Opinión

MORELIA
Educación de excelencia
Por nuestro nivel nos ubicamos junto a los países subsaharianos, esos tan adelantados y progresistas
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 7 de Mayo de 2008
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¿Cuál es la capital de Francia?, le pregunto a un alumno promedio de una secundaria pública promedio, «Italia», me responde con rapidez. ¿Y la de los Esta
dos Unidos?, «no lo sé», admite con cierta pena. Insisto y en un breve interrogatorio corroboro que sus conocimientos no avanzan más allá de saber cuál es la capital de México; «México», responde triunfalmente.
¿Caso de excepción?, lamentablemente no, la educación en México desde hace años se encuentra en uno de los niveles más bajos de la escala mundial. Imposible pensar en competir con Europa, Japón o los Estados Unidos. Por nuestro nivel más bien nos ubicamos junto a los países subsaharianos, esos tan adelantados y progresistas como Sierra Leona, Guinea, Nigeria, Togo y Camerún, aunque debemos admitir que en algunas materias estos «avanzados» países nos llevan cierta delantera.
El problema es muy viejo y parece que ya a nadie le interesa. El gobierno, del color que sea, no ha sido capaz de articular nada útil para remediar esta tragedia. Programas van y programas vienen y los resultados siguen siendo los mismos. ¿Cuántas cosas fallan?, por lo pronto resulta imposible evaluar la calidad de los maestros, no se dejan, pero sospechamos que la gran mayoría de ellos no con capaces de aprobar satisfactoriamente el más laxo de los exámenes de competencia. ¿Su motivación o su vocación? podemos apostar por su inexistencia. ¿Cumplimiento del calendario escolar? Absurdo, el calendario es tan sólo un referente simbólico. ¿La calidad de las escuelas y sus instalaciones? Algunas buenas, otras malas y muchas malísimas, incluso sin los servicios más elementales.
¿El gasto en educación?, es un barril sin fondo y con múltiples boquetes que hacen naufragar el presupuesto que sea. Eso independientemente de que hay que pagarles a maestros aunque no trabajen y que para colmo existen miles de «maestros» que llevan años sin pararse en una aula, por las más peregrinas razones, desde sindicales hasta los que el público conoce como aviadores.
Ya ni queremos llevar la cuenta del número de días perdidos por culpa de las «marchas», «plantones», «protestas», «paros» y otras razones que un día sí y otro también esgrimen los maestros, sobre todo la fracción «democrática» (¿sabrán qué es democracia?). Es ya parte del panorama cotidiano ver las escuelas públicas cerradas y tapadas sus entradas con mantas y letreros con diversos reclamos, casi siempre con una ortografía deplorable. ¿Y las H autoridades educativas? Peleando su propia guerra de tribus.
Con semejantes estructuras educativas y con maestros de este jaez, ¿qué podemos esperar de los alumnos? Pues lo que tenemos, infinidad de niños y jóvenes con una pésima educación y algunos escasos ejemplos de buenos alumnos, varios por méritos individuales y de su entorno familiar y otros por haber sido apoyados por algunos de los ya escasos maestros con verdadera vocación y preparación que sobreviven en el hostil ambiente magisterial. Esa es nuestra dolorosa realidad, nos agrade o no. Sea culpa de quien sea, de Bush, de Clinton, del PAN, del Yunque, de la OCDE, del FMI, de los marcianos o de nuestros corruptos e incultos políticos, el resultado final es una educación deficiente, que si bien nos va, quizá nos permita competir con alguna de las teocracias del Asia menor.
¿Qué puede hacer el común de los ciudadanos? Aparte de renegar no veo, por el momento, ninguna solución. Si los padres de familia tienen dinero pueden optar por una buena escuela privada. Si no, mal negocio, ya se pudrió el asunto. Esperar que nuestro gobierno corrija el desastre educativo, desde las Escuelas Normales, verdaderos nidos de grillos, hasta las muy incompetentes autoridades educativas es iluso. Eliminar la funesta influencia de los sindicatos magisteriales y aplicar la ley a personajes nacionales como Elba Esther y a su obesa contraparte «democrática» local jamás lo van a hacer. Son parte de los tres grandes partidos, azules, amarillos y tricolores, dueños (por el momento) del destino de los mexicanos.
Sinceramente no le veo «punta al hilo».
Add. Urge que un abogado competente les explique a nuestras autoridades qué significa y qué traduce el término «autonomía» con relación a una universidad. Pero ¡ojo!, después de la explicación debe corroborar que le entendieron.
Vale.