Domingo 20 Abril de 2014
 
Discurso político
Alejandro Mercado Villalobos
Domingo 5 de Marzo de 2006 • Enviar nota    • Imprimir

Caray, cuántas promesas y mentiras se escuchan en las peroratas de los candidatos a la silla presidencial, estamos acostumbrados a todo, desde aquello del ataque a la pobreza, discurso que en la actualidad política se agrega decir ofensiva frontal a la miseria, o eso de las famosas reformas estructurales, frase puesta muy de moda por Vicente Fox hace casi seis años, también, resulta común que nos digan que el contrincante político es esto o aquello, de sus errores pasados como funcionario público o de sus inaciertos como candidato, de todo hemos escuchado, incluso se nos ha afirmado la posibilidad de desarrollo económico a la par de países de primer mundo, todo bajo la premisa de compromiso de cumplimiento cabal.

Parecemos preparados para toda clase de mentiras políticas, sabemos por experiencia que la mayoría de las promesas de campaña son inalcanzables por falta de aplicación o realización, sin embargo siempre existe algo nuevo, a finales de enero los candidatos se abanderaron a la memoria de uno de los políticos decimonónicos más importantes de México, Benito Juárez.

Felipe Calderón, quien parece, por las actitudes que ha tomado en su actuar como candidato presidencial panista, que se siente seguro viviendo en Los Pinos, ha señalado que honrará la memoria de Don Benito, como si esto pueda asegurar su éxito en julio próximo, ha dicho que la diferencia de los honores que han hecho al Benemérito de las Américas Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo son de la boca hacia afuera, señala que hace falta el apego al compromiso de hacer valer los ideales del oaxaqueño, el apego a la legalidad con la aplicación irrestricta de la ley (La Jornada, 23 de enero de 2006).

Todo parece correcto si no fuera porque el discurso del panista no convence ni a él mismo, por favor, si a todas luces se observa que Felipe Calderón es más conservador, en el sentido de sus acciones y actitudes políticas, que los conservadores decimonónicos, valga las distancias por supuesto, Benito Juárez era un liberal consumado que atacó los males de la modernidad de su tiempo como el corporativismo y los monopolios de poder que descansaban en instituciones como la Iglesia Católica o diversas familias que pretendían manejar los destinos del país a su antojo, en pro de intereses particulares.

En la ocasión que Calderón cita la obra política de Don Benito hace también una visita al cardenal Juan Sandoval Íñiguez, no es que sea malo, en el sentido de la censura política, entrevistarse con un alto representante de la Iglesia mexicana, lo malo es que al tiempo de proferirse identificado con la obra de uno de los liberales mexicanos más importantes, quien defendió a toda costa la separación Estado-Iglesia, el candidato panista rinda una evidente pleitesía a uno de los jerarcas de la Iglesia en México, por el contrario, lo que hace falta en estos momentos es retomar la separación de las cosas de la tierra con las del cielo, que se ha perdido en los últimos años, especialmente gracias a Vicente Fox, citemos dos ejemplos de esto.

Primero examinemos el ramo de instrucción, existen en el país numerosas escuelas particulares dirigidas por el clero, en las cuales se imparte la religión católica, es casi una asignatura el catecismo en la instrucción primaria, y en los grados de secundaria y bachillerato se exige a los alumnos que estudian en esas escuelas, la asistencia obligada a misa los domingos y días festivos, incluso se extienden boletos a manera de contraseña a la entrada del templo para que los jóvenes justifiquen su asistencia a la celebración religiosa y puedan entrar a clase el lunes, esto no es todo, en las juntas de padres de familia se reza el rosario antes de abordar los temas a tratar, todo esto va en contra de los preceptos de la Constitución mexicana que señala que la educación debe ser laica, no digamos ya, gratuita.

Segundo ejemplo, se ha hecho común que los curas de la alta jerarquía eclesiástica hagan comentarios sobre cualquier problema político y económico, no pasa algo significativo al respecto porque de inmediato la prensa hace cita con el cardenal Rivera para tomar su punto de vista sobre tal o cual caso, desde luego que como ciudadano él y todo cura tiene el derecho de opinar sobre las cosas de México, sin embargo resulta inadecuado comentar nada desde la representación eclesiástica por la influencia que esto puede tener en los creyentes, se puede favorecer a alguien con comentarios o destruir a otro con los mismos, lo que va en contra de la democracia que se ha venido construyendo en el país.

Bien, mientras esto sucede con el soberbio Felipe Calderón, con Andrés Manuel López Obrador la cosa tiende por donde mismo en el sentido de estas líneas. En franca alusión al liberalismo de Don Benito Juárez, ha dicho el tabasqueño que «por el bien de todos» va a recuperar la tradición liberal de la historia política mexicana del siglo XIX (Cambio de Michoacán, 22 de enero de 2005), ¡ah!, nada más desafortunado que confundir la lucha liberal del México decimonónico con la problemática que se vive actualmente, qué no habrá alguien en el grupo de campaña del señor Obrador que le diga que nada tiene que ver la lucha por instaurar en el país un sistema político y económico, ajeno al corporativismo, que le diera al gobierno el control de las cosas inherentes a su función, problema fundamental de la lucha entre liberales y conservadores a mediados del siglo XIX, con la problemática actual que tiende a cuestiones como el desarrollo económico sustentado en la inversión privada y la entrada de lleno en el neoliberalismo, qué tienen que ver con el liberalismo político decimonónico los problemas actuales de inseguridad, corrupción, pobreza, desigualdad y tanto más que debe ser abordado de manera primaria por el siguiente presidente mexicano.

De verdad que la cosa está mal, quizá los políticos se están dando cuenta de que los recursos para atraer votantes terminan con el despertar político del pueblo de México, ya no nos tragamos las promesas así como así, ahora la crítica es mayor que en el pasado reciente mexicano, la incredulidad al respecto es más que evidente, ya no creemos nada de lo que dicen, es por esto que el discurso político actual busca reivindicarse con la imagen de los personajes más relevantes de la historia de México, en esta ocasión le ha tocado a Don Benito Juárez, quien sabe, luego puede aparecer Miguel Hidalgo, Morelos ya ha sido citado por el mismo Obrador, o Melchor Ocampo, por decir algunos, en éstos puede descansar el discurso político precedente.

En fin, así las cosas, la perorata de los candidatos no sale de ser superficial como de costumbre y tan ventajosa como siempre, las promesas de campaña insultan al pueblo de México al inferir que éste pueda tragarse como cierto o posible todo lo que dicen que harán en el puesto presidencial, por desgracia sucede que cuando el candidato logra el ascenso al poder no existe manera de obligarlo a cumplir con sus promesas, la única forma es castigarlo en las urnas, aunque para esto es necesario conciencia política por parte de los electores, y créame, aunque la sociedad mexicana está más despierta que nunca en esto de la política, falta mucho para que podamos de verdad castigar a los políticos que no cumplen, ejemplo de esto es que existen muchos dinosaurios en la política mexicana que siempre aparecen en puestos importantes y que por ningún motivo dejan de vivir del presupuesto. La cosa se pone fea a cada día que pasa, estemos preparados para lo peor y lo más insensato e inalcanzable, sólo esperemos que los políticos se den cuenta de que el discurso y las acciones deben evolucionar a la par de la sociedad mexicana.

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