Qué curioso. Hace apenas unas semanas, Televisa, TV Azteca y sus medios subsidiarios en la televisión, la radio y la prensa mexicanas, así como otras transnacionales de la comunicación como CNN, se rasgaban las vestiduras por lo que calificaron como «ataque a la libertad de expresión y de información», cuando el gobierno venezolano ejerció su legítimo derecho de revocar la concesión a Radio Caracas Televisión, una cadena de televisión privada que forma parte de Empresas IBC.
No hemos visto la misma airada reacción por la inminente desaparición de Radio Monitor, dirigida por el periodista José Gutiérrez Vivó, quien el viernes pasado anunció la salida del aire del noticiario radiofónico que transmitía en las frecuencias 1320 y 1560 de Amplitud Modulada (AM), debido a «la insolvencia económica de la empresa originada por un bloqueo publicitario impuesto desde el gobierno de Vicente Fox, que se ha mantenido durante el de Felipe Calderón», según afirmó el periodista.
Mucho menos aún ha habido preocupación alguna por los ataques que han sufrido ininterrumpidamente las radios comunitarias en todo el país, o los medios alternativos de comunicación como la reciente agresión a Regeneración Radio, que transmite desde el CCH Vallejo, cuyos integrantes han sido amenazados por la directora del plantel con «meterlos a la cárcel» por el delito de formar parte de La otra campaña y difundir otra información.
Según afirma Aleida Calleja, representante de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias de México (Amarc-México), en un artículo publicado en Internet por la Revista Mexicana de Comunicación, aunque «con pocas posibilidades de permanencia, las radios comunitarias existen en México desde hace 30 años, con distintos objetivos, desde el modelo utilizado para la alfabetización en zonas rurales, como en el Valle del Mezquital, Hidalgo, hasta las emisoras que reivindicaban posturas políticas para la democracia en nuestro país, como Radio Pirata y Televerdad, que tuvieron corta vida».
El periodista español David Carracedo acaba de publicar un amplio informe, en el que muestra que en años recientes 293 medios de todo el mundo sufrieron clausura, revocación o no renovación de sus licencias: 77 emisoras de televisión y 159 radios en 21 países. Sólo en Colombia, 76 radios comunitarias fueron clausuradas. En marzo de este año, TeleAsturias (España) vio revocada su onda de transmisión por motivos técnicos. Nada de esto provocó la protesta mundial de los grandes consorcios transnacionales de la comunicación.
No es de extrañar, sin embargo, esta diferencia en el trato hacia uno u otro caso. Para la derecha y sus voceros, no es lo mismo que desaparezca un medio de (des) información como Radio Caracas Televisión que durante más de 40 años ha fungido como paladín de sus intereses en Venezuela; a que desaparezca otro medio que, si bien en el caso de Monitor, no se trataba precisamente de un medio democrático o alternativo, trataba por lo menos en ocasiones de dar voz a diferentes visiones en el espectro político y social.
El poder de los medios de comunicación (los massmedia, como se les conoce en la actualidad), ha ido creciendo desmesuradamente desde la primera mitad del siglo XX, cuando ya Guy Debord, creador del situacionismo, en lo que llamó «la sociedad del espectáculo», condenaba la erosión de las relaciones sociales auténticas, por el «espectáculo» del consumismo de la cultura de masas. «Debord sostenía que, en complicidad con el crecimiento de unos medios de comunicación de masas unilaterales y aparentemente inexpugnables, la moderna sociedad capitalista funcionaba mediante la sustitución de las experiencias y relaciones experimentadas directamente por imágenes aisladas, mediadas e ilusorias.» (Darley, 2002).
En la década de los 80 se hablaba del «cuarto poder» para referirse a la importancia que estaba cobrando la prensa. Hoy sin embargo, ha rebasado ya todo lo previsible en esos años convirtiéndose en el poder por antonomacia. Para decirlo con palabras del filósofo Enrique Dussel «contemplamos una mediocracia (el «poder» de los «medios de comunicación») que no sólo se sitúan sobre el Estado, sino también sobre la comunidad política misma. De los tres términos del espectro comunicativo (el Estado, la comunidad política y los medios de comunicación) estos últimos han sojuzgado a los otros dos, en nombre del «derecho a la libertad de prensa».
Los medios de comunicación por su poder de penetración en cada casa (la mayoría de los habitantes en el campo y en las en las ciudades cuentan con un aparato de televisión o por lo menos con una radio), se han convertido en instrumento de la derecha para imponer su ideología y su estilo de vida. Utilizan el espectáculo para adormecer las conciencias y desviar la atención de los verdaderos problemas que enfrentamos diariamente como ciudadanos explotados. Como ejemplo basta un botón. Las dos grandes televisoras que monopolizan la «información» en México, están tratando de imponer el «yo amo al futbol» como un valor, por encima de los verdaderos valores éticos que debieran normar nuestra vida.
El derecho a la libertad de expresión y de información está muy por encima del poder económico de los más poderosos medios de la ultraderecha para crear opinión. Por eso es tan importante que la otra información, la información de los medios alternativos de comunicación, la información crítica y veraz fluya, que llegue a todos los rincones de nuestro país para poder contrarrestar «la sociedad del espectáculo».
Por eso también el Colectivo Utopía de La otra campaña Morelia, envía una felicitación al diario Cambio de Michoacán, por sus primeros quince años de vida ofreciendo a contracorriente un espacio para la información crítica. Nuestro más sincero agradecimiento por la hospitalidad que nos ha brindado durante más de diez años.