Martes 16 Septiembre de 2014
 
MORELIA
Morelos, Siervo de la Nación
Fue el 14 de septiembre de 1813 que Morelos suscribió en Chilpancingo, Guerrero, los Sentimientos de la Nación, uno de los documentos de mayor importancia para la historia constitucional de México
Eduardo Garibay Mares
Viernes 29 de Septiembre de 2006 • Enviar nota    • Imprimir

La fama de Morelos no es producción imaginaria del mexicano, ni una falsa gloria forjada por la leyenda nacional, es algo fuerte como el bien e imperecedero como la verdad.
Isidro Fabela Alfaro


Para honrar la memoria del Generalísimo del Ejército Independentista mexicano, Don José Maria Morelos y Pavón, hijo de Juana Pavón y Manuel
Morelos, nada supera a la difusión de su obra Sentimientos de la nación, donde demostró su dimensión política e ideológica, de características profundamente americanas.
Fue el 14 de septiembre de 1813 que Morelos suscribió en Chilpancingo, Guerrero, los Sentimientos de la nación, uno de los documentos de mayor importancia para la historia constitucional de México, cuya esencia fue toral para la Constitución de Apatzingán de 1814, primer Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana elaborado por el Congreso Constituyente de Anáhuac, puesto que en él expresó sus ideas sobre principios de libertad e igualdad que deberían regir al Estado, como son: Primero, que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones; segundo, que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra; tercero, que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los diezmos y primicias, y el pueblo no tenga que pagar más obvenciones que las de su devoción y ofrenda; cuarto, que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los obispos y los curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: Mateo, capítulo XV, versículo 13.
Quinto, que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias en igualdad de números; sexto, que los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos; séptimo, que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose, saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos; octavo, la dotación de los vocales será una renta suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de 8,000 pesos; noveno, que los empleos sólo los americanos los obtengan; décimo, que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir y libres de toda sospecha; undécimo, que los estados mudan costumbres y, por consiguiente, la patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el gobierno, abatiendo el tiránico, substituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tanto se ha declarado contra nuestra patria.
Duodécimo, que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto; décimo tercero, que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; y que éstos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio; décimo cuarto, que para dictar una ley se haga junta de sabios en el número posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieran resultarles; décimo quinto, que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud; décimo sexto, que nuestros puertos se franqueen a las naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al reino por más amigos que sean, y sólo habrá puertos señalados para el efecto prohibiendo el desembarque en todos los demás, señalando el diez por ciento.
Décimo séptimo, que a cada uno se le guarden sus propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado, señalando penas a los infractores; décimo octavo, que en la nueva legislación no se admita la tortura; décimo noveno, que en la misma se establezca por Ley Constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual; vigésimo, que las tropas extranjeras o de otro reino no pisen nuestro suelo, y si fuera en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta; vigésimo primero, que no se hagan expediciones fuera de los límites del reino, especialmente ultramarinas; pero se autorizan las que no son de esta clase para propagar la fe a nuestros hermanos de tierradentro; y vigésimo segundo, que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que nos agobian y se señale a cada individuo un cinco por ciento de semillas y demás efectos u otra carga igual, ligera, que no oprima tanto, como la alcabala, el estanco, el tributo y otros; pues con esta ligera contribución y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.
Oda a Morelos
Igual, para rememorarlo, vale compartir la composición poética de quien esto escribe, inspirada en la vida y obra del insurgente: Fue el 1765, año de prez que a México dio gloria, y el 30 de septiembre es aquel día, que Michoacán celebra en su memoria. Y fue Valladolid, ilustre cuna, tierra que vio nacer al que fue el hombre, quien por la libertad cambió su vida, y en recuerdo de él, tomó su nombre. Unes, Morelia, razas y culturas y en ti el valor del mexicano impera, pues Michoacán es guía de pensadores y origen y guardián de mi bandera. Llegado el día se cumplió su sino, desde el inicio de la insurrección, el Cura Hidalgo fue, quien su camino, le señaló a Morelos, que veía surgir al fin la luz de la razón. Con pocos hombres comenzó la lucha, pero todos ansiaban ya el momento, y después fueron miles, mexicanos, valientes hombres bajo el firmamento. Miles y miles son desconocidos, cual las estrellas que el cielo engalana, y a todos ellos México venera, porque así nuestra sangre lo reclama. Acapulco, Oaxaca y más lugares, que lo vieron luchar bien y valiente, hombre primero entre hombres ejemplares, real gloria de su patria y de su gente. Sitio de Cuautla, donde demostrara, su realidad palpable, su hidalguía, al poner en relieve la grandeza, de lo que es en verdad la patria mía.
Tenaz luchó al empuñar su espada, por los nativos de este continente, y declaró nación independiente, y libertó a la gente esclavizada. México entero se cimbró a su acento, rugía el cañón vibrante y estruendoso, dolor y muerte, más, al pensamiento republicano, se llenó de gozo. Imperio, tu poder, se desbarata, mi patria, su valor, te lo reclama, y tiembla porque es hoy, y no mañana, que vuelve por lo suyo, y porque puede, porque lo quiere así, te lo arrebata. José María Morelos, combatiente, que con sus hechos trascendió la historia, por ser nicolaita, fue insurgente, y así a la raza nativa redimió, logrando por su patria, la victoria. Página de dolor en nuestra historia, de luto nacional, en que se escribe, cuando murió quien nos cubrió de gloria, aunque en el corazón de todos, vive. El mes, diciembre, 22 el día, de 1815 el año en que él, en San Cristóbal de Ecatepec unió, en su trance, los óleos y el laurel. Morelos, general, hombre sincero, que puso como escudo el corazón, hombre sin paralelo, verdadero, que Siervo, se llamó, de la nación. Estadista, humano, extraordinario, triunfador, sabio y sin igual guerrero, de todos los caudillos insurgentes, Morelos, grande, entre los valientes, eres para nosotros, el primero. Ni más ni menos.

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