Miércoles 1 Octubre de 2014
 
MORELIA
AMLO y los adjetivos
Alejandro Vázquez Cárdenas
Miércoles 21 de Junio de 2006 • Enviar nota    • Imprimir

Los adjetivos en gramática son la parte de la oración que acompaña al sustantivo para calificarlo o determinarlo. El adjetivo calificativo expresa una cualidad o
característica del sustantivo al que acompaña o con el que se relaciona. Obviamente un adjetivo no es por sí mismo un argumento de nada, por más que muchos articulistas lo utilicen para «argumentar» cuando no se dispone de razones. Los adjetivos son útiles para fijar o enunciar una determinada característica, nada más, y cuando se abusa de ellos o cuando por todo argumento se lanzan cataratas de adjetivos podemos afirmar que la discusión ya abandonó el terreno de lo racional. En esos casos sólo son un recurso retórico barato y sirven únicamente como desahogo al articulista, sin aportar nada a los planteamientos.
En política los adjetivos son frecuentes en cualquier discurso, ya sea el de un político de medio pelo o el de un encumbrado funcionario, y es en época electoral cuando la utilización de los mismos llega a cifras astronómicas. Un ejemplo más que evidente lo vemos con el abanderado perredista Sr. López O., personaje que tiene la virtud de polarizar las filias y fobias sobre sí. No hay medias tintas, o causa gran admiración, rayana en ciega idolatría o genera extrema repulsión. Ambos extremos sin matices.
Revisando a una buena cantidad de columnistas, analistas y periodistas que están convencidos del peligro que representa este Mesías, podemos encontrar un diluvio de adjetivos, los más de ellos francamente agresivos y todos bastante descriptivos. En un apretado resumen encontramos los siguientes: Utópico, intolerante, demagogo, populista, mesiánico, intransigente, fósil, mentiroso, violador de la ley, autoritario, político astuto pero poco inteligente, contradictorio, resentido social, hipócrita, aspirante a mártir, ignorante, megalomaniaco que se cree la reencarnación de Benito Juárez y que le gusta compararse con Madero y últimamente hasta con Jesucristo, agitador peligroso, que padece conveniente ceguera ante los actos de corrupción de sus hombres de confianza (Bejarano, Ponce, Ímaz, etcétera), que está obsesionado por el poder; que nunca acepta su culpa y en todos lados ve un complot orquestado por el Innombrable, por Televisa, el periódico Reforma, los banqueros, los industriales, el IFE, etcétera. Que es acomodaticio, oportunista, burlón; asno, pues tardó catorce años en terminar una carrera que se cursa en cinco y que tiene una personalidad paranoide. Evidentemente no todos los adjetivos aplican en el presente caso. Unos sí, otros no, ¿cómo sabemos cuáles sí y cuáles no?, eso depende del juicio y la calidad y cantidad de información que posea cada lector. Si nuestras fuentes de información son algunos escasos noticieros, charlas de café con los amigos y la lectura de un periódico faccioso, la conclusión a que lleguemos, en el mejor de los casos, será discutible.
Un amigo, con bastante sentido común (todos mis amigos son inteligentes) y simpatizante de años del PRD me dice, con cierta tristeza, que no votará por AMLO, pues considera que por sus características y su personalidad este señor inevitablemente generaría una grave división en el país, similar a la ya existente en Venezuela, situación que es lo último que desearía un mexicano bien nacido. A este respecto y a estas alturas, ya es imposible negar que dentro del abigarrado grupo que acompaña al Sr. López Obrador, como son los casos de Fernández Noroña, Ramírez Cuéllar, César Yáñez, Federico Arreola, Cota Montaño, Martí Batres, Manuel Camacho, Claudia Sheinbaum, Guadarrama Márquez, Arturo Núñez y un muy largo etcétera, existe una buena cantidad de oportunistas, demagogos, trapecistas políticos, varios de ellos con un pasado sumamente cuestionable. Se agrega un disparejo grupo proveniente de esa opereta cómica que fue el PPS, el PST, el PSUM y anexos, amén de los integrantes de los segmentos más agresivos de varios sindicatos, los líderes de invasores y grupos de choque como los Francisco Villa, los Pantera, lo que sobra del CGH y una infinidad de calamitosos grupos, todos sin más idea que una largamente esperada venganza en contra de una sociedad que a su juicio les debe todo y los ha tratado muy mal. Ellos sienten que su hora está por llegar y pronto será su turno de pasar la factura a los ricos, situación crudamente descrita en un artículo de Ricardo Alemán en El Universal del 14 de junio. Por otras fuentes me entero que ya están «indiciados» por el PRD los periodistas Ferriz de Con, Óscar Mario Beteta, Hiriart y Sánchez Susarrey; sólo esperan el triunfo de AMLO para «ajustar cuentas».
Kilo por kilo, nombre por nombre, grupo por grupo, y para desgracia de México, el PRD concentra el mayor número de personajes conflictivos y con pasado (y presente) altamente criticable; más que el PRI y el PAN juntos. ¿Quién lo hubiera creído hace apenas seis años?
Conviene ponerse a pensar.

Tu opinión es importante:

blog comments powered by Disqus




© Copyright 2014 Cambio de Michoacán. Todos los derechos reservados