Jueves 27 Noviembre de 2014
 
MORELIA
La educación básica: el balance foxista
El Programa de Escuelas de Calidad es altamente excluyente, pues la mayoría de los niños y jóvenes de educación básica está fuera de él
Juan Pérez Medina
Jueves 4 de Enero de 2007 • Enviar nota    • Imprimir

Los planteamientos y acciones realizadas por el gobierno derechista de Vicente Fox en materia de educación son una continuidad de los que se han desarrollado
con anterioridad, desde el sexenio de Miguel de la Madrid y que han seguido el curso de la visión neoliberal que le ha impuesto al mundo la burguesía mediante sus órganos encargados. Las concepciones del mercado no sólo se han mantenido, sino que se han profundizado, bajo la égida de la modernidad.
La educación para competir. La necesidad de educarse para ser competitivos. La urgencia de que los más rezagados alcancen la certificación primaria de la educación básica y universalmente reconocida, cuya ventaja ante los empleadores y, sobre todo, ante los inversionistas da garantías mínimas para quienes desde el ámbito de la periferia requieren de recursos crecientes para mantener y desarrollar el mercado a favor de las matrices. Pero sobre todo para generar la aceptación de una forma de entender el desarrollo: el de la competencia feroz.
Podría afirmarse que el Plan Nacional de Educación del foxismo se dedicó en todo momento a atender con atingencia lo que se planteó realizar en los seis años, aunque no podríamos decir lo mismo acerca de lo eficaz de sus acciones.
Para atender el rezago se orientó la atención hacia regiones y comunidades focalizadas a donde se destinaron recursos importantes pero insuficientes, que no sólo no alcanzaron a coberturar a los demandantes totales, sino que los desarraigó de sus lugares de origen y, de igual manera, se les intentó generar una visión del mundo ajena a su cultura y valores. Es decir: junto con los recursos, también llegó el avasallamiento del mercado, como la única vía para incorporarse a la modernidad y al progreso del país. Para el gobierno de Fox, salir del rezago implica ingresar al mercado, porque sin mercado no hay modernidad.
En el caso de la educación básica, por ejemplo, se estableció el programa de Escuelas de Calidad, cuya inversión desde el inicio de su puesta en marcha fue severamente cuestionado, al establecer un prototipo de escuela bajo condiciones de desarrollo por encima de las demás, pero con la visión gerencial de los neoliberales, donde el corazón de la gestión educativa era el mercado mismo. Se trata de escuelas que están en constante competencia entre sí y con las demás por recursos económicos, bajo presiones permanentes. Los padres de familia tienen que aportar o conseguir recursos para lograr que la escuela permanezca en el programa y siga recibiendo dinero del gobierno federal. Es de alguna manera una forma de subvención o privatización.
Más de 30 mil escuelas fueron incorporadas al programa desde 2001 y hasta el 2006, sin que hasta el momento esté claro cuál ha sido la ventaja con respecto a las demás. El programa de Escuelas de Calidad es altamente excluyente, pues la mayoría de los niños y jóvenes de educación básica están fuera de él, ya que existen en el país más de 218 mil escuelas. De los más de 25 millones de alumnos que se encuentran cursando de preescolar a secundaria sólo 6.6 millones están en el programa mencionado.
Vicente Fox concluyó su mandato sin haber cumplido su ofrecimiento de campaña y, posteriormente, su obligación legal de otorgar un presupuesto creciente a los sectores de educación y ciencia y tecnología; es decir, conforme a lo dispuesto en el artículo 25 de la Ley General de Educación que establece destinar recursos equivalentes al ocho por ciento del PIB en este rubro para 2006; y a lo dispuesto en el artículo 9 BIS de la Ley de Ciencia y Tecnología, que estipula destinar el uno por ciento del PIB a este sector.
De acuerdo con el VI Informe de Gobierno, los recursos estimados para el cierre de 2006 alcanzarán apenas el 7.1 por ciento del PIB, incluyendo los recursos del sector privado que ya suman el 1.66 por ciento, y el de las entidades federativas que aumentó en este sexenio casi el cien por ciento, al pasar de 52 mil 030.4 miles de millones de pesos en el año 2000 a 103 mil 094.4 en el 2006. En términos reales, el gasto ejercido por la Federación en el último año de gobierno apenas alcanzó el 4.23 por ciento del PIB, muy lejos de lo que la ley ordena.
