Viernes 20 Noviembre de 2009
  Molinos de viento
MORELIA
Clavijero: pasado y porvenir
Políticamente, el nuevo Centro Cultural Clavijero es un legado histórico del gobierno de Lázaro Cárdenas Batel
Antonio Tenorio Adame
Martes 12 de Febrero de 2008 • Enviar nota    • Imprimir
La apertura del Centro Cultural Clavijero significa el punto de unión entre el pasado y porvenir de la historia de Michoacán.

Como obra pública es un monumento magno con la que culmina orgullosamente la administración de Lázaro Cárdenas Batel, capaz de realizar grandes tareas en beneficio de la sociedad. Un broche de oro, como una obra monumental convertida en el alfa y omega de las capacidades creativas de un pueblo.

Los logros alcanzados con el Centro Cultural Clavijero son promisorios como lo dicen los funcionarios que en él participaron. Aunque no alcanzaron a vislumbrar el personaje que brinda su nominación a tan semejante hazaña.

Clavijero es el genuino representante del pensamiento político que elaboró las ideas primarias de la Independencia de México. De tal magnitud es su obra que el rescate inmobiliario debe ser concebido como una obra del Bicentenario de la Independencia, más allá de los aciertos de su función administrativa. Sin duda, un monumento del Bicentenario.

No alcanzó, empero, tal distinción. Es de esperar que la Junta Patriótica de Michoacán realice las gestiones necesarias para merecer el sello del Bicentenario.

Los discursos introductorios en la inauguración destacaron los conceptos del gobernador Cárdenas Batel para quien: «La cultura es un eje fundamental de mi gobierno en el que el Palacio Clavijero significa mucho para creadores y michoacanos».

En los conceptos del director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Conaculta, Sergio Vela, fueron en el sentido de que «Michoacán es un estado que tiene un enorme potencial, sobre todo tiene ya una gran vida propia. Será uno de los centros privilegiados que habremos de apoyar en todos los sentidos». Al respecto ofrece la adquisición del Cine Colonial como un gran centro cultural de artes escénicas y música para vincularse con el Festival Internacional de Música de Morelia».

En tanto la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes manifestó que se trata de «un espacio histórico que pone a Michoacán a la vanguardia en la oferta de servicios culturales».

El arquitecto Ricardo Legorreta fue el encargado de la restauración del ahora Centro Cultural Clavijero, para quien el valor primordial es la contribución urbana: «Se marca la pauta para que la ciudad de Morelia siga siendo orgullo de los michoacanos y del país». En tanto el presidente municipal de Morelia, Fausto Vallejo, animaba las ventajas en la atracción del turismo cultural.

Políticamente, el nuevo Centro Cultural es un legado histórico del gobierno de Lázaro Cárdenas Batel.

Aún recuerdo aquellas memorables discusiones en el seno de la Francia Chiquita, con Martín Tavira, Guillermo Morfin, José Herrera Peña, quienes diferían casi en todo, menos en que la gran obra de la administración de Genovevo Figueroa era sin duda, la construcción del Centro Cultural Universitario, de igual dimensión es ahora la obra que transformó el lugar donde se fraguaron las ideas de la Independencia en un recinto de la exposición de la cultura.

Es buena la obra, pero requiere de la memoria de sus orígenes, he aquí algunos.

Las ideas de Clavijero

 Francisco Javier Clavijero nació en Veracruz el 6 de septiembre de 1731 y murió lejos de su patria, en Bolonia, Italia, el 2 de abril de 1787. Sus padres fueron Blas Clavijero y doña María I Echegaray.

Su formación académico religiosa transcurrió en Puebla, donde residían sus padres. Ingresó primero al Colegio de San Jerónimo, donde estudió Gramática y después, siendo muy joven, a los 16 años, asistió al Colegio de San Ignacio donde estudió Filosofía, y Teología. Fue un interesado lector de Sor Juana Inés de la Cruz.

Al ingresar a la Compañía de Jesús, en 1748, estudió a los escritores latinos para lo cual aprendió el latín, griego, hebreo, a los que sumó el conocimiento del náhuatl, junto con la comprensión del francés, el portugués, así como hablar el inglés, y el alemán sin dominarlos.

El mérito de los jesuitas fue renovar el pensamiento cultural del siglo XVIII, con el cual abrieron paso a la ilustración que daría impulso al movimiento de las ideas políticas de la independencia en la América hispana.

Las nuevas ideas de los criollos en los que se cuentan Hidalgo y Morelos con todos los insurgentes fueron abrevadas en el pensamiento de renovación de Clavijero.

Las obras significativas de Francisco Javier Clavijero son la Historia de la Baja California, escrita para desmentir las calumnias vertidas contra la Compañía de Jesús, así como la más importante de sus obras, La historia antigua de México, elaborada desde el exilio sin el material de consulta adecuado, sólo por la capacidad de reconstrucción y memoria de Clavijero fue posible. La edición original fue en italiano, después de su traducción la edición sólo fue posible en 1957, casi dos siglos después.

Las reflexiones sobre el pasado mexicano son descritas desde la grandeza del país dejando abierto un sentimiento nacional con el más puro amor patrio.

Aún faltaban algunas décadas para que surgiera el Estado mexicano libre y soberano. Pero el testimonio de Clavijero da cuenta de los valores que sostenían a la sociedad mexicana pese a las condiciones coloniales que vivía.

En el capítulo referente al «Carácter y costumbres de los mexicanos» da cuenta de los defectos y virtudes de nuestra sociedad pre-independiente, al respecto señala que «los mexicanos son por naturaleza serios, taciturnos y severos y más celosos de los delitos, que del premio de las virtudes. El desinterés y la libertad son de los principales atributos de su carácter». Bastaría con esta cita para valorar adecuadamente los trastornos sufridos en los dos siglos posteriores, ¿cómo describir a los mexicanos del 2008?

Los jóvenes respetan a los ancianos, y los hijos a sus padres, son destacados como probidades. Pero un atributo más que en una sociedad de mercado se considera un defecto, es que a los primeros mexicanos no les interesaba el oro, estaban sustraídos al poder de la competencia de la acumulación.

Y ante la indolencia frente al trabajo, Clavijero encontró una respuesta razonada: «Rehúsan el trabajo del español porque no les interesa ponerse a su servicio, de ahí la decantada pereza que se les atribuye». Enseguida dice, «no hay gente que trabaje más ni trabajo más útil y necesario que el que ellos emprenden».

La mexicanos del siglo XVIII poseían aún rasgos de la sociedad precolombina, el orden y la seguridad eran primordiales, por eso el papel de la policía según Clavijero podría superar al orden que fenicios y cartagineses encontraron al llegar a España».

Entre los defectos señalados en la Historia antigua de México, se destaca el gusto por la bebida, pulque, como que en ocasiones «media nación no acaba el día en su juicio». También la idolatría es señalada como defecto, aunque para Clavijero, ésta se corrige por medio de la educación.

Ante el pensamiento de Francisco Javier Clavijero los michoacanos han sabido mantener su fidelidad y engrandecimiento. Una prueba más.

Ecos de la «Francia Chiquita»

Aún recuerdo aquellas memorables discusiones en el seno de la Francia Chiquita, con Martín Tavira, Guillermo Morfin, José Herrera Peña, quienes diferían casi en todo, menos en que la gran obra de la administración de Genovevo Figueroa era sin duda, la construcción del Centro Cultural Universitario, de igual dimensión es ahora la obra que transformó el lugar donde se fraguaron las ideas de la Independencia en un recinto de la exposición de la cultura. ¿Se superaron las metas?




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