Lunes 22 Diciembre de 2014
 
Los mazahuas y la Noche de Muertos
*En el Oriente, el culto a los difuntos difiere con el del resto del estado
Óscar Villeda Esquivel
Jueves 1 de Noviembre de 2012 • Enviar nota    • Imprimir

Tlalpujahua, Michoacán.- Desde la época de la Colonia, la distinción entre pobres y ricos se acentuó a tal grado que incluso se destinaron iglesias para cada grupo, en Tlalpujahua esto no fue la excepción, ya que en 1551 se confinó a los indígenas al barrio Puxtla de Santiago, mientras que los peninsulares asistían a la liturgia en La Cofradía; la zona de los segregados continuó así por siglos y tras la catástrofe del 27 de mayo de 1937, el lugar pasó a ser cementerio de mineros, a quienes aún hoy en día se les rinde homenaje.

Si bien es cierto la fiesta del santo patrono -Santiago Apóstol- se celebra el 25 de julio, fecha en la que diversos grupos indígenas recorren gran parte del Oriente michoacano para realizar peregrinaciones y danzas hacia Puxtla, también se organizan acciones similares los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, toda vez que la etnia mazahua mantiene un lazo estrecho tanto con Santiago Apóstol como con la Virgen del Carmen, a quienes solicitan favores, encomiendan cosechas o piden salud.

René García Castro, en su la revista Arqueología Mexicana número 43, subraya que los municipios de Zitácuaro, Tuxpan, Angangueo, Senguio, Ocampo, Maravatío, Susupuato y Tlalpujahua, cuentan aún con población mazahua; es de mencionar que en muchos de estos municipios se ha perdido el interés por hablar la lengua, y solamente las personas mayores hablan y entienden mazahua, mientras que los jóvenes por temor a ser discriminados únicamente lo entienden pero no lo hablan y mucho menos lo escriben; de igual forma su tradiciones se van perdiendo , así como su organización social y vestimenta.

De las ocho alcaldías en mención, es en Zitácuaro por su cercanía con el Estado de México, donde aún se puede observar con mayor detalle la riqueza cultural de este pueblo que lucha por conservar su pasado.

En Tlalpujahua, sólo la Tenencia de San Pedro Tarímbaro o Tarimangacho de La Estaca, cuartel Tercero, Cuarto y Quinto, mantiene el legado mazahua que aún puede observarse en rituales como Los Voladores de San Pedro Tarímbaro y la puesta de ofrendas en el panteón de la comunidad durante la Noche de Muertos, pero más aún en los hogares, en donde la celebración comienza a partir del 31 de octubre, en la que se recuerda con tamales de dulce y atole a los niños que murieron sin ser bautizados.

La Noche de Muertos en Michoacán se celebra de una manera muy diferente a la del resto del país, se convierte en el alma de milenaria tradición, y si bien se acentúa con mayor énfasis en la zona Lacustre y Pátzcuaro, los mazahuas del Oriente michoacano poseen algunas peculiaridades que rompen con el común de la celebración; en la obra Los mazahuas de Zitácuaro, de Crispín Duarte Soto y Rosa María Alejandra Martínez, se hace mención de peculiares hechos, como lo son la preparación de ramos de flores para la ofrenda a cargo del matrimonio de cada hogar que se ofrecen a Dios y con los que se purifica al resto de la familia.

Se comenta que la ofrenda debe contar con mazorcas prendidas de la caña, “una novedad el uso de estos elementos… pues no hemos tenido conocimiento que se use en otras culturas; asimismo, el día 2 de noviembre, en las casas por la mañana, “un grupo de niños toca la puerta de cada hogar mazahua para despedir y encaminar a los fieles difuntos que se retiran al panteón, su eterna morada… la mujer mazahua los recibe con agrado, les reparte a cada niño una fruta de todas las que hay en la ofrenda, les da un pan, a su vez ellos la depositan en un morral de lana bordado que les cuelga al hombro. Enseguida, la indígena toma de la ofrenda una vela encendida y se la da a un niño, quien encabeza al grupo para encaminar a los difuntos hasta un lindero… los niños que integran al grupo deben ser ajenos a la casa donde van a despedir a los difuntos, pues de lo contrario sería una ofensa”.

Pero también los municipios del Estado de México colindantes con la región Oriente de Michoacán, como San Felipe del Progreso, Villa Victoria, Villa de Allende y Donato Guerra, entre otros, han aportado elementos a esta tradición, como lo es La Santa Rosita, ofrenda en la que se rinde tributo a los cuatro elementos –agua, tierra, aire, y fuego- que son representados con la Estrella del Oriente; se comenta que para la elaboración de la misma se requiere de un tiempo aproximado de doce horas y que todo elemento dentro de la ofrenda será purificado con el apoyo del copal y de los cantos, mientras que las velas denotan el “alumbramiento de las ánimas”.

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Los mazahuas del Oriente michoacano poseen algunas peculiaridades que rompen con el común de la celebración de Noche de Muertos.
Los mazahuas del Oriente michoacano poseen algunas peculiaridades que rompen con el común de la celebración de Noche de Muertos. (2012-11-01)


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