Uruapan, Michoacán.- Tata Gerardo Tierrafría Ramírez, más conocido como Don Gera, a sus 82 años de edad, guarda recuerdos de su infancia y juventud, cuando sufrió la orfandad y la explotación; pero en la actualidad se ha ganado el cariño de sus vecinos. Es un zapatero veterano; se ha convertido en una figura de relevancia en el barrio y ha sido objeto del reconocimiento público.
Amigo del finado sacerdote Isauro Pedraza Ureña -el único cura en la historia de Uruapan que se preocupó porque junto a la capilla del siglo XVI, se fundase una biblioteca pública, que todavía funciona-, nació en Guanajuato, pero casi toda su vida ha vivido en la parte del Uruapan viejo que se conoce con el nombre de San Juan Quemado.
Durante las fiestas patronales de San Juan Bautista, fue homenajeado, porque ha dedicado la mitad de su vida a organizar el festejo en honor del santo que fue amigo de Jesús y fomentar las tradiciones de su tierra adoptiva.
El día en que fue reconocido dijo: “Me agarraron desprevenido. Me preguntaron que cuanto tiempo organicé la fiesta, pero no me imaginaba lo que iba a pasar”.
Un sanjuanero de Guanajuato
Tata Gerardo nació en 1930, en Guanajuato, “en un pueblito que se llama El Jaral, a un lado de Valle de Santiago. Quedé sin papá y sin mamá a los seis años y me trajo un tío aquí para aprender un oficio.
“Como yo salía de chiquillo a ordeñar vacas y sembrar en el campo, primero me dijo que iba a enseñar el oficio de zapatero, que era en lo que trabajaban sus hijos, pero me llevó a un establo y ahí duré dos años. Todavía no se me olvidan esos trabajos. Yo sé sembrar caña y sembrar sandía.
“Yo le decía que me quería ir a Uruapan para aprender un oficio y él me decía no, aquí estás bien. Yo cargaba un cuchillito y había un señor que era revolucionario que era el dueño del rancho en La Fundición y por traer el cuchillito me ofendió. Yo le reclamé y le respondí que no me insultara, porque yo tenía dos años ayudándole sin que me diera un cinco.
“Él me dijo que me estaba pagando 25 pesos cada ocho días. Yo ni cuenta me daba. Mi tío estaba cosechando ese dinero. Por eso decidí venirme a Uruapan y aprender el oficio que había anhelado. Tuve que vivir con mi tío, quien me pedía dinero para cooperar con la casa y cuando todos se sentaban a comer a mí no me servían. Fue horrible lo que viví.
“Había una señora que estaba peleada con ellos y vendía camote y calabaza cocida y le empecé a ayudar a ordeñar sus vacas, al mismo tiempo que me enseñaban a hacer zapatos y huaraches. Yo soy zapatero completo desde los doce años.
“Me metí a hacer zapatos y compré un sonido y empecé a hacer kermeses para a la capilla de San Juan Bautista. Luego conocí a mi señora, vivió enfrente de donde vivía con mis tíos. Ahí pagábamos renta, fui a comprar un becerrito y me hice novio de mi señora.
“Luego nos casamos y al poco tiempo compré ahí, donde tiene su casa, en la calle Justo Sierra”.
Por esas fechas, “sacaba el sonidito a tocar y me dijeron los comuneros que les organizase la fiesta. Es que mi papá era carguero en El Jaral. Allá sacan en un paseo unos hombres vestidos de gitanos arriba de un caballo y unas escaleras vestidas de guares que se llaman parandis y eso me gustó mucho.
“Me dijeron que organizara y ellos me daban la pólvora. Busqué amigos para que me ayudasen, pero nadie quiso y duré 22 años organizándolo todo yo solo. Eso fue como en el 61 o antes y en el 67 empecé a trabajar en una empresa que era la Michoacana de Occidente. Ya desapareció, pero estoy pensionado por esa empresa, donde trabajé hasta los 56 años.
“Yo les decía a mis amigos que me ayudaran y no querían muy bien, pero yo sí y contrataba buenas bandas. En ese entonces cobraban 29 pesos. Traje bandas de Cheranástico, de Quinceo, de Pichátaro y la de San Ángel Zurumucapio, que era de más categoría”.
La biblioteca
Luego vino el padre Isauro, que me dijo que ya sabía que yo trabajaba para la capilla y me dijo que me fuera a trabajar con él. Yo no sabía que era padre y le dije sí señor.
“Luego me dijo soy padre y le empecé a ayudar a formar la biblioteca y me quiso mucho el padre. Ya cuando falleció conseguí con el padre Calderón que se sepultara aquí. Toño Rodríguez me ayudó.
“Antes de morir me pidió que le ayudara a organizar su fiesta de 50 años de sacerdocio y le dije que sí. Ya había yo conseguido chivos y reses, pero amaneció muerto.
“Yo conseguí que lo sepultáramos en la capilla, junto a donde puso su biblioteca (la biblioteca pública que se llama precisamente Padre Isauro Pedraza Ureña, que aún funciona)”.
Ahora tras 40 años de organizar la fiesta del barrio, este joven de 82 años, continúa emocionándose al hablar de su barrio, sus personajes y tradiciones: “Ahí andamos todavía y cuando me piden ayuda acepto. Lo haré cuantas veces pueda. A veces me han querido meter zancadilla, pero no es tan fácil organizar la fiesta”.