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De claroscuros, la relación Iglesia – Estado en Michoacán
De Bergolio sólo hay que esperar un mensaje de aliento: Historiador
Samuel Ponce Morales Lunes 15 de Febrero de 2016
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El historiador Arturo Herrera Cornejo habla con Cambio de Michoacán de la relación entre el catolicismo y las instituciones del país, y en particular del estado.

Morelia, Michoacán.- En Michoacán, donde la Iglesia católica ha tenido claroscuros en su relación con los gobiernos locales y un peso importante en la vida pública, se debe esperar sólo un mensaje de aliento y de orientación del Papa Francisco, no un milagro, señala el historiador Arturo Herrera Cornejo.
“El Papa va a venir a decir muchas cosas importantes, está enterado de lo que ha ocurrido en Michoacán, del sufrimiento de muchas familias en varias zonas de un estado que ha sufrido mucho en los últimos años…”.
En charla con Cambio de Michoacán, el egresado de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) abordó el tema de cómo históricamente ha sido la relación entre el catolicismo y las instituciones del país, y en particular del estado.

La tersa conquista


Habló de la tersa conquista española sobre los purépechas, que habían sido imbatibles contra los aztecas y que uno de los elementos que dieron paso a la no confrontación bélica fue el impacto que tuvo el catolicismo, incluso provocando el bautizo voluntario del emperador Caltzontzin.

Mencionó que en 1525, con el arribo de los primeros frailes franciscanos a Tzintzuntzan, inicia la evangelización del territorio michoacano, y que entre ellos viene un príncipe danés, Jacobo Daciano, quien pudo ser rey en su país y se convirtió en uno de los fundadores de pueblos como Zacapu.

No olvida la llegada de los agustinos al estado, resaltando el nombre de Juan Bautista Moya, al cual se considera el apóstol de la región de Tierra Caliente, cuyos restos se sitúan en el templo moreliano de San Agustín, el cual es visitado todos los años por miles de seguidores.

El Papa va a venir a decir muchas cosas importantes, está enterado de lo que ha ocurrido en Michoacán, del sufrimiento de muchas familias en varias zonas de un estado que ha sufrido mucho en los últimos años…, dice el historiador.
El Papa va a venir a decir muchas cosas importantes, está enterado de lo que ha ocurrido en Michoacán, del sufrimiento de muchas familias en varias zonas de un estado que ha sufrido mucho en los últimos años…, dice el historiador.
(Foto: Cuartoscuro)

El arribo de Tata Vasco


Al igual cita que en la misma etapa de la Conquista, ante “las mil tropelías” de Nuño de Guzmán, entre ellas el asesinato del emperador Caltzontzin, hizo presencia en Michoacán Vasco de Quiroga como obispo, aunque primero fue oidor de la Segunda Audiencia.
Con él, dice Arturo Herrera, se empieza a moldear la identidad de lo que hoy es la entidad, no sólo con una importantísima labor social en la zona purépecha, en la ribera del Lago de Pátzcuaro, sino con la fundación de una de las instituciones más emblemáticas, el Colegio de San Nicolás.


La venida de los jesuitas


Posteriormente, añade, Vasco de Quiroga incidió en el arribo de los jesuitas, a quienes hizo responsables de la educación del Colegio de San Nicolás y que influyeron en demasiadas generaciones que, finalmente, le dieron rumbo a Michoacán, pese a que en la época de la Nueva España fueron expulsados.

Posteriormente, indica, la Iglesia estableció el Seminario Tridentino, donde hoy se sitúa el Palacio de Gobierno. Ahí se recibieron las ideas más avanzadas de la Ilustración y estudiaron luchadores de la Independencia del país, entre ellos José María Morelos y Pavón.

Expone que eran tiempos en que las autoridades eclesiásticas en el país eran designadas por los entonces gobernantes de España, situación que se rompió en 1808 cuando la Corona ibérica quedó vacante para desaparecer con el movimiento independentista.

