Sábado 19 Abril de 2014
 
El rebozo piedadense, un arte en crisis
Magdalena Pérez Sánchez
Lunes 23 de Abril de 2012 • Enviar nota    • Imprimir

La Piedad, Michoacán.- El rebozo desde siempre ha admirado a propios y extranjeros por la finura de sus terminados, sus colores y texturas, pues desde la conquista de la tierra americana se posaban sobre los cuerpos de las mujeres que ya con una técnica bien depurada tejían tiras de tela.

Desde el año 1,500 los telares de cintura y de pedales ya eran usados por los artesanos mexicanos y aunque en algunas regiones de México se ha industrializado, los telares antiguos siguen sonando a ese ritmo alegre y adormecedor a la vez que da origen a verdaderos lienzos con arte, y para los textileros de La Piedad es y será la herramienta por excelencia para el trabajo “fino” de la rebocería.

Unos 80 años después los michoacanos hicieron un nuevo tipo de rebozo de color azul marino con rayas color azul y rayitas blancas, al que se denominó rebozo michoacano o rebozo tarasco que hoy en día es la prenda que no puede faltar en el atuendo de las mujeres en las comunidades indígenas que sobreviven en toda la geografía michoacana.

Han pasado más de 500 años desde entonces y la manufactura de esta prenda típica mexicana sigue siendo meramente artesanal. “El rebozo debe tejerse a mano, la calidad artesanal de los reboceros michoacanos es reconocida en casi todo el mundo. El problema radica en la comercialización y en lo elevado de los costos de producción. Ya casi nadie se dedica a esto porque no es negocio”, expresa Reyes Pérez Ramírez, representante de los integrantes de la Cooperativa Textil Artesanal de La Piedad y quien tiene cerca de 80 años de edad.

De acuerdo con información proporcionada por parte de los directivos de la Cooperativa Textil Artesanal, la ciudad de León, Guanajuato, era, en 1930, altamente rebocera. El señor Mariano Romero Mora, quien tenía aquí en La Piedad un taller de rebozos de algodón, trajo de la ciudad guanajuatense la seda artificial (artiseda, cuyo nombre derivó en artisela).

Los líderes reboceros de aquel entonces, al ver el cambio de rebozo de algodón por el de artisela fueron adquiriendo maquinarias como devanadoras, torcedoras y dobladoras. Fue así que nació en La Piedad la fabricación del rebozo de artisela.

Es la actividad que durante más de 60 años le ha dado nombre al equipo de futbol profesional de la localidad. Ese mote, el de Reboceros de La Piedad, ha puesto a este municipio ante los ojos de todo el país; las prendas que elaboran los artesanos piedadenses son reconocidas a nivel mundial, no obstante es un oficio que se encuentra en decadencia.

Tejiendo la expresión de un pueblo

Para dar inicio a tan hermoso trabajo comienzan devanando el hilo, y se coloca en los cañones la cantidad necesaria de acuerdo a cada rebozo; con esto se procede a la urdimbre, y es en el urdidor donde se le da la medida al lienzo.

Una vez urdido, el lienzo se traslada a un bastidor donde el hilo se pepena, es decir, se separa del jaspe según el dibujo. Posteriormente, se tuercen los cordones y se les agrega atole de masa para que el hilo se endurezca, a fin de hacer el amarre más fácil; a este proceso se le denomina boleo. El amarre consiste en cubrir con atados de nuditos las partes del hilo donde no se desea que penetre la tinta, de manera que el jaspe queda de diferente color al del resto del cordón.

Después del pepenado y el boleado, el hilo se tiñe. El veteo, es decir, el fondo del rebozo, y las puntas, se tiñen al mismo tiempo. Una vez teñido, el hilo se deja secar a fin de proceder al tejido.

Una vez terminada esta parte del proceso, les toca su turno a los empuntadores que tejen a mano, a base de nudo, el rapacejo o punta; tarea complicada y minuciosa que ha sido colocada por algunas personas en la categoría de los encajes.

Los empuntadores suelen distinguirse por su habilidad manual y creatividad. La elaboración de cada rapacejo les toma cerca de 20 días; la duración del procedimiento depende de las medidas del rebozo.

Cada modelo demanda un trabajo distinto, los tejidos de flores, figuras y trenzas pueden demorar semanas de trabajo para una sola pieza, para finalmente ofrecer una pieza con colores brillantes, movimiento y verdadera belleza.

Un arte sin herederos

A pesar de que no existen “manos nuevas” dentro del sector, el rebozo piedadense es comercializado en prácticamente todo el territorio nacional. “La exportación no la hemos podido lograr por diferentes factores, principalmente la producción y los trámites para lograrlo”, dice el líder rebocero.

“Actualmente serán tres o cuatro personas jóvenes las que se dedican a tejer el rebozo. Somos puros hombres de más de 55 años los que trabajamos en esto, nos ayudan las mujeres y las hijas, pero ellas hacen el planchado o el teñido”, dijo Abraham Zaragoza, quien tiene más de 60 años como rebocero.

