Aumentan en Michoacán familias encabezadas sólo por el padre
Cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo) indican que en el país sólo el 49 por ciento de los hogares son tradicionales, es decir, con el esquema de mamá-papá-hijos.
Morelia, Michoacán.- Se estima que en Michoacán hay conformadas más de un millón de familias, de las cuales alrededor de 48 mil están encabezadas por un hombre, sin el respaldo de la mujer con la que tuvieron descendencia. La cifra representa un incremento de más del 100 por ciento en las últimas tres décadas y continúa al alza, señaló la titular del Consejo Estatal de Población (Coespo), Clara Ochoa Valdés.
Miles de hombres, pero también mujeres, festejaron ayer el Día del Padre. Ello corresponde a los roles que en las últimas cinco décadas se han transformado para generar nuevos modelos familiares, en los que la convivencia diaria de los hijos con el padre y la madre ya no se da.
En entrevista la funcionaria estatal compartió que cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo) indican que en el país sólo el 49 por ciento de los hogares son tradicionales, es decir, con el esquema de mamá-papá-hijos.
Argumentó que en la entidad los indicadores son similares, y muestra de ello son las estadísticas que proporcionan organizaciones civiles respecto a que entre el 35 y el 40 por ciento de los hogares son “jefaturados” por una mujer.
Dijo que serían aproximadamente 48 mil las familias michoacanas lideradas por un varón, las cuales se traducen en alrededor de un cuatro por ciento de los hogares con una sola figura a cargo de los hijos.
Clara Ochoa puntualizó que aunque tal estadística está por debajo de los hogares encabezados por mujeres, implica un incremento de más del 100 por ciento respecto a las cifras que se tenían hace 30 años (1.5 por ciento), de manera que no se puede ignorar que cada día son más los hombres que asumen los roles de madres.
“Un tipo de hogar diferente es aquel en el que está al frente un hombre solo al cuidado de los hijos. Es el rol nuevo que se está asumiendo por distintas razones, en donde el padre va a hacer las funciones que tradicionalmente se habían asignado socialmente, desde hace cientos de años, a las mujeres”, mencionó.
Las causas
Los principales factores que llevan a un hombre a tomar las riendas del hogar son la separación o divorcio; el abandono de la pareja; viudez, e incluso la migración, pues se dan casos en donde por su preparación académica o sus relaciones interpersonales, la mujer tiene mayores posibilidades de desempeñar una actividad laboral fuera de la localidad donde reside.
Vale la pena reconocer la dinámica socio-demográfica en la que el país y el estado están inmersos; hay arreglos que tienen que ver con la sobrevivencia, con la búsqueda de una mejor calidad de vida en algunos otros casos, quién tiene más facilidades de trabajar.
Recordó que precisamente en los últimos 50 años se aceleró el proceso de incorporación al trabajo remunerado de las mujeres fuera de la casa, situación que se dio no por cuestiones feministas, sino por el encarecimiento de la vida. Ahora difícilmente el salario del padre alcanza para solventar los gastos de vestimenta, manutención, educación y entretenimiento que toda familia requiere.
Ya no hay estigma para los papás solteros
La titular del Consejo Estatal de Población resaltó que en la actualidad, por lo menos en las localidades urbanas más desarrolladas, ya no son estigmatizados los padres solteros.
Si bien se tiene la idea de que difícilmente un hombre afronta solo la responsabilidad de cuidar al o los hijos, hacer el aseo de la casa, preparar alimentos y solventar los gastos, evidenció que sí hay quienes se encuentran en esta situación, y cada día van en aumento.
Tanto hombres como mujeres, añadió, tienen aptitudes para ser a la vez padres y madres. “Sí hay diferencias biológicas, pero absolutamente todas las funciones del cuidado de la casa y de los hijos que desempeñan las mujeres pueden ser aprendidas por ellos, como socialmente nosotras las aprendimos hace miles de años”.
Por último, Ochoa Valdés dejó en claro que aunque lo ideal sería que los hijos crecieran bajo el amparo y guía de su papá y su mamá, su formación como seres productivos para la sociedad no depende de tal unión, sino de los modelos de conducta que observa y que posteriormente replicará.