Opinión

MORELIA
Un problema de personalidad
A partir de la noche en que perdió la elección presidencial, las evidencias de la patológica personalidad de AMLO brotaron como surtidor hasta convertirse rápidamente en catarata inocultable
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 16 de Abril de 2008
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Un consejo a los fieles seguidores del Mesías y a los creyentes del periódico objetivo, el presente artículo no será de su agrado. Ahorren su valioso
tiempo y pasen directo a las siguientes páginas donde, con seguridad, encontrarán elaboradas justificaciones a los cada vez más peligrosos delirios del legítimo. Cierto, no muy brillantes pues son los habituales amanuenses. Advertidos.
Desde hace tiempo, diversos analistas y posteriormente casi cualquier persona con cierta cultura percibieron el progresivo deterioro de la personalidad del señor López. De ser inicialmente una persona en apariencia normal, salvo por su insistencia en autoproclamarse «honesto», «indestructible», «rayito de esperanza» y con «calidad moral», fuera de esto, insisto, se tenía la impresión de que era un político hábil y carismático para determinados estratos socioculturales. Grave error que ha costado bastante a la sociedad. Durante su desempeño como jefe de Gobierno del Distrito Federal la verdadera personalidad del señor López fue emergiendo, inicialmente fueron datos aislados; su descalificación, innecesariamente ruda, a la marcha contra la inseguridad, la protección a su tesorero, Ponce, permitiéndole valiosas horas para limpiar los discos duros de sus computadoras, su renuencia para deslindarse de Bejarano. López perdía piso, lo mismo detuvo a un automovilista que le gritó «corrupto» que insultaba a los medios que exhibían su incompetencia, fundamentalmente Reforma y La Crónica. Finalmente, durante la campaña, mareado por los aplausos de sus seguidores, los ciudadanos tuvieron la oportunidad de ver a tiempo su verdadera personalidad, la de un político de escasa cultura, mendaz, con un discurso hecho de lugares comunes y abundante en adjetivos e insultos, intolerante e incapaz de reconocer errores. Afortunadamente para México, el pecado por antonomasia, la soberbia, lo perdió.
A partir de la noche en que perdió la elección presidencial, las evidencias de su patológica personalidad brotaron como surtidor hasta convertirse rápidamente en catarata inocultable; el Mesías tropical presentó, en todo su esplendor, un trastorno paranoide de la personalidad.
Ahora bien, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a un «trastorno paranoide de la personalidad»? Se trata ni más ni menos de un trastorno que se caracteriza por un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia las otras personas, de forma que todo lo que hacen éstas se interpreta como malicioso.
Existen siete criterios (DSM IV) que configuran la personalidad del paranoide:
1.- Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de él, le van a hacer daño o le van a engañar, por lo tanto son individuos tensos, hipervigilantes.
2.- Mantiene dudas no justificadas acerca de la lealtad o fidelidad de amigos, compañeros o socios.
3.- No confía en los demás, por temor injustificado a que la información que comparta vaya a ser utilizada en su contra. (Pueden negarse a contestar preguntas personales intrascendentes alegando que «no es asunto de los demás»).
4.- Aun en los hechos más irrelevantes ven significados ocultos, amenazas y conspiraciones. Tienen constantes delirios autorreferenciales.
5.- Albergan rencores por mucho tiempo.
6.- Percibe ataques a su persona que no son aparentes para los demás, reacciona con ira y contraataca. Invierten mucha energía buscando detalles de un complot en su contra.
7.- Sospechan repetida e injustificadamente que su pareja le es infiel (pueden ser patológicamente celosos).
Se necesitan sólo cuatro de estos criterios para establecer el diagnóstico de «personalidad paranoide». ¿Usted, acucioso lector, cuántos le reconoce al Peje?
¿Y cómo está actualmente el señor López? Los que lo conocen de cerca afirman: No escucha, descalifica; no razona, agrede; no tiene propuestas novedosas sólo un gastado discurso de lugares comunes. López Obrador miente, se enreda, se autojustifica todo el tiempo, repite hasta el cansancio las mismas mentiras de siempre, el mismo discurso de lucha de clases, buenos contra malos, pobres contra ricos, su estrategia es dividir, causar conflictos, enfrentar a sus vasallos en contra de quien no piense como él. Si son compañeros de partido no importa. Su palabra es dogma. «ÉL» con mayúsculas, es el único dueño de la verdad y el único que puede salvar al país de las garras de los enemigos que percibe en su patológica imaginación.
El señor ya vive en una realidad alterna, un mundo irreal donde sólo vale su opinión, su verdad y sus ideas. Ya ni siquiera la frase de un libro escrito (supuestamente) de su puño y letra hace menos de tres años la reconoce. «Estás sacando la frase de contexto», le dijo a Loret de Mola cuando éste leyó un párrafo completo sobre la inversión privada en Pemex.
El problema ha empeorado ahora con la cohorte de políticos oportunistas, aduladores y agresivos lacayos de nulo raciocinio, adelitos y adelitas, tanto los que hablan «de corridito» como los que con dificultad se saben medio abecedario; todos obedecen ciegamente las indicaciones del Mesías sin mediar el menor razonamiento, y son consistentemente apoyados por algunos «intelectuales legítimos», el pestilente cadáver periodístico que devino en su hoja parroquial y varios amanuenses que no rebuznan por miedo al aparejo. La reciente toma y secuestro del Congreso, usando lo peor de su partido, lo exhibe tal y como es: Intolerante y limitado intelectualmente, aunque eso sí, hábil, muy hábil para manipular y amenazar a sus apocados súbditos. Hasta les ordenó un «ayuno», similar al de su némesis, Salinas de Gortari en 1995.
Ese es el señor López Obrador, un cobarde que se esconde detrás de las faldas de sus adelitas, un fascista enfermo de poder que se complace en humillar a sus siervos, sometidos a la voluntad del amo, y al parecer incapaces de mostrar un atisbo de autonomía. Frente al Mesías, sus lacayos permanecen fascinados y paralizados, como un roedor frente a una serpiente. Ni más ni menos.
Este sujeto ya le dio en la madre al PRD. Ahora va por México. Si nos dejamos.
drvazquez4810@yahoo.com