Sábado 25 Octubre de 2014
 
San José Purúa: la puerta al paraíso está cerrada
Ricardo Rojas Rodríguez, Enrique Vilchis
Domingo 21 de Agosto de 2011 • Enviar nota    • Imprimir

San José Purúa, Michoacán.- La puerta al paraíso está cerrada. El futuro de San José Purúa, que en sus mejores tiempos fue el hotel-balneario número 1 en el país, es incierto. Sin embargo, las esperanzas y los sueños de los habitantes de este municipio aún están fincados en que, como el Ave Fénix, algún día su grandeza resurja de sus cenizas.

Y es que el paraíso sigue ahí. Olvidado, deteriorado, con las huellas del descuido marcadas como cicatrices. Pero ahí está, con su exuberancia semitropical que pinta la cañada de verde intenso, de azul, de rojo, de amarillo… Las miles de flores que perfumaron a la interminable fila de visitantes nacionales y extranjeros siguen ahí.

Como lo fue para Angangueo la mina; para Ciudad Hidalgo y Ocampo el bosque, y para Zitácuaro el comercio, para Jungapeo San José Purúa fue su fuente de trabajo más importante. Prácticamente, su razón de ser.

En los mejores tiempos, de las décadas de los 50, 60 e, incluso, 70, del siglo pasado, el hotel-balneario generaba hasta 500 empleos directos y un número indeterminado de indirectos.

Cuando cerraron las puertas de San José Purúa, al principio de la década de los 90 del siglo XX, la economía del municipio se colapsó. Sólo se recuperó cuando, por esos años comenzó a consolidarse la producción de la guayaba.

El fruto, que comenzó a conquistar mercados nacionales por su calidad y precio, brindó fuentes de empleo para las familias jungapenses. Hoy, sin embargo, no es suficiente. A falta de oportunidades, la reapertura del hotel-balneario es vista con esperanza.



La decadencia



La crisis de San José Purúa comenzó con la falta de mantenimiento. El dueño, Jorge Enríquez Guzmán, ya no tenía la edad ni el interés de conservar las instalaciones, lo que generó un deterioro evidente que alejó al turismo de alto nivel.

Sus nietos tomaron la estafeta y adquirieron un crédito con el ya desaparecido Banco de Crédito Rural (Banrural), por siete millones y medio de dólares. Era el principio de la década de los 90.

El dinero sería utilizado para remodelar totalmente San José Purúa, a fin de que las instalaciones se modernizaran y recobraran su antiguo esplendor. Con este motivo, se cerró el hotel, que nunca volvió a abrir sus puertas.

Sin embargo, hay versiones de ex trabajadores que indican que el dinero del crédito no se invirtió en su totalidad en la obra. En 1996, la remodelación estaba al 90 por ciento. No obstante, ya no había recursos para continuar con los trabajos y los dueños se negaron a abrir nuevamente el hotel, por lo que no había ingresos para seguir adelante.

A partir de entonces, San José Purúa funcionó solamente como balneario. Pero las entradas no eran suficientes. Y como el crédito no se pagó, Banrural embargó las instalaciones y las puso en depósito de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Durante muchos años ha habido una indefinición sobre la propiedad de San José Purúa, lo que propició que dos de las albercas sigan abiertas al público. Pero la gente ya no viene. Los ingresos son tan pocos que apenas alcanzan para pagar a los siete empleados que dan mantenimiento a parte de las instalaciones, sólo para que no se deterioren más.



La licitación



Hace poco más de un mes, el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) dependiente de la SHCP anunció la subasta de las instalaciones de San José Purúa por 32 millones 935 mil pesos, el equivalente a dos millones de euros.

Sin embargo, no es la primera vez. Anteriormente se ha intentado subastar, sin éxito. En esta misma ocasión no hubo postores y la propiedad sigue sin venderse. Todo indica que nadie está interesado en invertir en el paraíso.

Mario Espinoza Nateras, interventor de la caja de San José Purúa con funciones de administrador, quien está al tanto del proceso, señaló que nadie quiso ni siquiera comprar las bases de la subasta, que tenían un precio de mil 500 pesos.

“Es muy triste que la región Oriente, la más olvidada del estado, se haya quedado sin San José Purúa”, lamenta Espinoza Nateras. Agrega que los empleos que el hotel-balneario pueda generar son muy necesarios.

No sólo se trata de los trabajadores que pudieran ser contratados por el hotel, sino de la actividad que se generaría en torno al turismo que llegaría a este lugar, como en el pasado.

Agrega que la agricultura y, en especial, la guayaba, ha sacado adelante a Jungapeo. Pero el problema es que cuando hay una granizada o inundaciones como las de febrero de 2010, que arrasaron cientos de hectáreas, “el campo muere”. Por eso es que se requiere de San José Purúa.



El proyecto



El rescate de San José Purúa es una prioridad para la administración municipal de Jungapeo, encabezada por Francisco Javier Ayala. El Cabildo ha buscado alternativas para que, ante la falta de inversionistas, se puedan “bajar” recursos para rehabilitar y reabrir el hotel-balneario.

De hecho, el Cabildo ha acordado respaldar la iniciativa que reabra San José Purúa. El proyecto es que la Secretaría de Turismo Federal, a través de Fonatur (el fondo para proyectos turísticos) haga la inversión de los aproximadamente 36 millones de pesos que se necesitan para rehabilitar las instalaciones.

La figura jurídica que permita reabrir San José Purúa no se sabe. “Eso se lo dejamos a los abogados”, señala Espinoza. Lo que queremos es que se haga y el hotel pueda, como en sus buenos tiempos, reabrir las puertas.

Es un sueño, pero es posible que haya una respuesta positiva, porque las negociaciones ya van avanzadas. Es decir, agrega el entrevistado, “estamos hablando de algo que será realidad a mediano plazo”.

Y mientras sigue prendida la llama de la esperanza, San José Purúa duerme orgullosa. Si se pone atención, envuelto en el viento que baja de la ladera al río y vuelve a subir, aún se puede escuchar el murmullo del bullicio de turistas de todas partes del mundo que venían a este lugar a divertirse, a descansar y a disfrutar de la pródiga naturaleza de estas tierras.

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Como lo fue para Angangueo la mina; para Ciudad Hidalgo y Ocampo el bosque, y para Zitácuaro el comercio, para Jungapeo San José Purúa fue su fuente de trabajo más importante. Prácticamente, su razón de ser.
Como lo fue para Angangueo la mina; para Ciudad Hidalgo y Ocampo el bosque, y para Zitácuaro el comercio, para Jungapeo San José Purúa fue su fuente de trabajo más importante. Prácticamente, su razón de ser. (2011-08-21)


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