Después de la Independencia, continúa, los gobiernos desde Agustín Iturbide hasta Benito Juárez buscaron que pasara hacia ellos la facultad que tenían los reyes de España de designar y no sólo avalar a los jerarcas religiosos, pero El Vaticano rechazó esa posibilidad y se acrecentó el conflicto Iglesia-Estado.

“Tiene un peso importante, sobre todo en lo moral; por ejemplo, la opinión del señor cardenal Alberto Suárez Inda, un hombre bien informado, además prudente, siempre ha hablado en torno a los asuntos que preocupan a los michoacanos, como el caso del fenómeno de la violencia, que se recrudeció hace dos años y, finalmente, su postura, como la del entonces obispo de Apatzingán, Miguel Patiño, quien llegó a hablar de la complicidad de los poderes públicos con el crimen organizado, tuvo una repercusión para que la Federación volteara la vista hacia nuestro estado”.

Arturo Herrera Cornejo

La separación


Arturo Herrera refiere en 1856 se suscitó la guerra entre conservadores y liberales y que un año después, al triunfo de los segundos, se erigió la Constitución de 1857, que promulgaba las primeras leyes que despojaban al clero de bienes y de la impartición de la educación, entre otras acciones.

“Curiosamente son michoacanos, egresados del Seminario Tridentino de Valladolid, los de las ideas de ambos bandos: por los liberales, Melchor Ocampo, y por los conservadores, Clemente de Jesús Munguía”, señala el también analista político de la entidad.

Aunque, aclara, no se da una separación total, sino intermedia entre el Estado y la Iglesia, porque el primero no lograba el dominio que pretendía; luego se acrecentaría la lucha en una etapa crítica con la intervención extranjera y la imposición de un príncipe austriaco para gobernar el país.

Sin embargo, en la época del Porfiriato, alrededor de 35 años, no se aplicó con rigor la Constitución de 1857. “Porfirio Díaz es tolerante con la Iglesia”, pero al triunfo de la Revolución, con el nuevo marco legal del país se retomaron las Leyes de Reforma.
“La Constitución de 1917 retoma el espíritu de los liberales de 1957 en mucho sentido y surge un gobierno decidido a aplicar la ley con rigor”. Y fue en Michoacán, refiere, en el gobierno de Francisco J. Múgica, que ocurrió un conflicto religioso con repercusión nacional.

En la capital michoacana, el 8 de mayo, luego de la conmemoración del Día del Trabajo, unos trabajadores entraron a la Catedral, pusieron banderas rojinegras en las torres y sacaron y rasgaron la imagen de la Virgen de Guadalupe, ante lo cual, los católicos reaccionaron y tras varios intentos efectuaron una manifestación no permitida por las autoridades que culminó con un enfrentamiento con la Policía y un saldo de quince muertos, entre ellos Isaac Arriaga, quien trataba de convencerlos de desistir.

En tanto que en otras partes del país hubo diversos eventos religiosos, en León un obispo decidió erigir un monumento a Cristo Rey, en el Cerro de Cubilete, lo cual estaba prohibido por la ley, y el líder obrero Luis N. Morones “tuvo la puntada” de crear una iglesia paralela.

“Todo eso fue enrareciendo el ambiente, provocando la suspensión del culto público; hubo cierres de templos y mucha gente católica se radicalizó y se levantó en armas, sobre todo en los estados de Guanajuato, Jalisco, Zacatecas y en Michoacán que, en este caso, es el general Lázaro Cárdenas del Río quien logra pacificar a los cristeros.

Y prosigue, cuando Lázaro Cárdenas fue presidente, todavía en varias partes había resabios de la Guerra Cristera, pero la época de Manuel Ávila Camacho, quien se confesó creyente, cesó definitivamente este enfrentamiento.

El historiador indica que de ese tiempo hasta 1992 “privaba un poco la simulación, por debajo de la mesa”, entre la Iglesia y el Estado, porque a partir de ese año, a raíz de una reforma constitucional, no está prohibido que un gobernante se reúna con un jerarca católico.

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