Escenarios

No hay programas sociales enfocados al desarrollo de la creatividad de las personas: José Luis Rodríguez
Omar Arriaga Garcés Jueves 30 de Noviembre de 2017
A- A A+

Morelia, Michoacán.- Es posible que la cultura ayude a cambiar la vida, pero no hay programas sociales enfocados al desarrollo de la creatividad de las personas, indicó José Luis Rodríguez Ávalos, director del Colectivo Artístico Morelia, que este 4 de diciembre cumple 43 años de haber sido fundado.

Tras exponer que las instituciones culturales se dedican sólo a realizar eventos, el escritor y dramaturgo dijo que de acuerdo a la experiencia que desde 1974 tienen los miembros del colectivo en la impartición de talleres y en la enseñanza de artes y tradiciones, la cultura mejora otros aspectos de la vida de la gente, no sólo los relacionados con el conocimiento que aprende, por lo que para transformar la sociedad el rubro cultural precisaría mayor atención, al no ser un simple ornamento.

José Luis Rodríguez Ávalos, director del Colectivo Artístico Morelia
José Luis Rodríguez Ávalos, director del Colectivo Artístico Morelia
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

“Alguna vez logramos recursos para hacer programas interesantes. Sedesol (Secretaría de Desarrollo Social) no aceptaba proyectos de cultura, sólo de cuestiones sociales y económicas o del campo. Les demostramos que si no había apoyo al quehacer cultural no iban a funcionar sus proyectos”, expresó.

La cultura cambia la vida


Hace algunos años muchos apoyos de esa dependencia federal que se destinaban al campo servían para que familias enteras cruzaran a los Estados Unidos, o bien terminaban en los bolsillos de los narcotraficantes, explicó. ¿El motivo? “No había investigación previa”.

Con el apoyo mínimo que la Sedesol otorgó al Colectivo Artístico Morelia, sus miembros acudieron a la Tierra Caliente para trabajar en un programa para jóvenes de secundaria inmersos en las drogas, que habían sido corridos de sus casas o separados de sus planteles educativos: “Convencimos a 25 muchachos y muchachas, y entraron para escribir poesía, narrativa, cuentos, su historia, sus proyectos, su idea de la vida; para bailar música tradicional, tocar algún instrumento como el violín, el arpa o la jarana, o para expresarse a través de la pintura”.

Rodríguez Ávalos apuntó que por más de seis meses el colectivo trabajó con esos muchachos, quienes compusieron sus propias canciones, las bailaron e hicieron su vestuario, porque “la tradición consiste en que no compres las cosas sino en que las hagas”, acotó el también promotor cultural, quien dijo que una vez que se presentaron los resultados, los funcionarios de la Sedesol “quedaron impactados”: “Jamás pensaron que se podía hacer eso con un recurso que era muy pobre”.

Asimismo, señaló que tan sólo durante el primer mes de trabajo con los jóvenes, la mayoría ya había regresado a la escuela, “cambiando su actitud de rebeldía natural a una rebeldía positiva, que daba frutos: obtenían buenas calificaciones, ya no peleaban con la mamá y el papá”, y se mostraban mucho más integrados a su entorno, externó el director del colectivo.

Incluso, el personal de la Federación que no confiaba en el ámbito cultural había reconocido el cambio, que consiste no sólo en la realización de eventos esporádicos que no transforman la cotidianidad de las personas, sino en el desarrollo de la creatividad de los miembros de una sociedad.
“Planteábamos que debía haber un estudio cultural y ver si realmente se aplicarían los recursos millonarios al riego por goteo del jitomate y si no eran para que las familias se fueran a los Estados Unidos”, manifestó.

Con todo, el también locutor y conductor televisivo dijo que la Sedesol no volvió a apoyar al colectivo, por lo que no hubo continuidad en la tarea.

Nulos apoyos, actualmente



No obstante, la asociación hubo de recibir aún otro apoyo por parte del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta, hoy Secretaría de Cultura federal), para realizar labores de rescate de la música tradicional en el municipio de Apatzingán, donde el gruperismo -apoyado por las estaciones de radio y el propio gobierno- había casi borrado del mapa la música de la región.

“Se defendían tanto en las instituciones como música mexicana, pero si fuera así también la Coca-Cola sería mexicana; esa música es comercial cien por ciento, para hacer negocio; además, es salvaje, agrede a las mujeres. Es una música para denigrarlas, diciéndoles que son infieles, prostitutas, porque no quieren andar con un chavo, sin dejarles decidir”, afirmó.
Ahí, las actividades consistieron en formar agrupaciones de niños y niñas que debían aprender de poesía para revisar las canciones existentes y analizar si tenían valor literario; de igual modo, se les enseñaba a tocar el arpa grande, el violín y la vihuela, así como el baile de tabla, sin mencionar que ellos mismos escribían y trataban de recuperar parte del vestuario tradicional que se había perdido, si bien José Luis Rodríguez puntualizó que no existe ya el antiguo vestuario que se usara en la zona.

“Tuvimos varios proyectos exitosos en ese aspecto, la mayoría de los cuales surgían a partir de lo que obteníamos de nuestras actividades artísticas; ahora es más difícil, las instituciones ya no pagan, no hay ese recursos. Más bien, están corriendo a los pocos artistas que recibían un recurso paupérrimo, tanto de la Universidad (Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, UMSNH) como de las instituciones de gobierno”, finalizó.