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A 40 a√Īos del descubrimiento de Coyolxauhqui, pauta para el proyecto del Templo Mayor
Redacción Viernes 29 de Diciembre de 2017
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Ciudad de M√©xico.- Cuando Coyolxauhqui despert√≥ de un letargo de 500 a√Īos, pareci√≥ regurgitar la frase contenida en los Memoriales de Culhuac√°n: ‚ÄúEn tanto que permanezca el mundo no acabar√° la fama y la gloria de M√©xico-Tenochtitlan‚ÄĚ. La reaparici√≥n de la diosa lunar en 1978, motiv√≥ la resurrecci√≥n del Templo Mayor, desde entonces los cient√≠ficos, ll√°mense arque√≥logos, antrop√≥logos, historiadores, conservadores, no han dejado de revelar aquello que dio prestigio a la cuna de la civilizaci√≥n mexica.

El Proyecto Templo Mayor (PTM), del Instituto Nacional de Antropolog√≠a e Historia (INAH), vino a transformar y materializar lo que pr√°cticamente s√≥lo se conoc√≠a hasta entonces por las fuentes hist√≥ricas. En el D√≠a de la Raza de 1987, una comitiva presidida por el entonces presidente Miguel de la Madrid, inaugur√≥ el espacio que servir√≠a de ‚Äúescaparate‚ÄĚ para esos grandes descubrimientos.

Eduardo Matos, fundador del Proyecto Templo Mayor
Eduardo Matos, fundador del Proyecto Templo Mayor
(Foto: Especial)

Se gener√≥ tal expectativa ‚ÄĒalimentada por los medios de comunicaci√≥n durante nueve a√Īos‚ÄĒ, que el Museo del Templo Mayor super√≥ en su primer a√Īo la cifra de asistencia del Museo Nacional de Antropolog√≠a. Al profesor Eduardo Matos Moctezuma, autor intelectual del PTM, le gusta evocar este r√©cord, que en realidad no es cosa del pasado, pues se estima que en 30 a√Īos de puertas abiertas, ha recibido a cerca de 18 millones 500 mil visitantes.

Es probable que esta cifra tenga un aumento significativo tras la reciente apertura del nuevo vestíbulo al sitio arqueológico y de la exposición conmemorativa Revolución y estabilidad que integra, como alfa y omega, las cuatro décadas del PTM y el 30 aniversario del museo. La muestra alude a una iniciativa de investigación que ha impuesto paradigmas en la forma de abordar el pasado prehispánico y su continuidad como fuente de conocimientos.

Eduardo Matos Moctezuma recapitula lo que representó para la academia, pero también para la memoria colectiva, la creación de un proyecto que arrancó el 20 de marzo de 1978, una vez que las cinco ofrendas en torno a Coyolxauhqui fueron excavadas por un equipo de salvamento arqueológico.

El investigador em√©rito del INAH siempre elude el cr√©dito del hallazgo del Templo Mayor, eso lo deja a Manuel Gamio, quien ya en 1913, en la esquina de Seminario y Santa Teresa (hoy Seminario y Guatemala) encontr√≥ los restos de la esquina sureste del Templo Mayor, as√≠ como una de las cabezas de serpiente del extremo sur de la escalinata de Huitzilopochtli. Por a√Īos, ese fue el espacio que pod√≠a recorrer el visitante del coraz√≥n de la Ciudad de M√©xico, escasos metros comparados con los 12 mil 900 m¬≤ que fueron expropiados para explorar el sitio.

Ni que hablar del Museo Etnogr√°fico que lo preced√≠a, que ostentaba este curioso nombre por las figuras de grupos ind√≠genas modeladas por Carmen Ant√ļnez. Al fondo, como el lugar de nunca jam√°s, aparec√≠a la maqueta del Recinto Sagrado de M√©xico-Tenochtitlan realizada por el arquitecto Ignacio Marquina, reconstrucci√≥n que por a√Īos llegar√≠a a ocupar un lugar preponderante en el Museo del Templo Mayor, hasta la resurrecci√≥n de otra diosa, Tlaltecuhtli, en 2006, a la que cedi√≥ su lugar.

A su manera, el Museo del Templo Mayor, obra arquitect√≥nica que estuvo a cargo de Pedro Ram√≠rez V√°zquez (como lo hab√≠a sido el Museo Nacional de Antropolog√≠a) y Jorge Ram√≠rez Campuzano, bajo la investigaci√≥n de Eduardo Matos y la museograf√≠a de Miguel √Āngel Fern√°ndez, evocaba la dualidad del Templo Mayor.