Otra característica del gobierno foxista ha sido su marcada tendencia hacia la privatización de los derechos sociales, entre ellos la educación; pues mientras el presupuesto educativo creció en su sexenio apenas un 39.5 por ciento, la inversión privada aumentó en el mismo lapso cerca del cien por ciento al pasar de 76 mil 616. 8 millones de pesos en el año 2000 a 145 mil 781.1 millones en el año de 2006, y eso sin contar las aportaciones cada vez más onerosas que realizan los padres de familia en todas las escuelas del país.
En cuanto al costo por alumno, en educación básica los datos aportados por la SEP son poco alentadores, pues mientras en el año 2000 un alumno de primaria costaba al año 6.9 miles de pesos, seis años después apenas había alcanzado los diez mil; lo que significó un incremento nominal de 39 pesos mensuales sin descontar la inflación e incluyendo las aportaciones del programa de becas Oportunidades y los recursos del Programa Escuelas de Calidad, que apenas coberturan a una población escolar cercana al 26 por ciento del total; situándose muy por debajo de los países miembros de la OCDE, cuyo promedio de gasto por alumno alcanza los 53 mil pesos anuales.
Los docentes en general tuvieron un mal sexenio con la derecha panista en relación a la mejora de las percepciones salariales. Del 2000 al 2006 el salario básico de los maestros pasó de 4.03 a 4.60 salarios mínimos generales5, lo que significó un incremento en términos reales de apenas 0.57 salarios mínimos en seis años, equivalente a 22.50 pesos en promedio. Comparados con las percepciones de los docentes de los países de la OCDE, los maestros mexicanos realizan su labor en condiciones de precariedad evidentes, pues mientras el salario base del docente de educación básica en nuestro país es de seis mil 200 pesos mensuales, en Estados Unidos es de más de 25 mil y en España de más de 20 mil pesos.
Los resultados educativos, a pesar de los datos presentados en el último Informe de Gobierno, no son alentadores, por el contrario, podrían presentarse como un fracaso. De acuerdo con los datos de la evaluación realizada por PISA, los alumnos mexicanos (después de 30 años de neoliberalismo y más de 20 de aplicación del modelo educativo neoliberal) muestran un rezago enorme con respecto a otros países de la OCDE. Tan sólo en el área de matemáticas, mientras que la media en cuanto al porcentaje de alumnos de competencia elevada, en el año de 2003, fue de 14.7, en nuestro país fue apenas de 0.4 por ciento6, con lo que se demuestra el tamaño del fracaso en cuanto a la enunciada estrategia gubernamental en la materia, acerca de la tan manoseada búsqueda de la «calidad». Lo anterior hecha por tierra los datos presentados por la derecha en su primer gobierno sexenal y los presenta más como una justificación que como un verdadero logro.
A pesar de lo evidente de los resultados educativos, el gobierno no reconoce el fracaso de su estrategia, cuando por otro lado intenta endosar a los maestros la factura de sus magros alcances.
Efectivamente, los docentes que en el discurso son ensalzados como el factor principal para emprender y realizar la reforma educativa neoliberal, al mismo tiempo son acusados de ser la principal dificultad para implementarla. Según los expertos orgánicos institucionales, la experiencia y la historia de los maestros representan un lastre que les impide adecuarse a los requerimientos de la competitividad y la eficacia/eficiencia de la enseñanza. Lo que el SNTE llamó hace ya más de dos décadas «el perfil del desempeño» no es otra cosa que la exigencia del capital para que los docentes se «profesionalicen» y acepten (por las buenas o por obligación) la permanente «actualización», como mecanismo para inducir la nueva visión educativa y establecer en cada uno de ellos su nuevo rol de «administradores» de paquetes pedagógicos elaborados por los «expertos» de la SEP y las editoriales. Con ello, el docente pierde cotidianamente la posibilidad de opinar y decidir sobre objetivos, contenidos, metodología; y no se diga acerca de la sola expectativa de generar espacios colectivos de reflexión sobre su propia práctica. Eso explica y justifica la creación y permanencia del Pronap y el programa de Carrera Magisterial; desde donde se pretende fundamentar la exigencia para garantizar la asistencia a los cursos oficiales por la incapacidad y obsolescencia de los saberes de maestros y profesores. «El currículo oculto de esta propuesta parece bien distinto: sumergir a los docentes en una vertiginosa dinámica de pluriempleo y capacitación sin tiempo para respirar, dormir, estudiar y menos aún pensar constituye el más efectivo reaseguro para descalificar la tarea de enseñar».

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