Municipios

En el olvido, cerca de 150 familias de asentamiento irregular en Uruapan
>>La barranca de La Bolita está situada en la colonia Francisco J. Múgica
Grecia Ponce Martes 28 de Agosto de 2018
A- A A+

Uruapan, Michoacán.- En el olvido se encuentran unas 150 familias que residen en el asentamiento irregular situado en la llamada privada Ricardo Flores Magón, más conocida como la barranca de La Bolita, en el norte de la ciudad.

De ellas, 50 habitan en viviendas a punto de colapsar, las cuales resultaron con daños estructurales, luego de la inundación del primero de septiembre del 2016, cuando la fuerza del agua, piedras, troncos y lodo que bajó del cerro de La Cruz, cubrió los techos de viviendas de dos plantas y fracturó paredes y lozas de más de 30 casas.

Esta barranca situada en la colonia Francisco J. Múgica, es uno de los desagües naturales del cerro de La Cruz, el cual hace más de 30 años fue invadido por personas que alegando tener necesidad de vivienda, ahí comenzaron a vivir.

La barranca diseñada por la naturaleza para captar agua se llenó de líquido y por un registro enorme
La barranca diseñada por la naturaleza para captar agua se llenó de líquido y por un registro enorme
(Foto: Grecia Ponce)

Con los años, fueron construyendo casas de cemento y ladrillo, traspasando los lotes y pavimentando lo que era una de las gargantas naturales del mencionado cerro.

Como nadie los retiró de los márgenes del fondo de este barranco, prosperaron y se multiplicaron hasta que hace poco más de 25 años la remodelación de la calzada Benito Juárez (una de sus restauraciones periódicas) rompió el frágil equilibrio, la tierra se abrió frente donde hay locales, cuyo establecimiento también tienen origen en la invasión y se tragó a un auto de la marca Volkswagen.

La barranca diseñada por la naturaleza para captar agua se llenó de líquido y por un registro enorme, que ahora está taponeado por un negocio de lavado de autos, la corriente arrastró colchones, refrigeradores y toda clase de enseres domésticos.

La gente que se asentó en un lugar no apto para vivienda culpó entonces la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), que tuvo a su cargo la obra de la calzada Benito Juárez.

Décadas después los incendios forestales de abril del 2016, que arrasaron con la mayor parte del bosque del cerro de La Cruz, tuvieron consecuencias inesperadas al arreciar la temporada de lluvias.

50 regresaron a viviendas a punto de colapsar, que desalojaron tras la catástrofe del primero de septiembre del 2016
50 regresaron a viviendas a punto de colapsar, que desalojaron tras la catástrofe del primero de septiembre del 2016
(Foto: Grecia Ponce)

Al no haber pinos que retuvieran el suelo, se generaron deslaves que afectaron a unas 31 colonias, entre ellas las situadas en las faldas del cerro que la naturaleza diseñó como pulmón de Uruapan y no como fraccionamiento.

Unas 30 familias lo perdieron todo y sólo recuperaron algunos electrodomésticos y camas y colchones, que les proporcionó el gobierno estatal.

Como resultado de ese desastre, unas 50 familias tuvieron que dejar sus casas, cuyas paredes y techos fracturó la gran cantidad de agua que buscaba salida; pero poco a poco han ido regresando y están reconstruyendo lo que en cualquier momento podría derrumbarse de nueva cuenta.

Los habitantes de la barranca de La Bolita, el asentamiento irregular conocido como privada de Ricardo Flores Magón, a dos años de lo ocurrido han ido reconstruyendo el fondo del barranco que utilizan como calle y realizado obras que el Ayuntamiento se ha adjudicado, según dijeron, para prevenir nuevos desastres.

Dicen que los gobiernos estatal y municipal los han dejado solos y que ellos han aportado materiales y mano de obra para recuperar su vida cotidiana, colocando un enorme peine, en la parte alta de la barranca. Esto a fin de atrapar los desechos que taponean los pequeños tubos que funcionan como drenaje pluvial.

Cabe destacar que recién ocurrida la contingencia, el gobernador Silvano Aureoles reconoció que la única solución definitiva para esas familias era reubicarlas, a lo que varias de ellas se resistieron y ya cuando otras consideraron esa posibilidad, la propuesta de reacomodarlas cayó en el olvido.

Lo que pasa es que realidad no hay un lugar a dónde trasladar a esa gente, que entre drenajes a cielo abierto y malos olores, se aferra a lo providencial, cada vez que este sitio se inunda.