‚ÄúDe inmediato planteamos c√≥mo estas presencias estaban obedeciendo no s√≥lo a elementos religiosos, de cosmovisi√≥n muy importantes, sino que tambi√©n reflejaban una econom√≠a sustentada en la agricultura y la guerra ‚ÄĒcon la imposici√≥n de tributo a los pueblos sometidos‚ÄĒ, representadas por estos dioses. El Templo Mayor era el axis mundi para los mexicas, y de √©ste part√≠an los cuatro rumbos del universo, materializados en las calzadas que divid√≠an la ciudad.

‚ÄúEst√°bamos en el coraz√≥n del imperio, y eso fij√≥ en mucho nuestro cauce de investigaci√≥n, nuestra metodolog√≠a‚ÄĚ, explica el arque√≥logo.

Nada se dej√≥ al azar. El museo est√° orientado al poniente, al rumbo por donde desciende el sol, al igual que el Templo Mayor; y as√≠ como el edificio prehisp√°nico tuvo una mitad dedicada a Tl√°loc y la otra a Huitzilopochtli, cuatro secciones se destinaron a los aspectos de la deidad de la lluvia y la fertilidad, y las otras cuatro salas, a los atributos de la entidad de la guerra. Una vez que se entra, dice Matos, ‚Äúya no hay salida, quedas cautivo‚ÄĚ.

Con el Caballero √Āguila a sus espaldas, Eduardo Matos recuerda que siendo el primer director del Museo del Templo Mayor, gustaba de recorrerlo y o√≠r las impresiones de los visitantes. En una ocasi√≥n escuch√≥ a un padre decir con orgullo a sus hijos, que √©l hab√≠a estado presente en el descubrimiento de esa imponente escultura. ‚ÄúSin duda, era interesante observar la repercusi√≥n que tuvieron las excavaciones, y c√≥mo la ciudadan√≠a interioriz√≥ todo ese pasado sepultado por siglos.

‚ÄúM√°s de mil 200 publicaciones de todo tipo dan una idea de que estamos en producci√≥n. Tenemos dos equipos de campo, el Proyecto Templo Mayor y el Programa de Arqueolog√≠a Urbana, coordinados por Leonardo L√≥pez Luj√°n y Ra√ļl Barrera Rodr√≠guez, respectivamente; e investigadores aqu√≠ en el museo que son de primer nivel, que han abordado aspectos muy especializados como la manufactura de objetos de concha y de l√≠tica, o los temas rituales vistos desde la osteolog√≠a.

‚ÄúDe manera que el Museo del Templo Mayor ha destacado como un espacio de divulgaci√≥n, porque es ante todo un centro de investigaci√≥n‚ÄĚ.

Las excavaciones frente al Templo Mayor para establecer el nuevo acceso a la zona arqueol√≥gica ‚ÄĒrefiere Matos Moctezuma‚ÄĒ, dieron lugar a la ubicaci√≥n de una serie de vestigios ‚Äúimpresionantes‚ÄĚ. El Cuahxicalco, lugar donde se realizaban las exequias de algunos soberanos mexicas; una especie de arriate que sigue conteniendo los restos de un √°rbol (al parecer un encino) que debi√≥ considerarse divino, y un piso de lajas con s√≠mbolos de la Guerra Sagrada, preceden ahora el recorrido por el sitio.

Luego de atravesar la Plaza Manuel Gamio, el visitante desciende por unas escaleras que le llevan al vest√≠bulo y, por vez primera, tiene una perspectiva inicial a escala sobre las ruinas del Templo Mayor. Lo cual al profesor Eduardo Matos le parece ‚Äúun verdadero acierto‚ÄĚ, ya que adem√°s se puede observar la placa conmemorativa de la inclusi√≥n del Centro Hist√≥rico de la Ciudad de M√©xico, teniendo como axis mundi al Templo Mayor, en la Lista del Patrimonio Mundial.

‚ÄúLas investigaciones han permitido profundizar en los materiales, indagando en las ofrendas (235 encontradas hasta el momento), pregunt√°ndose c√≥mo las acomodaron los sacerdotes, qu√© representan, qu√© simbolizan, en fin; la arqueolog√≠a ha comenzado a aportar una informaci√≥n formidable, contrastando lo que a veces se daba por un hecho con la sola lectura de las cr√≥nicas. El Proyecto Templo Mayor ha brindado un nuevo rostro del mexica‚ÄĚ.