El problema es que a las nuevas generaciones no les llama la atención aprender el oficio. Algunos, cuando necesitan trabajar ingresan a los talleres artesanales, duran tres o cuatro semanas y renuncian.

Ramón Zambrano, quien encabeza uno de los talleres de rebocería en La Piedad, señala que es muy difícil encontrar un buen rebocero, “los grandes son muy buenos, pero tienen ya muchas dolencias. No hay jóvenes a los que les llame la atención este arte, por lo que en algunos diez años más ya no va haber quien trabaje en esto”.

Las dificultades económicas

La elaboración de los rebozos de seda en La Piedad es una actividad familiar, que en su momento llegó a generar una importante derrama económica, superior a lo que en su oportunidad significó la porcicultura.

Mariano Alanís es rebocero desde los 17 años de edad. Es uno de los empleados de la Cooperativa Textil Artesanal y está a punto de cumplir los 72. Gana en promedio 600 pesos por semana, siempre y cuando fabrique 18 rebozos.

“Los que utilizan las mujeres en Yucatán son rebozos que nosotros hacemos. Aquí casi nadie los usa, pero en otros estados se venden muy bien, incluso en los Estados Unidos, pero no los vendemos directamente nosotros allá. Más bien son intermediarios los que se los llevan”, señaló el hombre sentado sobre un telar de madera.

Los rebozos de rayón, dice, se venden en 160 y hasta 300 pesos, pero ya por fuera estas prendas pueden alcanzar precios de hasta 800 pesos. “Si no la creen vayan al Mercado de San Juan de Dios, en Guadalajara”, añade.

Algunas de las prendas más elaboradas y finas que requieren meses de dedicación manual de un artesano son vendidas de forma directa en dos mil pesos, pero en Europa llegan a ser revendidos en más de ocho mil pesos para los desfiles de alta costura y prestigiadas tiendas de ropa.

La elaboración de los rebozos de seda en La Piedad es una actividad familiar a la que solían dedicarse las mujeres en los primeros años del siglo pasado. Los lienzos pueden ser de tres medidas, normal de 3.60 metros, mediano de 2.80 metros y chico de 2.20 metros.

La producción de los tres talleres de rebocería que existen en este municipio está siendo estimada en aproximadamente dos mil 500 piezas por semana, por 35 artesanos locales cuya edad promedio es de 68 años de edad.

El mercado internacional

Según lo dado a conocer por Ramón Zambrano, líder en la producción de rebozo artesanal en esta región, actualmente ninguna de las empresas locales está exportando este producto al extranjero, dado que no existen las condiciones comerciales ni los apoyos gubernamentales para hacerlo, por lo que la prenda típica llega a las manos de los consumidores orientales y estadounidenses a través de intermediarios.

Se han dado acercamientos por parte de empresas de origen japonés que se han mostrado interesadas en la adquisición de toda la producción de rebozo de la zona de La Piedad y la actividad en los talleres micro y medianos de ese sector se ha elevado en forma notable, lo que en consecuencia ha hecho que crezca la oferta de esa prenda de vestir.

Sin embargo, las negociaciones no se han concretado y la venta del rebozo artesanal continúa generándose únicamente en el mercado nacional con clientes ya establecidos, que lo distribuyen a diferentes estados de la República. A nivel local, la comercialización es por menudeo y se incrementa en esas fechas cuando los migrantes regresan a esta tierra.

Aún así, los reboceros estiman que la producción local del típico rebozo piedadense en últimas fechas se ha reducido a menos de 800 piezas por semana, lo que representa una de las peores crisis de dicho sector artesanal que años atrás logró el reconocimiento internacional por la calidad de sus manufacturas, “las ventas han caído y tenemos demasiadas piezas en almacén, no hayamos dónde acomodarlas”, dijo Reyes Pérez.

Esfuerzos para comercializar

Se han realizado esfuerzos por mejorar mercadológicamente la situación de los reboceros, e incluso la Universidad del Valle de Atemajac ha diseñado 21 empaques diferentes para los distintos modelos de rebozos que se producen en la Cooperativa Textil, para hacerlos más atractivos al cliente.

Y es que a la rebocería local no le ha llegado nada de esos programas de promoción económica o de “desarrollo económico”. Ni siquiera en las muestras artesanales organizadas por entidades gubernamentales aparecen los rebozos piedadenses, porque no se cuenta con los recursos ni para los viáticos a esos lugares.

En su momento, José García León, coordinador sectorial de artesanías del Prodecol, expresó que la creatividad, la innovación y el colorido de los empaques garantizan que los cooperativistas tendrán una amplia gama para decidir los que a su juicio utilizarán y servirán para ofrecer un valor agregado a los rebozos artesanales que producen. Aun así, las ventas siguen siendo bajas.

Cuando un turista llega a La Piedad y pregunta a cualquier ciudadano dónde adquirir los famosos rebozos que han dado tanto prestigio a esta región y que son reconocidos como prendas de gran lujo en el mercado europeo y occidental, pocos saben dar una buena respuesta. La actividad se está extinguiendo, aunque el prestigio perdura.

