Opinión

MORELIA
Las FARC y México
Las FARC son esencialmente un grupo terrorista autoproclamado marxista-leninista. Opera en Colombia pero no tiene problema para utilizar las regiones fronterizas de Venezuela, Ecuador y Perú
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 2 de Abril de 2008
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En el espacio de una columna es imposible tratar al detalle la historia de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Pero vale la pena hacer
una síntesis apretada y sobre todo, tratar de encontrar los nexos que las ligan con grupos mexicanos.
Su origen se remonta a la Guerra Civil colombiana de 1948/58, a raíz del asesinato de un líder populista liberal, Jorge Eliécer Gaitán, hecho que desencadena una insurrección en Bogotá y otras ciudades; a la derrota del llamado Bogotazo la lucha se traslada al campo.
Las FARC son esencialmente un grupo terrorista autoproclamado marxista-leninista. Opera en Colombia pero no tiene problema para utilizar las regiones fronterizas de Venezuela, Ecuador y Perú. Permanecen activas desde su conformación en 1964 y son dirigidas por un secretariado bajo el comando de Pedro Antonio Marina, alias Manuel Marulanda o Tirofijo.
Sus acciones consisten en guerra de guerrillas, así como técnicas terroristas, como el asesinato de civiles, miembros del gobierno y militares, el secuestro con fines políticos, extorsión y atentados con bombas.
La presencia de miembros de las FARC en México ha sido alertada desde 1999. En un reporte reciente elaborado por la Drug Enforcement Administration (DEA) se alerta que los miembros de las FARC han encontrado «en la Ciudad de México una base para sus actividades de recaudación de fondos y un refugio seguro para llevar a cabo actos de propaganda».
El reporte explica cómo los miembros del grupo rebelde tienen contacto con universidades, foros de defensa de derechos humanos, estudiantes, segmentos radicales de partidos políticos, profesores y líderes de grupos subversivos para conformar una amplia red de información y logística.
Otro grupo de las FARC en México tiene como misión establecer contacto con los cárteles de la droga. De acuerdo con la DEA, los grupos intercambian drogas, como cocaína, por armas o dinero. Los nexos existentes entre las FARC, el gobierno de Hugo Chávez y de Correa, en Ecuador, eran y son de sobra conocidos, no era ningún secreto que este grupo terrorista utilizara territorio ecuatoriano como «santuario» y sitio de entrenamiento.
Muy interesante resulta hacer el seguimiento a la cobertura que algunos periódicos y sus columnistas han hecho sobre la incursión colombiana a territorio ecuatoriano y analizar el sesgo al tratar la presencia de mexicanos en el sitio de la guerrilla por parte de estos medios al servicio de un partido teóricamente de izquierda y que desde hace años se sospecha están vinculados con el narcotráfico.
De entrada llama la atención la agresiva línea editorial y la virulencia de sus columnistas al calificar con insistencia esa acción como «ilegal», sin mencionar, ni por equivocación, la notoria ilegalidad de la presencia de las FARC en territorio ecuatoriano. Resulta sospechosa por lo menos, la reiterada afirmación de que el bombardeo fue «una violación a la soberanía de una nación», pero nada dicen de la guerrilla colombiana que tenía su campamento (y varios más) en un país que no es el suyo. Sesgada e irresponsable la afirmación de que, como los jóvenes mexicanos presentes en el campamento eran civiles, entonces se trata de «asesinatos». Ni por interés periodístico investigan seriamente qué hacían civiles mexicanos en un campamento de las FARC.
La imbecilidad, por no decir una palabra más fuerte, de criticar al Ejército colombiano porque «atacó de noche, cuando todos dormían». ¿Acaso deseaban estos «periodistas», apologistas del terrorismo, que les avisaran previamente para que se quitaran las piyamas y se pusieran ropa de combate? Colombia está en guerra con las FARC ¿desde cuándo la guerra tiene horarios?
Llama la atención también el insistente llamado a «respetar los derechos humanos» de los guerrilleros, cuando notoriamente estos medios han sido omisos con los derechos de los asesinados y los secuestrados por las FARC. Recordemos a Ingrid Betancourt y la carta a su madre donde dice «aquí vivimos muertos». Nada dice esta prensa al servicio del Mesías tropical y las FARC de los relatos de los que han sido liberados y los maltratos que padecieron. Y curiosamente nada hablan sobre los derechos humanos de las otras dos mujeres heridas, colombianas que habían sido «llevadas forzosamente» y «retenidas a la fuerza en el campamento para hacer el trabajo doméstico».
Repugna la mentira y la cobardía, por otro lado habitual en este tipo de «izquierda», cuando tratan de negar lo evidente, e insisten en que esos «comprometidos» jóvenes sólo eran estudiantes interesados en los movimientos sociales latinoamericanos elaborando una tesis.
La prensa contabilizó hace unos días hasta 70 lugares entregados en la UNAM a grupos ultras, entre ellos los «bolivarianos»: cubículos, auditorios, oficinas. Los grupos de activistas radicales se los apropian físicamente, por la fuerza. Pintan muros, toman salones, ocupan auditorios y mantienen en la raya a las medrosas autoridades universitarias con amenazas de mítines, huelgas y movilizaciones. Conceder espacios a los ultras es lamentablemente una práctica común de la educación pública superior mexicana. Es una renuncia a la autoridad, una claudicación a su tarea pedagógica y a la dignidad.
Para alguien en su sano juicio, resulta difícil entender que a estas alturas existan aún grupos de estudiantes universitarios dispuestos a perder la vida por creer que las FARC son una alternativa en la búsqueda de justicia en el mundo. Ese simple hecho habla de la calidad de los responsables de la educación en México. Y todavía se sorprenden del nivel educativo en México.
Atinadamente se pregunta el historiador Aguilar Camín: «¿Dónde se siembran esas vocaciones redentoras, dispuestas a ir al infierno por la causa? ¿En la familia? ¿En la escuela? ¿En los círculos ultras de la universidad, alimentados de viejos manuales? ¿En la manipulación perversa de la credulidad juvenil por maestros de la pelea pasada? ¿En la intimidad impredecible de cada quien?
Buena pregunta.
drvazquez4810@yahoo.com