Opinión

MORELIA
Reforma energética, la discusión
¿Las múltiples mesas de trabajo servirán de algo? ¿Nuestros inefables legisladores entenderán y procesarán adecuadamente el torrente de información que han recibido?
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 18 de Junio de 2008
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Una de las características de los mexicanos, aunque ignoro si también lo es de los ucranianos, los japoneses y los rumanos, es que al ser interrogados
sobre algo que no conocemos bien, invariablemente tratamos de opinar, sepamos o no del tema. El chiste es no quedarse callado. El asunto empeora si la pregunta tiene un matiz de inducción, detectable o no, pues en ese caso tendemos a opinar en el mismo sentido.
Ignoro si esta compulsión sea por razones genéticas, porque así lo vemos en nuestro entorno o por la razón que sea. El asunto es que tenemos que decir algo para no quedar como ignorantes.
En el caso de la reciente discusión sobre la reforma petrolera los sufridos ciudadanos nos hemos visto inundados por una gran cantidad de opiniones, en todos los medios, televisión, radio, periódicos, revistas, etcétera, opiniones que vienen en todos los estilos, colores y tendencias del espectro político-económico. Algunas apoyadas con argumentos técnicos, otras con argumentos económicos, y las más con argumentos ideológicos. Varias son de gran solidez, vienen de personalidades reconocidas por su sapiencia y son apoyadas en datos verificables, pero muchas otras caen en lo demagógico, son declaraciones y discursos elaborados para consumo y satisfacción de ese grupo de personas que ya tienen sus prejuicios sólidamente atornillados.
Sin embargo quedan dudas. ¿Las múltiples mesas de trabajo, con sus diversos expertos, servirán de algo? ¿Nuestros inefables legisladores, reconocidos no precisamente por su inteligencia, entenderán y procesarán adecuadamente el torrente de información que han recibido? ¿O más probablemente, sólo están simulando una consulta y ya tienen, desde el principio, una posición que defender? Obviamente no será la de ellos, pues no tienen tanta autonomía, sino la de sus verdaderos jefes, uno por el PAN, otro por el PRD y quién sabe quién por el PRI. ¿Estaremos viendo, como dijo alguien Los monólogos de la bencina?
Ante la muy probable eventualidad de una aprobación, parcial y parchada, de la insuficiente reforma propuesta por el Ejecutivo, por parte del PAN y del PRI, el segmento del PRD supeditado al mesías Obrador ya se sacó de la manga la posibilidad de una consulta popular, un referéndum, porque, ya lo ha dicho otras veces «el pueblo no se equivoca». Consulta que se haría no porque les interese el resultado, ni porque lo vayan a respetar, ya está demostrado que no respetan ni sus propias elecciones, sino para ganar tiempo, para estorbar, en palabras claras lo hacen simplemente para joder. Ese segmento del PRD ya demostró su capacidad para realizar encuestas y acatar resultados. ¿Quién con dos dedos de frente les va a creer?
Muy independientemente de la validez o no de dicho referéndum, de si procede o no procede, si es legal o no, o de la posibilidad de realizarlo en forma universal y confiable, hay un pequeño dato que debemos considerar. La verdadera duda no es si la población debe opinar sobre la reforma energética o no; la pregunta crucial es si todos los ciudadanos están capacitados para dar una opinión válida sobre el tema.
En lo personal considero, sin ninguna duda, que no, el pueblo de México no está en posibilidad de dar una opinión válida en este caso. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que para emitir una opinión que sirva de algo se debe estar perfectamente informado sobre el asunto, destacando en el presente caso cuando menos tres puntos: 1) Conocer la verdadera situación actual de Pemex, tanto técnica, laboral y financiera. 2) Haber leído (y entendido) la iniciativa de ley que presentó el Ejecutivo, y 3) Leer la Constitución (y entenderla) para poder hacer un análisis crítico y comparativo sobre el documento y así, sólo así, podremos considerar que nuestra opinión puede tener algún valor. Sin sólidas bases la opinión, de quien sea, vale poco o nada.
Ahora, como señala Karl Popper, no olvidemos que el gobierno de la opinión pública carece de un mecanismo de rendición de cuentas y fomenta la irresponsabilidad, ¿quién será responsable de una decisión equivocada si es tomada por los ciudadanos?, ¿Fuenteovejuna?
He escuchado gran cantidad de opiniones sobre el tema, algunas sensatas y otras verdaderamente infantiles. Descargar la responsabilidad de un asunto técnico, económico y político de tal complejidad en una población como México, con nuestro consumo de un libro por año, con una escolaridad inferior a la de los países teocráticos islámicos, con lacras como la CNTE y alumnos de preparatoria que no saben leer, es verdaderamente idiota. ¿Quiénes opinarán?, ¿las Adelitas?, ¿las huestes de Padierna y Bejarano?, ¿los Panchos Villa?, ¿los choferes de los taxis Pantera? ¿Los creyentes en horóscopos, sanaciones, flores de Bach, OVNIs y demás patrañas? Finalmente esperar que las personas que se «informan» en La Jornada emitan una opinión sensata, eso sí que es verdaderamente demencial.