Letras

La vida como una aventura y la literatura como una vida intensificada, Ernest Hemingway.
Ernesto Hernández Doblas Viernes 20 de Julio de 2018
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La vida como una aventura y la literatura como una vida intensificada, ése fue uno de los signos que identificaron a Ernest Miller Hemingway.

El escritor norteamericano nació un 21 de julio de 1899 y fueron la novela y el cuento los géneros en los que desarrolló principalmente su talento, aunque también tuvo acercamientos con el periodismo.

Ernest  Hemingway.  participó con intensidad en las festividades taurinas de San Fermín
Ernest Hemingway. participó con intensidad en las festividades taurinas de San Fermín
(Foto: Especial)

En 1953 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura por su obra, la cual se compone por siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos, además, de manera póstuma se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos.

El estilo de Ernest Hemingway sobrio y directo pero no adolece por ello de sensibilidad al hacer un retrato vivo de diversas situaciones enmarcadas siempre por el vitalismo.

Es decir, el reflejo de una sed de vida que sus personajes y paisajes retratan, tal como puede leerse en El viejo y el mar, novela que junto a Por quién doblan las campanas le hizo alcanzar popularidad en el mundo de las letras.

En cuanto a la primera, tiene su desarrollo en Cuba, sitio en donde el estadounidense se encontraba al escribirla, usando para ello los paisajes a su vista.

La historia de sencilla pero llena de emotividad por medio de sus dos personajes principales, un pescador de 84 años y un joven llamado Manolín.

Todo; escenarios y personajes, se convierte en una alegoría de las fuerzas que animan no sólo a lo humano sino a la naturaleza misma para seguir hasta el último aliento con la danza de la existencia

La guerra civil española es el tema principal de Por quién doblan las campanas, y de la misma forma el literato se encontraba cubriendo los hechos como periodista y al mismo tiempo elaborando su texto.

En la novela mencionada también Ernest Hemingway va de lo personal a lo general en cuanto a que la historia es al mismo tiempo reflejo de lo acontecido e imagen de lo interpretado a través de los ojos del estadounidense.

Es de traer a la memoria las palabras del poeta inglés John Donne, ya que de ellas surge el título del libro que se comenta: "La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti".

De la biografía del escritor cuyo natalicio se conmemora este sábado puede decirse mucho porque tuvo una vida tumultuosa hasta el fin de sus días que determinó concluir por medio del suicidio.

La personalidad de Ernest Hemingway buscaba en todo momento el riesgo, la aventura, la vitalidad, el enfrentamiento directo con la médula de la que se compone el tiempo y las circunstancias.

Estuvo en Cuba en donde es afectuosamente recordado, pero también en África, en París y en España donde también ha dejado una huella profunda.

Y es que la búsqueda mencionada, lo llevó a considerar con gran aprecio a las corridas de toros que frecuentó especialmente en la llamada Madre Patria.

Se hizo amigo cercano de varios toreros, apoderados y ganaderos lo que a su vez lo llevó a estar cerca del arte de la tauromaquia y dejar huella bello en sus novelas Muerte en la tarde y Fiesta de la misma forma que en su ensayo Verano Sangriento.

Pero también participó con intensidad en las festividades taurinas de San Fermín, corriendo delante de los encierros como tradicionalmente desde hace varias décadas se lleva a cabo en Pamplona, España convirtiéndose hasta la fecha en un icono de las mismas.

De 1923 a 1931 asistió cada año a los sanfermines, dándose una interrupción para retomar sus visitas de 1953 a 1959.

Respecto a la tauromaquia en general escribió: "Es moral lo que hace que uno se sienta bien, inmoral lo que hace que uno se sienta mal. Juzgadas según estos criterios morales que no trato de defender, las corridas de toros son muy morales para mí".

Así pues, Ernest Hemingway vivió y escribió como pidió el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su libro Así habló Zaratustra, es decir con sangre, es decir con espíritu.

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