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| MORELIA
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Una guerra en el firmamento |
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Margarita Blanco |
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Entre los purépechas, el eclipse no se trata de un apareamiento sino de una guerra, una lucha encarnizada entre Tata Juriata, el Sol y Nana Kutsi, la Luna Llena.
En el caso del eclipse de sol, es la Luna la provocadora, la que quiere ganarle la lucha al Sol, opacarlo en su iluminación, por eso es que el eclipse ocurre en el día.
En la Meseta, el eclipse es un fenómeno importante para los seres humanos, se cuida que las mujeres embarazadas no lo presencien, a riesgo de que el bebé nazca con defectos congénitos, en específico labio leporino, se dice que a quienes lo padecen «el eclipse les comió el labio».
Irineo Rojas Hernández, del Centro de Investigación de la Cultura Purépecha de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, explica que no hay fuentes escritas sobre el tema, pero sí una tradición oral que da cuenta de los usos y costumbres.
En su natal Cheràn, la costumbre marca que hay que proteger a los árboles y animales de la influencia maligna del eclipse, colocando una cinta roja que garantice una buena cosecha. La conducta de los animales se altera durante el eclipse solar, debido a que hay un descenso drástico de temperatura, de 22 a 5 grados centígrados.
En el caso del eclipse de Luna, para los purépechas vuelve la lucha entre los dos astros, pero esta vez el Sol es el provocador, quien no quiere que la Luna ilumine la noche, por eso, cuando es el clímax del eclipse, cuando la Luna adquiere una coloración rojiza, se dice que el Sol ha vencido, que ya se comió a la Luna, que no la deja aparecer en el firmamento.
En este caso, como el eclipse ocurre durante la noche y en algunas ocasiones pasa desapercibido, aún cuando es un proceso más largo, la lucha más prolongada, las personas de las comunidades indígenas tienen menos cuidados que en caso de un eclipse solar.
Otra de las costumbres consiste en no ver el eclipse en forma directa, sino a través del reflejo en el agua.
Irineo Rojas explica que las costumbres de los purépechas tienen como fundamento una observación directa del firmamento, de modo que son capaces de establecer cálculos y determinar la aparición de fenómenos astronómicos que se repiten en forma constante.
Hay entre las comunidades indígenas una constante observación del Universo e influencia en su vida cotidiana. Por ejemplo, la Constelación de Orión marca el inicio del Año Nuevo Purépecha, que ocurre entre el 1 y 2 de febrero, marcada por un cambio de clima. La Osa Mayor marca el inicio de las labores agrícolas, la preparación de la siembra de maíz.
Recuerda cómo su padre era capaz de saber si en la madrugada era ya la hora de levantarse, las 5:00 de la mañana, por ejemplo, a partir de la observación de las estrellas.
Y a pesar del escaso material que arrojó una búsqueda sobre el tema, en el artículo «La observación de los eclipses en el pasado prehistórico de México» (El eclipse de luna, misión científica de Felipe II en la Nueva España, Universidad de Huelva, 1998), se da cuenta de que la práctica astronómica de los pueblos prehispánicos jugó un papel fundamental en la evolución de su sociedad, gracias a la cual les fue posible desarrollar un calendario que marcaba la realización de las actividades humanas, así como tenía un sentido religioso de acercamiento con los dioses.
A partir de numerosos testimonios dejados en piedras labradas y en códices, el hombre prehispánico registró los eclipses con la expresión lingüística, cuando «el Sol o la Luna es comida o muere».
Preparémonos para este espectáculo, este 20 de febrero. |
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