estos maíces forman parte de la muy elaborada cultura culinaria Purhépecha, ya que cada platillo requiere una variedad específica de maíz y frecuentemente incluye otros cultivos como la chía, el tamarindo, el nurite, frijol y chiles. El maíz de color se utiliza para el pozole, chapatas, jahuakatas, ponteduros, iurichustatas, etc; el maíz amarillo para el pinole y el ganado, y el maíz blanco para la elaboración de tortillas, atoles, tokeras, gorditas, korundas.

A esto se agregan las festividades relacionadas con el maíz, que provienen en forma sincrética de los mundos prehispánico y colonial, y que hoy se celebran de acuerdo al santoral católico: las ceremonias propiciatorias, como la del Domingo de Ramos (que coincide con la fecha de la siembra) donde se bendicen las semillas; la de San Isidro Labrador «el Santo de los agricultores» al que se le adorna con mazorcas de maíz de todos los tipos y, la fiesta de Corpus Christi o «Fiesta de las aguas», en donde se piden lluvias abundantes.

Además, se ofrecen ceremonias al maíz nuevo, en las que se obsequian los primeros frutos y las de agradecimiento, al finalizar la cosecha. Cada una de estas ceremonias religiosas viene acompañada por un platillo típico especial o por una ofrenda elaborada con maíz.

Los sistemas campesinos de maíz ofrecen, por todas estas razones, un legado de germoplasma, conservación de tierras y conocimientos locales. Sin embargo, este legado, además de no estar valorado en el mercado, se encuentra seriamente amenazado; existe un acelerado abandono de los sistemas agrícolas campesinos; las prácticas de manejo beneficiosas van en desuso y se da un creciente aumento de la entrada de maíz híbrido procedente de otras regiones.

Este último fenómeno se expresa, por ejemplo, en el aumento de la cantidad de tortillerías industriales, pasando de 5 en los 90s a 39 en el 2005. El 97% del maíz que estas tortillerías utilizan es híbrido, sin considerar la harina nixtamalizada y proviene de otros lugares como Zacapu, Sinaloa y el Bajío.

Por lo mismo es fundamental la creación de espacios donde se valore, estimule y premie la diversidad genética, la oferta de productos sanos, los servicios ecosistémicos que proporcionan los sistemas maiceros, la gastronomía tradicional y el reforzamiento de la identidad cultural local y regional.

Los especialistas propusieron una estrategia para la conservación de los maíces criollos que consiste en cuatro acciones mancomunadas y metodológicas las cuales involucran a diversos agentes sociales.

La conservación

Primero se propone la identificación y catalogación de las diferentes razas y variedades de maíz reconocidas por los agricultores de la región. Hay ya un amplio conocimiento sobre el manejo local de la agro-biodiversidad en la cuenca de Pátzcuaro reflejado en la literatura desde los años 40 hasta los 90. Varios autores han caracterizado también los diferentes tipos de agricultura producto de los tipos de suelo, relieve y el clima. Una vez identificados y catalogados lo materiales se transportan y se guardan en un Banco ex-situ de semillas para asegurar un resguardo del material por más de 20 años; puede ser el Banco de Semillas del Colegio de Postgraduados. Además, se debe propiciar la exhibición y conservación de las semillas in-situ, por ejemplo, en botes herméticos en un lugar de uso comunitario.

La acción 2 consiste en la ubicación espacial de las diversas razas y variedades locales de maíz y la generación de una base de datos geo-referenciada con la ayuda de mapas participativos. Mediante el registro geo-referenciado de las unidades agrícolas productoras de variedades locales de maíz, se propone una especie de «certificación» parcelaria para la conservación del germoplasma nativo de dicho grano.

A partir de las colectas ya hechas por algunos investigadores, se tiene información sobre los productores, los parajes, los sistemas productivos y las diferentes variedades reconocidas. Esta información es la base para realizar talleres de «Mapeo Participativo» en donde los agricultores identifican las parcelas y parajes mediante ortho-fotos. La institución IACATAS A.C. las geo-referenciación mediante el uso de puntos GPS.

Dichas colectas y talleres se realizaron en el marco del proyecto «Rescate de variedades locales de maíz» y la «Primera Feria de Maíz Criollo de Pátzcuaro» que se llevó a cabo del 25 al 27 de febrero de 2006. Así se generaron mapas sobre: la distribución y tamaño de muestra de las razas identificadas de maíz en la región por tipo de vegetación y la distribución de las razas por agro-ambiente y tipo de suelo.

La acción 3 implica actividades para fomentar la sensibilización y revaloración de los productos locales de maíz por parte de la sociedad regional (ciudades y pueblos). Mediante las Ferias en la Ciudad de Pátzcuaro y en comunidades campesinas, se busca incentivar el consumo de los productos hechos a base de maíz criollo a través de actividades varias como charlas, la degustación de platillos, la apreciación de la diversidad de las variedades locales, talleres artísticos e intercambio de semillas.

Estas ferias impulsan la campaña «sin consumo no hay maíz». La idea central es que al consumir alimentos hechos con los maíces locales se está fortaleciendo la identidad cultural de los pueblos, sensibilizando a agricultores, a la sociedad y al gobierno en su conjunto; estimulando a más de 2,000 agricultores; apoyando la generación de empleo en las comunidades rurales y revalorando las propiedades estéticas y culinarias de los maíces mexicanos.

La cuarta y última acción, consiste en impulsar el desarrollo de proyectos productivos que den valor agregado al maíz y generen empleo. Este paso tiene a su vez dos componentes importantes: uno es la producción de maíz y el otro es la adición de valor económico a través de micro-empresas o industrias que transformen el grano, previamente certificado como orgánico, en tortilla, antojitos o artesanías. Como resultado inicial de estos esfuerzos, en el 2005 se certificaron 10 hectáreas de maíz criollo en la comunidad indígena de San Francisco Pichátaro. Se vendieron 5 toneladas de maíz a la Empresa Aires de Campo.

Esta acción que cierra el ciclo es la de gestionar y poner en práctica una industria socialmente justa, amigable con el medio ambiente y económicamente viable. Para este propósito se requiere llevar a cabo estudios de factibilidad comercial (plan de negocio y estudio de mercado); diseñar un producto «especial» y lanzar productos hechos a base de maíz criollo que se puedan diferenciar en el mercado. Estos productos pueden ser desde una artesanía hasta alimentos «especiales» (tortillas orgánicas azules, tostadas, antojitos).

Esta acción tiene que ver con el proyecto que se está impulsando y que se denomina «El rescate del maíz local a través de eco micro-industrias: hacia un sistema alimentario sustentable de maíz».

Los avances

Mediante este proyecto se han construido 70 estufas «Patsaris» las cuales ahorran alrededor del 50% de leña y extraen el humo de las unidades domésticas y restaurantes donde se producen tortillas para la venta. El 90% del maíz consumido en esta actividad es criollo. Este es un primer paso para el desarrollo de un producto local y ecológico.

Lo que falta

Un grupo formado por representantes de la Organización Regional de Agricultores Purhépechas en Defensa del Maíz (ORAPDM), dos ONGs locales –GIRA e IACATAS – y el Instituto de Geografía de la UNAM es el que coordina las diferentes acciones.

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