Opinión

MORELIA
Libertad de prensa
Actualmente podemos afirmar que la libertad de prensa sí existe, la apertura a opiniones diametralmente distintas a la oficial en los diarios y en la radio es prácticamente total
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 25 de Junio de 2008
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Tanto en México como en buena parte del mundo se tiene la costumbre de destinar un determinado día del año para celebrar o recordar x acontecimiento o z si-
tuación. Algunas son de interés casi universal, como el Año Nuevo y la Navidad, otras son de relevancia sólo para el país donde se celebra, como pueden ser sus fechas de independencia. Recientemente la ONU y otros organismos internacionales han decretado celebrar en determinado día situaciones tan variadas como el Día del Medio Ambiente, Día de No Fumar, Día de los Derechos de los Niños, más un largo etcétera.
En México se celebra desde hace muchos años el Día de la Libertad de Prensa. Y con toda la ironía que esto significa, la ceremonia era realizada, con bombo y platillo, puntualmente, año con año, en la Ciudad de México (como corresponde a un país centralista, atrasado y tercermundista). Contando con la presencia del ciudadano presidente de la República, se efectuaba una gran comelitona con todos los mandamases de la prensa, radio y televisión. En el sexenio de Díaz Ordaz hasta las televisaban. Se efectuaban rifas, se pronunciaban encendidos discursos glorificando al presidente en turno, bajo cuya sabia conducción el país avanzaba a pasos agigantados hacia un luminoso porvenir, se pontificaba sobre la irrestricta libertad de expresión que gozábamos y todo terminaba en una fenomenal borrachera con cargo al erario.
Nada importada ni le interesaba a ninguno de los participantes en esas auténticas bacanales que la libertad de prensa brillara por su ausencia, que la prensa entera estuviera sumida, voluntaria y entusiastamente, en la más repugnante abyección. Las noticias se boletinaban en Gobernación y era lo mismo leer el Excélsior, Novedades, El Universal o El Nacional. Eran las mismas noticias con discretos matices. Los noticieros radiales y televisivos eran de una mediocridad y aldeanismo desoladores.
Esos tiempos ya pasaron, actualmente podemos afirmar que la libertad de prensa sí existe, la apertura a opiniones diametralmente distintas a la oficial en los diarios y en la radio es prácticamente total. Estructuras como la Internet hacen imposible esconder una noticia. La velocidad y globalización que nos da la red es un fenómeno imparable.
¿Eso quiere decir que estamos muy bien?... Para nada, si bien tenemos un segmento de periodismo razonablemente confiable, que se preocupa por ofrecer noticias confirmadas y no meras calenturas ideológicas o francas invenciones, tenemos también un periodismo que ha virado al extremo contrario.
La mayoría de las publicaciones tratan de balancear sus posiciones, pero existe un segmento que podemos calificarlo de panfletario, o más bien faccioso. Este segmento de periodismo ha decidido, por así convenir a sus intereses, abandonar todo intento de objetividad para dedicarse por completo a la defensa de una causa, persona o posición política. Recurren a una defensa a ultranza, cerril, que con frecuencia llega al insulto, la burla, al humorismo fallido, la mentira, a la descalificación, pero sobre todo al sesgo absoluto con la idea de engañar a sus lectores.
Este periodismo recurre reiteradamente al argumento de «libertad de prensa», pero no para informar, sino para agredir, atacar o calumniar a quienes no piensan como ellos, únicos representantes y dueños absolutos de la verdad. Es un periodismo que cierra los ojos ante la corrupción y contradicciones de sus correligionarios y patrocinadores, sean éstas del tamaño que sean.
¿Quiénes son estos exponentes del peor y más lamentable periodismo? El lector ya los conoce: son los medios, básicamente un periódico y una revista semanal y unos cuantos «comentócratas» que no intelectuales que apostaron por un populista que perdió las elecciones el 2 de julio y que ahora, a pesar de las evidencias de insania mental de este personaje, lo siguen apoyando. Viven en un mundo alterno, donde existen otros datos, otras cifras, otra realidad, donde hay fraudes que sólo ellos vieron.
Discutir con ellos es imposible pues invariablemente los razonamientos son puestos de lado y todo lo explican en función buenos contra malos. Esa mentalidad tiene una base, la de creer que la compleja realidad es explicada sólo por grupos en pugna que buscan el poder a toda costa. El lenguaje de estas personas está plagado de expresiones como «burguesía», «poderes fácticos», «lucha», «grupos», «imperialismo», «el pueblo». Un ejemplo extremo de esto lo da un columnista de un periódico «objetivo», que ofreció como prueba de lo malo de la idea del impuesto parejo el siguiente «razonamiento»: «Constituye la tesis ultrarradical del grupo Forbes (para quien nada casualmente colabora el maníaco globalizador Zedillo), aliado a los halcones inmutables del Pentágono, encabezados por Caspar Weinberger, anterior secretario de Defensa en la etapa Reagan, y proponente de la invasión a México hace diez años en su libro indeleble La próxima guerra, con prólogo nada accidental de Margaret Thatcher».
En este desatinado párrafo, por otra parte emblemático de la mayoría de los «análisis» presentes en este «objetivo» periódico, no hay razonamientos. Todo es citar nombres, supuestamente asociados en una conspiración. Cierto que existen grupos con intereses comunes. Pero no lo son todo, ni explican todo. No puede desecharse una idea o los análisis de alguien, quien sea, sólo porque una vez comió con Zedillo, o porque tenga familiares en España o porque está asociado con Forbes o con el partido de Reagan y que éste fue muy cercano a Thatcher.
Aún nos falta madurar y depurar el periodismo.