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Menos del 10% de las piezas del Museo Nacional de Río de Janeiro se han salvado
Redacción Martes 4 de Septiembre de 2018
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Río de Janeiro, Brasil.- Dos días después del incendio que destruyó el Museo Nacional, el más antiguo de Brasil, en Río de Janeiro, las autoridades y los investigadores del centro todavía no tienen respuestas. Ni sobre qué piezas se salvaron —la esperanza es baja, no más de un 10%—, ni tampoco sobre las causas del fuego, que se investigan. Pero hay una suerte de consenso sobre el culpable: el bajo presupuesto de la institución como producto de la negligencia de sucesivos gobiernos hacia la cultura y la ciencia nacional.

Los bomberos buscan entre las cenizas del museo de Río
Los bomberos buscan entre las cenizas del museo de Río
(Foto: Especial)

El Gobierno de Michel Temer promete ahora destinar 10 millones de reales (2,1 millones de euros) para un plan de emergencia. El dinero deberá asegurar de forma urgente la seguridad y la estructura del edificio para evitar robos y preservar lo salvado. Si esta cifra está disponible, ¿por qué el museo ha recibido del Gobierno Federal menos de 500.000 reales (100.000 euros) anuales desde 2014 para su mantenimiento? Este año estaban previstos solo 205.821 reales (43.000 euros), menos de la cantidad anual destinada a lavar los coches de los diputados de la Cámara baja en Brasilia o el mensual destinado a mantener el palacio presidencial, cerrado desde la caída de Dilma Rousseff.

“La destrucción del Museo Nacional es un desastre descomunal y representa un símbolo de ese Brasil que arde en llamas. No cuidar de un patrimonio como ese es señal de que el país anda triste y desorientado”, sentenció ayer la historiadora Lilia Schawarcz. El incendio ha llevado la mirada hacia otras instituciones en estado precario en todo el país, desde parques arqueológicos a sitios reconocidos por Unesco.

Los retos no son pocos para salvar una institución de 200 años y el principal centro de investigación y museo de historia natural y antropología de Latinoamérica, con la quinta mayor colección del mundo. El lunes, mientras intentaban salvar minerales raros de la época de la familia imperial, el profesor Renato Rodriguez Cabral Ramos, del sector de geología y paleontología, se lamentaba: “Teníamos varias piezas de culturas indígenas brasileñas y de Oceanía. Eso ya no existe, es irrecuperable”. También parece haberse perdido la memoria guardada en el archivo, las momias egipcias, el sector de lingüística y la colección única de insectos extintos también han quedado reducidos a cenizas. “Afortunadamente nuestra producción es muy intensa, entonces no todo el conocimiento está perdido. Sí, perdimos muchas piezas, pero fueron estudiadas y los análisis están publicados en artículos y libros”, ponderaba el profesor Cabral Ramos.

Cristiana Serejo, vicedirectora del Museo Nacional, cree que solamente un 10% de toda la colección se salvó. Entre las piezas más conocidas está el cráneo de Luzia, el fósil humano con más de 12.000 años encontrado en Brasil. Hay esperanza de hallarlo toda vez que esta y otras piezas importantes estaban en armarios de acero y en cajas fuertes. Este martes los bomberos encontraron un cráneo, pero no se sabe si efectivamente es de Luzia. La investigadora recuerda que algunos sectores estaban ubicados en otros edificios, como el de vertebrados, de botánica y una biblioteca. Muchos documentos también están guardados en ordenadores y en la nube. El reto ahora es mantener las investigaciones y, con lo que quedó, construir otro museo. “He llorado bastante, pero lo vamos a conseguir”, dice Serejo.

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