Cierran Museo del Rebozo

Pese a la urgencia de que liderazgos tomen iniciativas para rescatar esta actividad, el Museo del Rebozo, creado por una organización civil con la finalidad de promover la prenda artesanal típica de La Piedad y rescatar parte de la historia de esta actividad que tiene más de 500 años de practicarse en esta región, así como promover comercialmente dichos artículos, cerró desde hace tiempo por falta de apoyo y ni siquiera se considera su reapertura.

“Nunca hubo el respaldo de ninguno de los tres niveles de gobierno y los artesanos se encuentran en una crisis económica muy difícil. Simplemente ya no se pudieron costear los gastos de mantenimiento y se tomó la decisión de cerrarlo”, dijo Fernando Tejeda Alvarado, presidente de la Organización Especial de Investigaciones.

El museo había sido abierto al público en septiembre del 2010 siendo ubicado en la calle Belisario Domínguez, donde se exhibían fotografías de los primeros artesanos, así como del origen de esta prenda que data del año de 1584.

En la parte posterior del museo se encontraba instalado un restaurante rústico, donde los visitantes podían degustar de lo más exquisito de la gastronomía michoacana.

A decir de Fernando Tejeda Alvarado, los artesanos piedadenses han obtenido reconocimientos oficiales en exposiciones que se han realizado en años anteriores, así como en el Concurso Nacional de Vestido Tradicional, que organiza la Secretaría de Desarrollo Social.

Con la ley encima

Para variar, a la ya de por sí complicada situación que viven los artesanos reboceros de La Piedad, derivada de la falta de mercado para la comercialización de sus productos, se les han ido sumando dos factores que ponen en riesgo la operatividad de la Cooperativa Textil Artesanal. Se trata del aumento en el precio de los insumos y de una sanción, aparentemente arbitraria, por parte de la Comisión Nacional del Agua.

La Cooperativa Textil Artesanal de La Piedad se encuentra situada en el inmueble marcado con el número 71 de la calle Emiliano Zapata, en la colonia Tres Estrellas, la parte posterior del edificio se encuentra ubicada al margen del arroyo Cinco Oros, invadiendo parte de la zona federal del afluente.

Sin embargo, los textil eros cuentan con el título de concesión número 4MCH101769/12LAGE94 emitido por la Comisión Nacional del Agua con fecha del 26 de diciembre del 2004 en el que se faculta a la Cooperativa Textil Artesanal a “explotar, usar o aprovechar cauces, vasos, zona federal o bienes nacionales a cargo de la Comisión Nacional del Agua”.

Dicho de otra manera, de los más de 40 inmuebles que invaden la zona federal del arroyo Cinco de Oros, el de la Cooperativa es el único que cuenta con un permiso oficial, “pero también al único que lo sancionan”, señaló Rubén Hernández, uno de los abogados que está intentando solucionar dicho conflicto.

Resulta que el pasado 14 de julio del 2010, inspectores de la CNA se presentaron en las instalaciones de la Cooperativa Textil para realizar una visita de rutina derivada de una denuncia ciudadana. Luego de un interrogatorio e inspección visual del sitio, levantaron un acta circunstanciada de los hallazgos.

Posteriormente, los textileros recibieron un documento en el que se señala que están obligados a pagar una multa de 287 mil 357 pesos con 46 pesos, que equivale a 5,001 días de salario mínimo por la zona en que está asentada la construcción de la humilde cooperativa.

La causa legal: violar el artículo 120 fracción III de la Ley de Aguas Nacionales que se refiere precisamente a la explotación, uso y aprovechamiento de cauces, vasos, zona federal o bienes nacionales a cargo de la Comisión Nacional del Agua. Lo mismo que dice el título de concesión que obra en poder de los artesanos.

“Se trata de un abuso y una falsedad. Y además no tenemos dinero para pagar una multa de esa cantidad. Necesitaríamos vender el edificio porque los telares son viejos, hechos de madera y nadie nos da un quinto por ellos”, dice con preocupación uno de los reboceros más longevos que llora al pensar que podrían perder en cualquier momento el esfuerzo de toda su vida.

Mientras tanto el pago de un abogado es totalmente imposible, profesionales litigantes les orientan y auxilian de manera altruista, pero no se ha resuelto el problema, y pagar la multa sólo sería posible con el propio inmueble.

En las pasadas jornadas electorales los candidatos a la Presidencia Municipal desfilaron en este lugar prometiendo ayudar con ese problema, pero al parecer nadie ha hecho nada por rescatarlos y están apelando a la buena voluntad de algunos religiosos y particulares que de manera personal tienen amistad con el titular de la CNA a nivel nacional para conseguir una audiencia y solicitarle ayuda.

Sin embargo, el apoyo ha sido poco y cada una de estas situaciones ponen en mala situación al oficio que ya se ha ido perdiendo en las manos cansadas de los pocos reboceros que siguen en activo y que se niegan a retirarse porque con ellos se iría toda la historia del rebozo piedadense.

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