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Un esqueleto de 3.3 millones de años aporta nuevas huellas sobre los primeros humanos que incursionaron en la Tierra, lo que para los investigadores se convierte en otra veta para estudiar y establecer los orígenes de la especie humana, si se toma en cuenta que el esqueleto de cría de homínido más antiguo que se conocía hasta ahora es de un neandertal de hace 300 mil años.
Selam (que significa Paz), como se han bautizado los vestigios, arrojan para los especialistas datos morfológicos respecto a cómo eran los antepasados del hombre. «La niña, de unos tres años, tenía el morro alargado y la nariz chata; ya sabía andar y lo hacía sobre las dos piernas, aunque con sus largos brazos sería muy ágil también colgándose y balanceándose por las ramas de los árboles», refiere sobre el hallazgo Alicia Rivera en El País, el pasado domingo 24 de septiembre.
Los científicos que encontraron el esqueleto de Selam en la zona de Dikika (Etiopía), aún no logran precisar las condiciones en las que se dio la muerte de la pequeña parecida a un chimpancé, «con algún rastreo de gorila», pero ya con características humanas. Una inundación o el crecimiento del río, podrían haber sido la causa que arrastró el cuerpo de Selam, localizada en lo que ahora es un desierto pero que hace más de 3 millones de años ofrecía un aspecto diferente: Tenía un arbolado poco denso, con claros de hierba y transcurría un lago o el delta de un río, de acuerdo con el equipo de Zeresenay Alemseged, el científico etiope que encabeza al equipo descubridor.
«Lo completo que está (el esqueleto de Selam), por su antigüedad y su edad de muerte, todo ello combinado, hace que éste sea un descubrimiento sin precedentes en la historia de la paleoantropología», ponderó Alemseged, quien labora en el Instituto Max Planck de Alemania.
Alemseged indica que fue en diciembre de 2000 cuando fue descubierta Selam. Buscadores de fósiles exploraban una ladera en Dikika cuando uno de ellos vio un pequeño cráneo asomando en un bloque de piedra, para después dedicarse a encontrar tgodos los huesos posibles. Cinco años después, en el laboratorio los restos fueron liberados del sedimento que los cubría.
«El tesoro es este esqueleto de la niña, muy completo, con el cráneo, casi todos los dientes, parte de las extremidades, manos y pies, costillas, huesos de la espalda y vértebras. Falta la pelvis y parte de las piernas», documenta Rivera, quien advierte: «Selam acaba de llegar al mundo de la paleontología, pero va a dar mucha guerra en el futuro, como cualquier niña de tres años».
Trascendencia
Rivera refiere en su artículo que «curiosamente, de la misma especie de Selam, y también hembra, es uno de los esqueletos más emblemáticos del registro de la evolución humana: Lucy, una A. afarensis hallada en 1974 a poca distancia de donde estaba esta Niña de Dikika. Los más imaginativos pueden verlas como madre e hija, sólo que Selma vivió unos 150 mil años antes que Lucy. El macho de la especie mediría en torno a 1.30 metros, mientras que Lucy superaba el metro por poco».
Sobre la trascendencia del hallazgo, Donald Johanson, codescubridor de Lucy, señala: «Sin duda (la Niña de Dikika) es el descubrimiento más interesante que hemos hecho en el siglo XXI».
Los homínidos en la zona de Dikika se alimentarían de frutas y algunos vegetales duros. «Tal vez comían algún animal pequeño, pero no eran cazadores ni carroñeros, ni específicamente carnívoros. Los hipopótamos y cocodrilos cuyos restos han aparecido en Dikika no eran parte de su dieta», plantea Rivera.
Características
El cerebro de Selam sería de entre 275 y 330 centímetros cúbicos; de adulta habría alcanzado los 400, frente a los mil 350 centímetros cúbicos de los humanos actuales.
«Por sus brazos y piernas, dedos y huesos de la espalda, los científicos deducen que los congéneres de Selam trepaban cómodamente por los árboles, y que esos rasgos no eran mera herencia inútil de sus antepasados más simiescos. Pero los A. afarensis también caminaban con dos piernas, y de esto tenían ya pruebas los paleontólogos, incluido el más antiguo rastro de homínidos bípedos: las huellas de Laetoli (Tanzania) que dos o tres individuos de la misma especie que Selam y Lucy dejaron en cenizas de un volcán, posteriormente petrificadas».
Rivera refiere que «entre las novedades que aporta la Niña de Dikika, los especialistas destacan el excepcionalmente conservado hueso de la garganta hiodes, que puede dar pistas sobre los sonidos que estos homínidos producirían, seguramente parecidos a los de los chimpancés»./Por la edición, Raúl López Téllez.
En contra del eslabón perdido
«Los científicos rechazan la idea del eslabón perdido al hablar de evolución, porque saben que no fue una única especie la que concentró la transición entre un organismo arcaico (el mono) y uno moderno (el hombre), sino que a lo largo de millones de años fueron acumulándose y perdiéndose mutaciones en diferentes especies, cambios que desembocaron en los humanos actuales hace unos 200 mil años. Es mejor hablar de antepasados comunes, y el último entre la línea del hombre y la del chimpancé viviría hace más de seis millones de años. Pero Selam y Lucy ilustran otra encrucijada importante en la historia evolutiva, ya que, para la inmensa mayoría de los científicos, los A. afarensis serían la especie a partir de la cual la evolución siguió, por un lado, hacia el Homo sapiens, y por otro, hacia homínidos diferentes que se extinguieron»./Alicia Rivera |