Opinión

MORELIA
MMigración México-Estados Unidos
Inmigración indocumentada y seguridad social
Los estudios de los Think Tank conservadores que interpretan el efecto de la inmigración indocumentada como un problema legal, ignoran que la aportación económica de los indocumentados puede contribuir a paliar los déficits de programas como Social Security
Carlos Enrique Tapia Miércoles 9 de Abril de 2008
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El debate sobre la inmigración en Estados Unidos tiene múltiples aristas. La inmigración indocumentada, particularmente la mexicana, ha recibido la mayor aten-
ción por su aparente impacto negativo en salarios, empleos, impuestos, servicios médicos, seguridad social. Varios estudios exploran esta relación, valorando la presencia de doce millones de mexicanos en ese país, de los que se considera que entre 7 y 8 millones son indocumentados.
Con todo, el reciente reporte anual 2008 de The Board of Trustees of the Federal Old-Age and Survivors Insurance and Federal Disability Insurance Trust Funds, muestra cifras que en parte cuestionan resultados de otros estudios, sobre todo en relación al positivo impacto de la inmigración indocumentada en el financiamiento del programa Social Security.
El informe asienta que tanto el programa Social Security como el Medicare presentan problemas por costos que bajo el presente esquema financiero no son sostenibles. En el caso del Social Security, los excedentes anuales actuales declinarán a partir de 2011, hasta convertirse en déficits al irse jubilando la generación de los baby boom.
Así, en el 2007 los beneficios del Social Security representaron 4.3 por ciento del PIB estadounidense, cifra que al ser proyectada crecerá al 6.1 por ciento en 2035, disminuyendo hasta permanecer en 5.8 por ciento en 2048. Para hacer sostenible financieramente el programa será necesario incrementar los impuestos a catorce por ciento, reducir los beneficios a doce por ciento, o combinar ambas medidas.
Sin embargo, el creciente número de trabajadores «aparte de los legales» beneficia financieramente al Social Security, lo que en las próximas décadas será más que evidente. Entre las razones destaca el hecho de que los indocumentados pagan impuestos durante su vida laboral, pero no se benefician al retirarse por su condición indocumentada.
En otras palabras, los inmigrantes indocumentados financiarán parcialmente el retiro de los baby boomers en las próximas décadas, debido a que ingresan a Estados Unidos más jóvenes, esperándose que tengan más hijos que quienes arriban a edades mayores. En el déficit proyectado del Social Security, los impuestos pagados por estos trabajadores implicarían un quince por ciento del total.
Los efectos combinados de factores demográficos e impositivos, como edad laboral menor, alta fertilidad y natalidad, más hijos que reemplazarán la fuerza laboral, impuestos que por cuestiones legales no beneficiarán a los indocumentados, tendrán un impacto positivo a mediano y largo plazo en el Social Security.
Si bien, el reporte no sugiere que el déficit del Social Security será totalmente financiado por el trabajo indocumentado, es importante porque considera que la inmigración indocumentada tiene efectos positivos en el financiamiento del citado programa. Tampoco insinúa que este flujo migratorio deba ser tolerado o estimulado.
El hecho es que los números reintroducen al debate la importancia económica de la inmigración indocumentada; su aportación impositiva a la economía estadounidense, e impacto en programas como Social Security, más allá de la xenofobia y la discriminación que a nivel local enmascaran la discusión.
Los estudios de los Think Tank conservadores que interpretan el efecto de la inmigración indocumentada como un problema legal y de impacto negativo en salarios y empleos, ignoran que la aportación económica de los indocumentados, en el largo plazo, puede contribuir a paliar los déficits de programas como Social Security.
De ninguna manera justificamos la inmigración indocumentada, la violación de las leyes inmigratorias estadounidenses, pero el reporte citado es un referente para el debate, tanto en Estados Unidos como en México. Los flujos migratorios, documentados o no, no se detendrán con acciones aisladas como la firma de convenios con organizaciones agrícolas o de otro tipo, si no hay una política migratoria integral.
Fragmentos: 1. Carlos Loret de Mola y Televisa, se exhibieron como lo que son y hacen: telebasura al servicio de sus amos. Loret de Mola, «líder global joven», dio lecciones de complicidad y cinismo, no de periodismo. De todas maneras, AMLO aplicó otro golpe ese mismo día: nuevas evidencias de coyotaje y corrupción en el caso Mouriño. 2. Calderón dijo a los indígenas: «No echar rollo», solamente pidan, pues seguirán siendo ciudadanos de quinta categoría y sus planteamientos identitarios, étnicos, no interesan. 3. Quienes difaman y rebajan a las mujeres comprometidas en la defensa del petróleo, otras mujeres y hombres de pensamiento y acción obtusa, machista, derechista, fascista, hipócrita, se equivocan y exhiben como lo que son. 4. En el asunto del petróleo, Calderón y sus esbirros están regresando al 2006: miedo, terrorismo de Estado, chantaje, reflejando su mediocridad e incapacidad, no sólo para conducir un debate, sino un país. 5. El ridículo discurso de Ortega y su grupúsculo chuchista sobre la defensa de Pemex es vergonzoso, lamentable y apesta a calderonato. 6. A Ortega y sus Chuchos no les interesa el PRD; quieren el mando «haiga sido como haiga sido», a pesar de las evidencias del fraude que implementaron. 7. La mirada fascista del PAN en la Cámara de Diputados avergüenza: culpa a las FARC por la muerte de los mexicanos, pero nada dicen sobre el asesinato cometido por el Estado colombiano al invadir el territorio de otro Estado.