Lunes 1 Septiembre de 2014
 
MORELIA
Los juicios orales
Antes de aceptar la implementación de los juicios orales en la justicia mexicana, es necesario analizar ventajas y desventajas
Francisco Ruiz Bravo
Viernes 19 de Mayo de 2006 • Enviar nota    • Imprimir

En el Museo del Prado de la capital española, se exhibe Las siete virtudes, pintura del artista Pedro de Campaña que presenta a estas bondadosas ca-
racterísticas y de las cuales, en esta ocasión, he de traer a colación una de ellas, a efecto de poder abordar enseguida el tema que he referido en el encabezado de esta líneas, ya que se está hablando que en Chihuahua y Nuevo León ya se tiene implantado este sistema de impartición de justicia. La dialéctica, que aparece en esta obra, acompañada de Aristóteles, es entendible etimológicamente y en su sentido prístino, como un «arte del diálogo» que se da obviamente cuando existen dos puntos de vista o dos razones que se contraponen y necesariamente se tendrán que agotar los argumentos de ambos bandos para poder decidir cuál es el razonamiento correcto o más apropiado para lo que se tenga en mente.
En el caso que nos ocupa, es natural que tengamos que analizar cuidadosamente y dialécticamente las ventajas y desventajas de la implantación de la oralidad en los procesos jurisdiccionales mexicanos; aunque para lograr lo anterior es ineludible que primero se precise cuál es el objetivo que se pretende conseguir con dicha medida, porque dicho de primera instancia, si todo esto es un intento de colonizar culturalmente a nuestro país y asemejarlo cada día más a nuestro vecino boreal, sin duda que sería discutible lo ventajoso; sin embargo, si lo que se desea es el mejoramiento de la administración de justicia, tendrá que venir la dialéctica, porque entonces el asunto se vuelve todavía más discutible.
Como ventajas que pudiéramos encontrar en la oralidad en los juicios, sería la celeridad en los procesos, ya que al no ser escrita la comunicación entre el juzgado y las partes, en donde se tiene que esperar un día o dos en lo que el juzgado saca el acuerdo, más una semana en lo que el actuario lo notifica a las partes, más el término o plazo que se otorgue en dicho acuerdo, suman en lo mínimo dos o tres semanas, dependiendo de lo que se esté solicitando al juzgado. Al incluir la oralidad, se permitirá que en una sola comparecencia al juzgado se agoten varios actos procesales, merced a la mayor velocidad que brinda la palabra hablada.
Siguiendo con el empleo de la dialéctica, surgen preguntas cuyas respuestas parecieran dejar sin argumentos a los partidarios de introducir esta fórmula sajona en el derecho mexicano. Para empezar, en un hipotético juicio oral mexicano, los secretarios de los órganos jurisdiccionales deberán tomar un curso intensivo de taquimecanografía, ya que de nada serviría la oralidad si el encargado de guardar la memoria escribe de manera lenta, como lo sabrá cualquier persona que haya acudido a una diligencia de tipo oral. Aunado a esto, tenemos que ser conscientes que esos espectaculares juicios que vemos en las películas norteamericanas corresponden a un sistema jurídico que por donde quiera que se le vea, es distinto al mexicano, ya que el denominado common law es un sistema costrumbrista, en el cual tiene primacía el precedente, a diferencia del sistema romano-germánico, que otorga primacía a la norma jurídica escrita. Otro perfil que debe analizarse es que en México la justicia, si bien se paga con la recaudación de impuestos, es en forma directa, gratuita, puesto que el justiciable, al momento que quiera acudir a juicio, no paga nada para cubrir los honorarios del juez, a diferencia del sistema sajón, en el cual las partes, directamente de su bolsillo, pagan los honorarios del juez. La Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica es una Constitución rígida, que desde el siglo XVIII ha sufrido muy pocas enmiendas, en cambio en México, en 200 años, no sólo nuestra Constitución vigente ha sufrido innumerables reformas, sino que hemos tenido cinco cartas magnas que en algún tiempo fueron vigentes.
Desde mi muy particular punto de vista, la rapidez no garantiza el éxito de las cosas y no es suficiente argumento para cambiar los 500 años que tenemos con este sistema, no porque seamos estatistas, sino porque para que exista una evolución se debe partir de lo que se tiene, ya que si buscamos una cosa totalmente distinta, embriagados por un estulto sentimiento reformista, corremos el riesgo de regresar el camino andado y empezar de cero nuevamente. No sé si sea porque estamos empezando un nuevo siglo, o porque estemos en el bicentenario del nacimiento de un hombre que pasó a la historia precisamente por las reformas trascendentales que hizo, pero en nuestro país parece estar de moda el querer cambiar las cosas y que está bien siempre y cuando el cambio sea para bien, para dar un paso adelante; sin embargo, debemos tener cuidado y estar conscientes de que la evolución propia no se da copiando otras evoluciones, sino que el desarrollo de uno mismo debe ser el resultado del perfeccionamiento de las características propias, es decir, si nuestro sistema judicial no está funcionado adecuadamente, busquemos otras formas, pero que sean compatibles con las que ya están y que sí funcionan, ya que no podemos simplemente decir, como si fuéramos un profeta, que el derecho sería más justo si fuera dicho en un juicio oral, porque es posible que los triunfos se los lleven los excelentes oradores, que utilizando el método sofista son capaces de hacer creer lo que salga de su boca. Finalmente, lo que sí podemos afirmar es que todo es perfectible, pero siempre dentro de un proceso continuo, que no permita pausas ni retrocesos, porque como reza el aforismo latino: jus semper locutur, el derecho siempre debe funcionar.

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