Miércoles 23 Julio de 2014
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Cubierta la educación básica para indígenas de Michoacán
La educación indígena que se ejerce en Michoacán atiende la demanda de las comunidades purépecha, náhuatl, otomí y mazahua
Benjamín Álvarez Mendoza
Jueves 19 de Noviembre de 2009 • Enviar nota    • Imprimir

Morelia, Michoacán.- Pese al difícil acceso a las zonas marginadas del estado y a la uniformidad del plan de estudios en todo el país, la educación indígena está cubierta en el nivel básico entre el 90 y el 99 por ciento, destacó el director de Educación Indígena de la Secretaría de Educación del Estado (SEE), Gerardo Alonso Méndez.

Afirmó que desde su creación en 1978, la educación indígena se ejerce en Michoacán con la finalidad de atender la demanda de las comunidades purépecha, náhuatl, otomí y mazahua, estableciendo escuelas de educación básica, sin embargo estas prácticas datan desde 1940, pero de manera informal, es decir, a manera de instancia.

Mencionó que en el nivel inicial se han atendido 26 municipios en niños y 24 en padres de familia, con una población de 4 mil 270 de los primeros y 4 mil 674 personas de los segundos que han finalizado sus estudios, mientras que a nivel preescolar se atienden a 25 municipios, con un total de 11 mil 237 personas que han terminado y finalmente, en el nivel primaria se atiende a 23 municipios con una cantidad de 25 mil 354 personas que llegan al fin de cursos.

Por lo tanto, en el periodo de 2009-2010 existe un padrón de 41 mil 924 niños que se atienden, 400 jóvenes y 5 mil 843 adultos dentro de los diferentes niveles antes mencionados.

De lo anterior se desprende el hecho de que se ha cubierto la educación básica en un 99 por ciento, empero, en cuanto a la secundaria, se da una deserción de aproximadamente 10 por ciento en la continuidad de los estudios, aunque este nivel educativo ya no compete a la Dirección de Educación Indígena de la SEE, pues los encargados son las telesecundarias.

Por su parte, en los niveles medio-superior y superior, hay mayor deserción de población escolar indígena, de alrededor del 40 por ciento, pues debido a que las universidades están concentradas en algunos puntos del estado, como Morelia y Uruapan, entre otros, las familias de los jóvenes apenas sobreviven económicamente, por lo que es difícil que puedan mantener la secuencia de sus estudios.

Factores de deserción

Y es que entre los factores contra los que se lucha por la educación, ya sea desde el nivel de preescolar y primaria, hasta el de secundaria, están los factores políticos, los cuales señaló que no bastaba mandar maestros si no iban acompañados de apoyos en infraestructura; en lo social, no se le da el significado a la escuela pues se le ve como una “pérdida de tiempo”, puesto que es difícil que se logre la profesionalización o porque no se puede incursionar en el ámbito laboral de instituciones ya que no se encuentra cerca de ellos; de igual manera, en cuanto al factor cultural es complicado convencerlos de ir a la escuela, pues hay tabúes, como el privilegio de los hombres por encima de las mujeres, o en el caso de los niños, porque se enrolan en otras actividades desde temprana edad, por ejemplo, ayudar en el campo, que se ve como apoyo a la familia para contribuir en el mantenimiento de ésta.

Asimismo, la falta de recursos económicos complica la situación, pues el interés por continuar los estudios se pierde o se limita e inmediatamente entran en el rol de engrosar de filas de jornaleros, o en otros casos se recurre a la alternativa de buscar el “sueño americano” en Estados Unidos.

Además, en la cuestión concreta de que el nivel de secundaria no está aún contemplado por la Dirección de Educación Indígena de la SEE, de manera que no hay continuidad en el estudio de la lengua y la cultura propia.

Requisitos de los maestros

De lo anterior, comentó que por ley, los maestros dirigidos hacia esta parte de la población deben tener un dominio oral y escrito de al menos una lengua indígena, ya que se trabaja con niños que crecen con ésta, de forma que el español es introducido al entrar a la escuela.

Sin embargo, esto es una inserción nueva, pues antes era una necesidad, pero ahora está reglamentado por la ley, aunque algunos maestros han presentado resistencia al aprendizaje de estas lenguas, pues sucede que no la estudian pero quieren el trabajo, mientras que ahora algunos jóvenes poseen el dominio de la lengua, pero las mismas gentes se resisten discriminatoriamente a que una persona no indígena sea designado, aunque esto también se da por parte de las personas mestizas en relación con los indígenas.

Por lo tanto, las personas designadas para dar clases en estas comunidades necesitan una preparación previa en la Universidad Pedagógica Nacional, ya que el Plan 90 -llamado así porque se conformo en 1990-, especifica que es requisito.

De lo anterior se desprende que existe una modalidad de evaluación con preferencia para ocupar estas plazas a los normalistas que cumplan con los requisitos mencionados, pues se trata de valorar la lengua y la cultura de comunidades, además de que hace entre 6 y 8 años atrás no había maestros con tales características, ya que sólo se formaban en capacitaciones en las normales superiores.



Uniformidad del sistema educativo



Por otra parte, la dirección sólo reproduce el programa de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el país, y por ende, uniforme para todos los sistemas de educación básica, de manera que no se contemplan los aspectos culturales propios de cada etnia, sin embargo, el acuerdo internacional firmado por México en los años noventa, redactado por la Organización Internacional de Trabajo (OIT) contemplaba una ley para los derechos lingüísticos y desarrollo multicultural de las comunidades indígenas.

Finalmente, Gerardo Alonso, concluyó diciendo que hay que “dar continuidad en educación indígena desde la lengua y la cultura propia desde la educación inicial, preescolar y primaria, y hoy se busca tener espacios para secundaria y bachillerato, ya que sin éste, no tendría razón de ser la Universidad Indígena Intercultural”.



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La falta de recursos económicos complica la situación, pues el interés por continuar los estudios se pierde o se limita e inmediatamente entran en el rol de engrosar las filas de jornaleros.
La falta de recursos económicos complica la situación, pues el interés por continuar los estudios se pierde o se limita e inmediatamente entran en el rol de engrosar las filas de jornaleros. (2009-11-19)


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