Viernes 31 Octubre de 2014
 
Mariana, misteriosa
Jessica Martínez Chio
Martes 3 de Abril de 2007 • Enviar nota    • Imprimir

El mundo mágico de los paisajes carreteros, así como de los pequeños pueblos con los que cuenta nuestro estado, funda su principal riqueza en aquellas particulares historias que marcan un lugar por el resto de su existencia. Sin saber si son ciertas o no, al escucharlas nos trasladan a aquellas vivencias que los más viejos de sus habitantes suelen contarnos como vividas. Estamos hablando de las leyendas surgidas en los pueblos y regiones michoacanas, en este caso, en particular, de las leyendas más importantes del Cerro de Mariana, el cual en alguna ocasión fue víctima de los enfermos celos paternos por proteger a una pequeña jovencita con este nombre, celos que, a decir de los vecinos, acabó con los habitantes de dicho lugar.

Y es que viajando por las cálidas regiones del sur de Michoacán, pasando por los pequeños pueblos de Nocupétaro y Carácuaro, los cuales aún parecen tener penetrada la presencia del modesto cura que llegó a ser el generalísimo Morelos, se tendrá que atravesar el camino conocido como Loma Larga, en donde desde cualquier punto se admira la imponencia del maravilloso Cerro de Mariana, una maravilla verdosa que muestra no sólo lo grandiosa que puede ser la naturaleza, sino toda la magia que hay detrás de las diversas leyendas que cuentan la historia de la pequeña Mariana.

Según Eloy García, versador, cronista y cuentero -además de agricultor- avecinado en la sierra de Tacámbaro, se cuenta que en el Valle de Nocupétaro habitó, en alguna lejana época, el rey de los Chichimecas y Nahuatlacas, llamado Campincherán, quien vivía en una edificación gigantesca y rica ubicada en medio del valle. Este señor contaba con un duro carácter marcado por sus celos y tenía una sola hija llamada Marili, quien supuestamente contaba con una hermosura coronada por su preciosa cabellera que le cubría hasta sus tobillos.

Un día el rey se encontraba próximo a asistir a una reunión con sus colegas los mexicas y los señores aztecas, y no sabía qué hacer con su hija mientras él estuviera fuera, ya que dudaba en llevarla consigo por miedo a que alguno de sus colegas pudiera enamorarla. Fue por esto que, no teniendo otra opción, buscó a su amigo el Satán, quien en otras ocasiones le había auxiliado.

Como era de esperarse, y ante la belleza de la joven muchacha, el Satán no pudo decir que no a la petición del celoso padre que le pedía la cuidara y protegiera de los hombres durante su ausencia. El rey se fue confiado dejando sus pertenencias, entre ellas la joven heredera, en manos del diabólico espíritu de aquel cornudo personaje, quien se comprometió a cuidarla sin haberle pedido permiso a sus superiores para hacerlo. Al retirarse Campincherán, la preciosa dama pidió al Satán que se casara con ella: «Por los celos de mi padre nunca he conocido a ningún novio, ni siquiera un amigo. Ahora que él no se encuentra yo me siento enamoradísima y te ruego les pidas a tus superiores te dejen casar conmigo».

El joven diablo corrió a poner piedras y lodo encima de las pertenencias que el rey le había encargado, esto, buscando protegerlas, y recostando a la muchacha encima de aquella pequeña montaña, solicitándole que no se moviera de ahí hasta su regreso. Cuando el diablo llegó con su superior, el diablo mayor, lo único que consiguió fue una paliza porque jamás permitiría que un diablo tuviera un suegro tan celoso como lo era Campincherán, y lo encerró bajo custodia para evitar que cometiera esa locura, razón por la cual nunca más volvió al lado de su princesa. Las piedras y el lodo que puso encima se convirtieron en lo que hoy es el Cerro de Mariana, quien sigue recostada esperando a su único amor para casarse, convertida en la verde naturaleza que muestra el cerro. En cuanto al padre, se cuenta que se volvió loco, convirtiéndose en un fuerte ventarrón que rodea el cerro en busca de su hija perdida.

Por otro lado, Felipe E. Calvillo cuenta que un humilde indígena de Nocupétaro sostiene la versión de que en tiempos muy lejanos llegó al lugar la comarca del rico español Antonio X, quien como principal tesoro tenía una hija adolescente, la hermosísima y angelical Mariana, quien se enamoró de un apuesto doncel indio, viril y energético, resto de pasadas grandezas tarascas.

Pero don Antonio no podía consentir el perder su gran tesoro, por lo que un 2 de mayo subió al cerro en donde se encontró al diablo y con un grito desesperado aseguró: «¡Primero muerta Mariana, y todos los que me rodean, que ella de hombre alguno…!», el demonio aseguró recoger ese grito y la insistencia de don Antonio para evitar que Mariana se casara.

Al día siguiente, durante la Fiesta de la Santa Cruz, el novio de Mariana le ofrendó a la hermosa jovencita una pequeña cruz fabricada con el oro de sus antepasados como símbolo de la unión de una raza heroica con otra raza de talento y nobleza sin igual. En ese instante se produjo un cataclismo espantoso; el cerro se desgajaba en moles inmensas, una atmósfera de fuego invadió el ambiente haciendo que la vida cesara en un instante en muchas leguas a lo redondo. El diablo había cumplido la petición del celoso padre, «antes muertos que ver a Mariana casada». Se cuenta que sólo algunos de los habitantes salieron con vida para transmitir de generación en generación la noticia de este suceso tan raro y formidable.

Hasta hoy se pueden ver los restos de la finca en la meseta del Cerro de San Antonio, que también lleva el nombre de Mariana, y se cuenta que cada 3 de mayo, en la fiesta de la Santa Cruz, se aparece una joven hermosísima entonando una triste canción y besando una pequeña cruz de oro que cuelga de su pecho.

Existe una tercera historia contada por Nicanor Strozzi, quien asegura que después de aquel cataclismo Mariana regresa cada 3 de mayo para enamorar a algún ingenuo lugareño, quien hace caso a un sinfín de peticiones por parte de la princesa para conseguir su amor, y concluyendo los favores solicitados por la joven, la ve convertida en serpiente que busca ingresar a la tumba donde fue enterrada Mariana en el momento de su muerte.

Nadie sabe si es verdad que Mariana regresa cada 3 de mayo o no, es más ni siquiera sabemos si realmente existió, lo que sí sabemos es que este tipo de historias se mantienen vivas gracias a la creencia en la magia que tienen los lugareños de estos lugares, magia que nos traslada a conocer vivencias que no necesariamente son reales pero que las adoptamos como nuestras y que dejarán siempre en nuestras memorias la duda sobre el verdadero origen del Cerro de Mariana.

Cabe señalar que estas leyendas fueron extraídas del libro Leyendas del Cerro de Mariana, ilustrado por el pintor Dionisio Pascoe, quien fue acreedor de una beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Michoacán en el 2000 y 2001, bajo el compromiso de ilustrar esta leyenda terracalenteño.

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