Domingo 23 Noviembre de 2014
 
Emigración de huilotas a Tierra Caliente
Ángel Ramírez Ortuño
Lunes 14 de Noviembre de 2011 • Enviar nota    • Imprimir

Huetamo, Michoacán.- Al igual que la mariposa monarca emigra desde Canadá a los bosques de México, la huilota hace lo mismo pero en la región Tierra Caliente, a diferencia de la monarca que se ha convertido en símbolo ecológico y turístico en el Oriente, la güilota, como la conocen los tierracalenteños, no tiene ningún valor turístico pero sí un sustento alimenticio, por lo que sólo encuentra la muerte.

Su nombre científico es Zenaida macroura, deja Canadá con la llegada del frío y arriba a las regiones de Tierra Caliente de Michoacán y Guerrero para pasar el invierno.

La huilota, un ejemplar plenamente identificado con la avifaunistíca de la Tierra Caliente, la que lejos de parecer un ave migratoria que en verano habita en Canadá y para el invierno ya se encuentra presente en todo el extenso territorio de la cuenca del Balsas, representa y significa un símbolo de belleza para la región, y por desgracia, también un modus vivendi de sobrevivir de legiones de cazadores furtivos que las aniquilan de diferentes formas.

Una de las más grandes tentaciones de esta ave es sin lugar a dudas los extensos sembradíos del ajonjolí, semilla que para los meses de septiembre y octubre se derrama en los potreros donde parvadas de huilotas bajan para alimentarse, sumado a ello el agua del Balsas y sus afluentes, convierte en un cálido paraíso su hábitat natural de la fría Norteamérica y el Canadá.

Inicia la caza

Para quien esto escribe, la presencia en la memoria de la niñez allá por los años 60 está ligada con las imágenes de las huilotas en tiempos de las cosechas, donde la peonada encendía rajas de cueramo por las noches y armados de resorteras y un morral de piedras “bolonchas”, es decir, redondas, en las criminales “alumbradas”, cientos de dormidas huilotas caían muertas entre los montes sorprendidas por los cazadores de estas aves mejor conocidos como güiloteros.

Niño al fin, de visita y en plan de vacaciones, con gusto sumábame a la mortal cacería, y sorprendidas por el alumbrado de las rajas de ocote, de cueramo o por los candiles, las indefensas huilotas caían por centenares, y detrás iban los recolectores y los peladores, de tal forma que desde Ciriquicho hasta La Ceja, El Cuajilote y La Tasajera, la mortandad de huilotas era el pan nuestro de cada día, hasta que la especie empezó a poner tierra de por medio.

En busca de un lugar donde protegerse

Debido a esta cacería la Zenaida macroura empezó a subir a montes más altos anidando en los lugares más recovecos del cerro, sin embargo la imaginación del hombre fue también más allá, al inventar ingeniosas trampas con cerdas de caballo que se tendían al viento cerca de las piñas de ajonjolí, donde las hambrientas huilotas bajaban por la codiciada semilla de ajonjolí con las que retacaban sus pechos antes de huir ante la presencia de extraños.

Por desgracia, la exquisitez de la carne de las huilotas llevó a los originales cazadores de resortera, a cambiar sus armas por temibles escopetas taqueras, y hasta por los permitidos salones 22, y llegó el día en que todo eso resultaba ya poca cosa, y vinieron las tradicionales “aventadas”, donde las avecillas son llevadas a donde los cazadores las tirotean a mansalva, de la misma forma que resulta con los venados en las “venteadas”, hasta llegar al extremo de matarlas con veneno colocado entre campos ajonjolineros.

En este momento en Huetamo, justo en plena temporada de la llegada de la huilota del Canadá, de la misma forma que lo hace la mariposa monarca en el Oriente, lejos de que esta avecilla tenga algún práctico sentido turístico, como sucede con tales mariposas, en toda la cuenca del Balsas sigue siendo brutalmente perseguida y no faltan a diario los güiloteros que bajan del cerro con docenas de ellas para ser vendidas en quince o 20 pesos, mientras que guisadas en diferentes formas en cualquier fonda o restaurante, se cotizan entre los 30 y 50 pesos el plato.

Sin leyes que hagan respetar a las huilotas

Lamentablemente no existen sanciones por parte de las autoridades municipales, estatales y federales para preservar la emigración de estas aves que son cazadas o envenenadas, por lo que no vendría a mal que se impongan severas sanciones contra la caza indiscriminada de las huilotas, como la hay con la exterminación de especies como el venado, jabalí, la iguana, el tetello, víbora de cascabel, los zorros, los patos, los pericos, cotorros y guacamayas, aunque especies como el caimán, el jaguar y la onza, al parecer ya se fueron del entorno huetameño.

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