Viernes 18 Abril de 2014
  PRESENTACIÓN
Zitácuaro
Otomí, cultura de arraigo
El libro Estudio de Ziráhuato, Oriente de Michoacán, busca rescatar el legado indígena
Ricardo Rojas Rodríguez
Martes 15 de Mayo de 2007 • Enviar nota    • Imprimir

Atrapada entre el pasado y el presente, la comunidad indígena de Ziráhuato se niega a abandonar del todo su tradición otomí, aunque tampoco se ha ubicado en la modernidad, porque padece rezagos que no le permiten alcanzar su pleno desarrollo.

Por ejemplo, a pesar de ser la segunda localidad más poblada del municipio de Zitácuaro, después de la cabecera municipal, no cuenta con agua potable. Ésta, dicen sus propios habitantes, es una de las peticiones que siempre hacen a autoridades y políticos, pero siempre los han ignorado.

Lo anterior quedó de manifiesto en el libro Estudio de Ziráhuato, Oriente de Michoacán. El documento, elaborado por el profesor Armando Soto Huerta y el campesino indígena Abel Martínez, fue presentado en la iglesia de la comunidad, llena de habitantes de esta tenencia.

Sin apoyo de autoridad alguna, pero sí con el respaldo de los habitantes de esta localidad, el libro tiene como finalidad el rescatar las tradiciones; al mismo tiempo llamar la atención de los gobernantes sobre las carencias ancestrales que se padecen.

Bajo la premisa de que rescatar las tradiciones no es retroceder, sino recobrar la identidad propia, los autores buscaron «su» pasado en diversas partes de la República. A pie o a caballo llegaron a otras comunidades hermanas en Puebla, Veracruz, Hidalgo, para «buscar a los hermanos indígenas y ubicar su sentir».

Abel Martínez, el coautor del libro, dijo que al principio, cuando dijeron que harían la monografía «decían que estábamos locos, que no íbamos a poder hacer nada. Fue mucho sacrificio, pero aquí está».

Por su parte, el profesor Armando Soto deseó que la monografía «sirva como documento a la población. Está incompleto, pero es una base, una línea de investigación».

Los otomíes de Ziráhuato

El libro habla de los deseos, tradiciones y problemas que enfrentan los indígenas de esta comunidad, siempre desde su perspectiva. Por ejemplo, reconocen que su lengua materna casi se ha perdido. Sólo 415 de los más de tres mil habitantes de la comunidad hablan aún el ñañú.

La lengua

Comentan que en el pasado fue el mismo gobierno el que se encargó de aniquilar su lengua: «Muchos profesores obligaron a los niños a hablar el español. Los niños no querían ir a la escuela, porque los maestros se enojaban con ellos si hablaban su lengua y los demás niños se burlaban».

El agua

El agua, el principal problema de la comunidad. «Llega sucia y lodosa a las casas. Así que la primera se utiliza para regar las plantas y la demás, para la cocina. No es potable, porque se toma del río y aguas arriba hay gente que lava ahí».

La crianza

Los niños otomíes pasan los primeros años con su madre «ella les enseña a hablar y las costumbres. Desde los cinco años le toca al padre continuar con el aprendizaje: él les enseña ‘castilla’ y a trabajar».

La luna

Las mujeres que fallecen de parto y los niños que nacen muertos, dicen los otomíes, van a la Luna.

Pero, dicen, la Luna es un lugar de tristeza, no es bueno.

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