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Huetamo
A volar pinocho es un libro que descubre la vida del piloto Miguel Carrillo Ayala
* Servando Rueda casares permite conocer más datos del personaje
Ángel Ramírez Ortuño Martes 24 de Abril de 2018
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Rueda Casares señala que Carrillo Ayala llegó a Zitácuaro siendo un niño de diez años de edad.
Rueda Casares señala que Carrillo Ayala llegó a Zitácuaro siendo un niño de diez años de edad.
(Foto: Ángel Ramírez Ortuño)

Huetamo, Michoacán.- En entrevista con el escritor Servando Rueda Casares, originario de Zitácuaro y presente en Apatzingán en calidad de cronista municipal, permitió conocer desconocidos datos de un personaje llamado Miguel Carrillo Ayala, nacido en Agostotitlán, un pequeño lugar del Oriente de Michoacán, en aquel entonces perteneciente al municipio de Tuxpan, y rodeado de arroyos, ríos y montañas, un día 8 de julio de 1908, pero que en la actualidad tal comunidad pertenece a Ciudad Hidalgo, se explica en el historial biográfico de este personaje que trascenderá en la historia de la aeronáutica mexicana tiempo después.

Rueda Casares señala que Carrillo Ayala llegó a Zitácuaro siendo un niño de diez años de edad, y que para los años 30 era ya un joven de baja estatura y complexión delgada, inteligente, comunicativo, audaz y curioso a más no poder, y quien desde niño escuchara el cuento de “Pinocho”, lo que se le grabó en la mente, y dado que desde pequeño anunció que un día construiría un avión, y pasado el tiempo no cumplía su promesa, le adjudicaron tal apodo, y sucede que para 1934 muere su señor padre Don Avelino Carrillo, fotógrafo de profesión, quien le hereda una casa en Zitácuaro, la que venderá para financiar su proyecto aéreo.

Apoyado en unos planos que encontró en la revista “Mecánica Popular”, y escrita en inglés, idioma que desconocía, por lo que recurre al apoyo de la Güera Salma, una maestra de inglés a quien Carrillo Ayala enamora, y así logra vencer tal obstáculo para seguir adelante en su propósito de construir un aeroplano, y apoyado por un grupo de jóvenes soñadores de Zitácuaro sigue aquel sueño, y para ello comprará el motor de un camión de carga que adaptara a un fuselaje rústico, todo ello en el año de 1936, tiempo en que era frecuente escuchar en Zitácuaro el ronroneo de un artefacto, señal de que surgía aquella extraña nave voladora.

De aquel primer vuelo que realizara Carrillo, se describe que partió de la zona norte de la ciudad de Pátzcuaro, ante el asombro de propios y extraños y enfiló rumbo a la capital del país, y más tarde aterrizaba en Villa del Carbón, pintoresca población de Estado de México, ante el asombro de los lugareños, y ahora si tras remontar el vuelo arriba al aeropuerto de Balbuena, en la capital del país, y hoy sede del Aeropuerto Internacional, y ahí lo esperaba su esposa Damaris y su tía Soledad, así como un grupo de reporteros y fotógrafos que dan fe del histórico acontecimiento de ese avioncito llamado “Pinocho”, que había realizado su primer gran vuelo, lo que le permitiría con el tiempo alcanzar el grado de capitán piloto aviador.

Allá en Apatzingán, cronistas de diversos municipios de Michoacán seguimos con atención aquella charla y presentación de este libro, de cómo vino un acercamiento con el Gral. Cárdenas, quien lo contrató para hacer vuelos entre Zitácuaro y Morelia, y después el citado avión estuvo expuesto en el Museo Cuarte El Colorado, allá en Guadalajara, Jalisco, pero el piloto, después de dejar Zitácuaro radicó en Baja California Sur, donde falleció un día 14 de junio de 1965, y dada la importancia de su aportación a la aviación de México, se le recuerda como un gran personaje, y con este libro aleccionador despertó el interés de la crónica michoacana para investigar mayores detalles del constructor de Pinocho.