Jueves 24 Julio de 2014
 
MORELIA
Lázaro Cárdenas del Río: El mejor presidente del siglo XX
En los últimos años de la historia nacional (ya no muy nuestra), los mexicanos observamos que en el discurso político del Estado se nota la ausencia del pensamiento progresista y de izquierda del General Lázaro Cárdenas del Río
Rafael Mendoza Castillo
Lunes 22 de Octubre de 2007 • Enviar nota    • Imprimir

Es incuestionable que el hombre, como ser histórico, práctico y social, se propone alcanzar determinados fines, valores y objetivos en todo movimiento his-
tórico. Así, las masas trabajadoras en 1910 iniciaron una ruptura social- histórica en la estructura existente en ese momento de la sociedad mexicana. Ruptura que les permitió nuevas formas democráticas, que todavía no se consolidan en pleno siglo XXI y, consecuentemente, recuperaron la capacidad política para decidir la marcha histórica del país. Como bien lo señaló Carlos Marx: «Si el hombre es formado por las circunstancias, será necesario formar las circunstancias».
En los últimos años de la historia nacional (ya no muy nuestra), los mexicanos observamos que en el discurso político del Estado se nota la ausencia del pensamiento progresista y de izquierda del General Lázaro Cárdenas del Río.
No cabe la menor duda que el Estado mexicano, a través del gobierno, ha venido adoptando un discurso neoliberal y monetarista desde 1982, el cual alejó y aleja, de su campo de acción, a las clases subalternas que un día le dieron sustento y razón. Esto se traduce en un desplazamiento de la sociedad civil y, por ende, la instalación de una hegemonía al interior del Estado, de fuerzas conservadoras y tecnócratas, orientadas por priístas y panistas.
La crisis profunda que vive el país (moral, política, económica y social) nos obliga a la recuperación del pensamiento político más avanzado de nuestros héroes y a la construcción de un contrapoder, en donde participen fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda, para enfrentar la clara derechización del país. Esta nueva hegemonía política, desde la sociedad civil, es posible.
En este momento de contradicciones políticas y sociales, en las que el pueblo está poniendo en duda el proyecto de vida nacional que hoy impulsan las clases hegemónicas y los poderes fácticos, encabezados por las cúpulas priístas y panistas, se hace necesaria la recuperación de acciones y pensamientos de nuestros próceres, y dentro de ellas a Lázaro Cárdenas del Río, que este 19 de octubre de 2007 cumplió 37 años de muerto.
El mejor homenaje que se le puede brindar al General Lázaro Cárdenas es no utilizar su memoria en los discursos políticos retóricos, maniqueístas, llenos de simplificaciones y lugares comunes, sino manifestar en la práctica que su pensamiento político, social y cultural es vigente.
La política de los últimos gobiernos, priístas y panistas, ha venido endeudando aceleradamente al país y poniendo en grave peligro la soberanía, la independencia de la nación y las condiciones de vida de la población. Todo esto queda muy alejado del pensamiento político de Lázaro Cárdenas del Río, cuando afirma: «La autonomía política del país descansa en su plena independencia económica. Para llegar a obtener ésta cabalmente, habría que examinar objetivamente la situación en que se encuentran la finanzas y, en general, la economía del país y disponer de las armas para reiniciar su defensa con insobornable criterio nacionalista».
En los últimos años hemos visto la existencia de un monopolio sobre los medios de comunicación, especialmente Televisa y TV Azteca, quienes manejan una información enajenante, más acorde con la lógica del capital trasnacional y nacional. Todo ello, con el visto bueno del gobernante en turno.
El General Lázaro Cárdenas pensaba distinto a lo anterior: «Más grave aún que la penetración del capital norteamericano, si cabe, es la inevitable consecuencia de que para consolidar su posición extiende su influencia, como la mala hierba, hasta los centros e instituciones de cultura superior, pugnando por orientar en su servicio la enseñanza y la investigación y, asimismo, se introduce en las empresas que manejan los medios de información y comunicación, infiltrando ideas y normas de conducta tendientes a desnaturalizar la mentalidad, la idiosincrasia, los gustos y las costumbres nacionales y convertir a los mexicanos en fáciles presas de la filosofía y las ambiciones del imperialismo norteamericano».
Los últimos gobiernos, dado el modelo neoliberal que practican, han permitido que unos cuantos se enriquezcan, negando con estos hechos los postulados fundamentales, ahora olvidados por los gobiernos priístas y panistas, de la Revolución Mexicana. Este fenómeno lo veía con mucha claridad el General Lázaro Cárdenas cuando afirmó: «La concentración de la riqueza no es, por cierto, una meta de la Revolución Mexicana y, sin embargo, es necesario reconocer que es un fenómeno en proceso ascendente».
En otro orden de ideas, el General Cárdenas observó, al interior del sindicalismo oficial, que éste se alejaba cada vez más de los intereses de los trabajadores agremiados y que el Estado los ha sometido a su órbita de poder para que la explotación patronal se acelere. Por este motivo, el General habla de la inoperancia de los sindicatos: «Como organizaciones de resistencia, debido en parte al abatimiento del ejercicio de la democracia interna y, también, a la inacción de sus dirigentes».
El General Lázaro Cárdenas nunca utilizó el monopolio de la fuerza legítima del Estado, como ahora pretende el asaltante del poder, Felipe Calderón, al autonombrarse el dueño del monopolio del poder, pensando que él es el fundamento del mismo y no el pueblo, para reprimir, como en 1968 y 1971, a la juventud de México y al pueblo, antes bien el General, entendía que «el problema de la juventud es de conciencia y que si lo manifiesta en actos desesperados es por su violenta inconformidad con un mundo en que conviven, impunemente, la opulencia y los privilegios de unos cuantos». Se observa que él eligió la racionalidad y la ética de la política y nunca la política de la fuerza que hoy elige el panismo en el poder.
El pensamiento político de Lázaro Cárdenas del Río se agiganta hoy, cuando los intereses norteamericanos, económicos y financieros someten a los países latinoamericanos. Él se opuso desde su trinchera ideológica nacionalista a que esos recursos del imperialismo fueran utilizados para explotar y oprimir a los pueblos, para ejercer presiones políticas o económicas. Sus ideas avanzadas se oponían a que los pueblos se convirtieran en socios menores de los monopolios.
Nunca olvidó, porque tenía memoria histórica, a los pueblos indígenas y, en los últimos días de su vida, se quejaba de que aún vivían y viven en un estado de atraso y de abandono y que continúan siendo objeto de explotación.
Murió pensando que la Revolución Mexicana no reñía con el socialismo. Que la educación debe corresponder a las necesidades del desarrollo independiente y acabar con el burocratismo de las organizaciones campesinas.
Así, por su convicción revolucionaria, por su amor a los mexicanos, a su país, al mundo, a la humanidad, el General Cárdenas pensó que deberíamos cambiar a la sociedad que ha legitimado la desigualdad y la injusticia.
Deseo terminar estas palabras con un pensamiento más de Lázaro Cárdenas del Río: «No los olvidaré, al menos mi tiempo tengo para darles».

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