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Huetamo
Preparan la celebración del Santo Niño de Atocha
Ángel Ramírez Ortuño Jueves 24 de Mayo de 2018
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Grupos de personas preparan con esmero los ensayos de la popular danza de “Las Pastoras”.
Grupos de personas preparan con esmero los ensayos de la popular danza de “Las Pastoras”.
(Foto: Ángel Ramírez Ortuño)

Huetamo, Michoacán.- Ante el ya cercano arribo de la celebración anual religiosas del Santo Niño de Atocha, en varios puntos de la ciudad de Huetamo, como el barrio de El Toreo, barrio de Dolores y en la tenencia de Cutzio, grupos de personas preparan con esmero los ensayos de la popular danza de “Las Pastoras” para festejar en grande esa ocasión en la que para tal fin se debe de contar con un grupo de música tradicional, un maestro de baile y otros requisitos que requieren del empleo de tiempo y esfuerzo, y sobresale el empeño que cada año pone frente a estos compromisos, justamente la tortillería “Santo Niño”, patrocinadora de una de las danzas que bailaran a lo largo de todo el día del jueves 31 de mayo.

Interesados en conocer un poco más sobre la historia del “Santo Niño de Atocha”, se señala que éste tiene su santuario principal en Plateros, Mpio; de Fresnillo, Zacatecas, y otro en la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha en Madrid, España, y sobre su historial se explica que durante el siglo XIII, España estaba bajo el dominio de los musulmanes y que la ciudad de Atocha fue invadida por los musulmanes, que encarcelaron a los cristianos, y que los cristianos fueron castigados seriamente y tuvieron prohibiciones estrictas; a los prisioneros se les negó la comida por sus creencias, de tal forma que solo a los niños menores de 12 años de edad se les permitía llevarles comida.

Se señala también que las mujeres de Atocha sabían que la mayoría de las personas en las cárceles no podrían sobrevivir en esas condiciones, por lo que oraban ante la imagen de Nuestra Señora de Atocha, pidiéndole que abogara ante su hijo Jesucristo para que éste les ayudase, y corrió un rumor entre la gente de Atocha, de que un niño menor de doce años había comenzado a llevar comida a los presos sin hijos, el niño estaba vestido con ropas de peregrino y los guardias que le permitieron alimentar a los presos descubrieron sorprendidos que ni los alimentos de la cesta ni el agua de la jarra del niño se agotaban, y así surgió esta creencia que de España brincó a México y con fuerte arraigo también entre los mineros.