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en Monterrey
Miles de seguidores despiden a Celso Piña, entre porras y vítores
Redacción Sábado 24 de Agosto de 2019
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Monterrey, Nuevo León.- En su despedida de esta tierra, el acordeonista Celso Piña Arvizu recorrió calles de la colonia Independencia, el barrio bravo al que siempre estuvo unido, y desde donde hoy, sus residentes entristecidos le dijeron adiós.

El Rebelde del acordeón al morir tenía 66 años
El Rebelde del acordeón al morir tenía 66 años
(Foto: Especial)

Según proceso.com.mx, el féretro del músico, fallecido de un paro cardiaco el pasado miércoles en un nosocomio de la localidad, fue transportado poco antes de las 12:00 horas de Gayosso Capillas Marianas, de esta localidad, a la Basílica de Guadalupe, ubicada en el populoso barrio de La Indepe, donde era esperado por miles de seguidores.

La Tuna Récords, la casa productora que lo representaba, instaló un toldo en el exterior del recinto católico, donde un grupo entonó algunas de las melodías que inmortalizó El Rebelde del acordeón, que al morir tenía 66 años, y proyectos inconclusos para efectuar duetos con diversos artistas.

El féretro ingresó cargado por personal de la funeraria, y fue custodiado por uniformados de la policía estatal Fuerza Civil y de Protección Civil de Monterrey que ayudaron a hacer una brecha entre los presentes para colocarlo en el centro de la basílica.

En su breve paso hacia el interior, Celso fue acompañado por porras y vítores.

Ahí fue abierto el cajón color café donde yacía el Cacique de La Campana, enfundado en una camisa tropical, blanca su gran barba, y aún portando su reloj dorado.

Su esposa Juany Ortiz y su hermano Rubén se colocaron junto al féretro para escuchar el mensaje del sacerdote Juan José Martínez, Padre Juanjo, reconocido en la localidad por su presencia constante en programas de variedades.

Expuso el párroco, emocionado: “Celso se fue en paz. No preparó a nadie, pero, sin embargo, de alguna manera nos preparó a todos. Porque con cada cosa que él hacía tenía un objetivo claro: hacer que los demás vivieran. Sabemos, como muchas veces él lo interpretó, que los caminos de la vida son difíciles, no son como pensamos. En ningún momento pensamos que iba a ser así la partida, sin embargo, bendito sea Dios, estoy seguro que ustedes no querían verlo sufrir. Y hoy hay que decirle adiós y gracias por la vida”.

Sus palabras fueron rubricadas por un gran aplauso de los seguidores y familiares que se congregaron.

A un lado del féretro, Rubén, vestido con playera negra que llevaba el nombre de Celso Piña, en un acordeón, solamente movía la cabeza, resignado.

Al finalizar la misa, el ataúd demoró una hora en salir de la Basílica, debido a que los presentes se acercaban para estirar la mano y tocarlo.

La carroza, entonces, con los restos mortales de Piña Arvizu, subió hasta el Cerro de la Campana, al sur de la ciudad, donde tenía su casa, acompañado de coches de seguidores y de medios de comunicación.

Frente a la casa de su hermano, Rubén tomando una cerveza, escuchaba a músicos que cantaba “Como El Viento”, una de las canciones con las que Celso se dio a conocer en todo México, junto con su grupo, La Ronda Bogotá.

Se espera que el cuerpo de Celso regrese a la capilla de donde salió para que sea cremado.