Morelia

De chile, carne y dulce, los tamales de Doña Tere
Josafat Pérez Viernes 2 de Febrero de 2018
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Morelia, Michoacán.- Fecha en la que por tradición católica se “levanta al niño dios” y llevan la efigie al templo para ser bendecida, rito alusivo a la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén y la “purificación” de la virgen, el día de la Candelaria se volvió un referente por el agasajo culinario que deben pagar a quienes les tocó “el niño” en la rosca de Reyes, a saber, el atole y los tamales.

Pese a ser la colonia Vasco de Quiroga, en las inmediaciones y el sótano del templo de La Inmaculada, un lugar de venta de tamales para esta celebración, Cambio de Michoacán encontró a la mayoría de familias y personas dedicadas al oficio trabajando a puerta cerrada y, a diferencia de otros años, pocos vecinos accedieron a la entrevista.

La señora Barrera refiere que la preparación para “el mero día”, inicia en la madrugada al poner el maíz para la masa, puesto que “mucha gente compra la masa y le agrega Maseca, entonces no quedan bien”.
La señora Barrera refiere que la preparación para “el mero día”, inicia en la madrugada al poner el maíz para la masa, puesto que “mucha gente compra la masa y le agrega Maseca, entonces no quedan bien”.
(Foto: Héctor Sánchez)

La excepción fue la señora Teresa Barrera Hernández, quien al igual que el año pasado abrió la puerta de su casa a este medio para mostrar el proceso de elaboración y platicar sobre la venta del producto.

“El negocio ha ido creciendo poco a poco, igual que tamales vendemos pozole, enchiladas, gorditas. Desde que mis hijas estaban chicas vendí en la esquina, y también afuera del Salesiano, ahí dejábamos nuestra buena cooperación para el templo”, comenta al estimar que entre diez familiares harán y venderán cerca de dos mil tamales durante el día.

Sus hijas y sobrinas trabajan en la preparación, ya sea para surtir pedidos a escuelas y dependencias o para vender por menudeo al consumidor eventual.

“A las cinco de la mañana empezaron a trabajar, pero desde antier andaban trayendo cosas del mercado y ayer, poniendo el nixtamal… Es muy laborioso esto, es bonito pero laborioso”, señala al mencionar que hay de fresa, limón y piña, pero los de chile verde y rojo tienen mayor demanda.

En el negocio familiar rotulado como Doña Tere, ubicado en Cobreros de Santa Clara casi esquina con Colcheros de Parangaricutiro, los fines de semana venden diversos tipos de cena, que van de corundas rellenas a mole y antojitos tradicionales, pero en temporadas de frío y para el Día de la Candelaria ofrecen tamales.

“Cuando era niña yo recuerdo que las personas que vendían no querían vender mucho tamal de chile, decían que nada más uno en la orden de tres”, dijo al señalar la tradición se ceñía a limitar el consumo de carne, dijo, “aunque eso cambió porque ahora son los que más piden y la gente los vende”.

La señora Barrera refiere que la preparación para “el mero día”, inicia en la madrugada al poner el maíz para la masa, puesto que “mucha gente compra la masa y le agrega Maseca, entonces no quedan bien”. Como requisito indispensable, además de la higiene, está la preparación de las hojas y que la carne sea de primera calidad, “muy bien preparadito para que la gente quede satisfecha”.