Opinión

MORELIA
Facultad de Medicina, una vergüenza
Para nadie es un secreto que la calidad académica de la Universidad ha decaído progresivamente desde hace varios decenios. El prestigio que en alguna ocasión tuvo ya no existe
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 19 de Marzo de 2008
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La palabra «mediocre», según diversos diccionarios, define la medianía, lo poco importante, lo considerado apenas regular. Qué más quisiéramos pero no es el
caso de la Escuela de Medicina de la, esa sí mediocre, Universidad Michoacana.
Para nadie es un secreto que la calidad académica de la Universidad ha decaído progresivamente desde hace varios decenios. El prestigio que en alguna ocasión tuvo ya no existe. El orgullo que en alguna época llegaron a ostentar sus egresados se ha convertido en piadoso silencio si no es que en una justificada vergüenza. Las causas, como todo en esta vida, son más complejas de lo que superficialmente puede verse, pero estudiando su historia reciente podemos ubicar el inicio de su decadencia en el sexenio de Echeverría cuando, en su delirio consideró que la solución al problema educativo en México era masificar la enseñanza sin fijarse en la calidad de la misma. De esa época data la expansión sin mayores trabas en la matrícula de muchas universidades públicas. La calidad se perdió por la entrada masiva de improvisados maestros con poca preparación y nulo interés por la docencia. Para colmo de males, con el aumento de los subsidios, el manejo del presupuesto universitario y sus plazas se hizo apetecible para una constelación de oportunistas que vieron en las universidades un trampolín económico y político.
Una vez masificada la Universidad Michoacana, invadida por maestros improvisados, mal preparados, y muchos de ellos altamente politizados, la otrora orgullosa casa de estudios se transformó en una pieza del juego de políticos sin ningún escrúpulo. Tienen culpa ex gobernadores y todos, absolutamente todos los funcionarios que llegaron a la Rectoría y sus principales puestos subordinándose a los intereses del grupo que los puso.
Las consecuencias eran previsibles. En las escuelas donde es imprescindible adquirir conocimientos, aprender procedimientos y finalmente resolver problemas reales, como es el caso de Medicina, el problema se presentó desde hace años. El nivel académico de sus alumnos y de sus egresados se fue deteriorando hasta ser escandalosamente notorio. Cierto, existen alumnos excelentes, pero por méritos individuales, no de la escuela.
Para los que evaluamos y tenemos contacto con egresados de Medicina de la Michoacana no es ninguna novedad encontrar que aproximadamente la mitad de ellos no saben bien a bien si el bazo está en tórax o abdomen, no es extraño encontrar notas médicas con errores tan garrafales como escribir «siruguia» en lugar de cirugía, encontrar atrocidades tales como «fabor», «hinguinal» con h (pensarán que como es muda no cuenta), «sicatriz» y lo que es el colmo, especialistas que escriben «visicula» y jefes de departamento que escriben «disernir». Y así los aprobó la Michoacana, ¡qué bárbaros! Un recetario en manos de estos «profesionistas» es más peligroso que una Magnum en las manos de un niño.
Indudablemente hay excelentes maestros en Medicina, pero lamentablemente no son la mayoría. En Medicina existen, y han sido señalados públicamente, maestros que otorgan la calificación aprobatoria por dinero o favores sexuales, maestros que rara vez acuden a dar sus clases, y cuando van duran escasos minutos, todo esto a ciencia y paciencia de los permisivos directivos. Para colmo la mayoría de los directores han sido verdaderas medianías y algunos demostraron sobradamente ser verdaderos asnos desde el punto de vista académico.
Por si fuera poco, su plan de estudio no contempla materias tan básicas en la actualidad como genética, pero eso sí, tienen un Departamento de Filosofía de la Historia de la Medicina, sólo para darle de comer a un grillo en decadencia, y también cursan, «cursan» es un decir, una materia llamada sociología, por otro grillo que ocasionalmente acudía por ratos para contar chistes.
Ni hablar de la increíble subordinación de las autoridades de Medicina ante ese aborto que es la CUL, estructura porril que ordena el ingreso de un determinado número de alumnos de primera vez, por sus calzones, no por sus calificaciones, y ha sido reiteradamente señalada por exigir un pago de cuotas que rondan los diez mil pesos; en el caso de las mujeres el pago puede ser de otro tipo.
Por lo anterior, y por otras muchas razones, la Comaem determinó tajantemente la NO ACREDITACIÓN de la Escuela de Medicina de la gloriosa Universidad Michoacana por no cumplir los parámetros de calidad, entre otras razones por su excesiva matrícula con relación a su real capacidad, por violación al Reglamento de Ingreso y por falta de profesores competentes. Esas fueron las verdaderas razones y no la sarta de tonterías que publicó La Jornada Michoacán el 7 de marzo y que son atribuidas a «expertos» y personal docente que prudentemente prefirieron el anonimato.
El golpe es duro, durísimo, para los estudiantes de Medicina, pues si no se logra la acreditación en un plazo razonable, se limitarán sus campos clínicos, se perderán las plazas para el internado de pregrado en las instituciones oficiales y por si esto fuera poco no tendrían posibilidad alguna de realizar el examen nacional para ingresar a una residencia. ¿Les interesará algo a las H autoridades universitarias? Lo dudo. Si algo ha quedado claro es su incompetencia y su miedo. Si algo les importa es el dinero, su pequeña cuota de poder que le permite a algunos extorsionar alumnos(as) y su grupo político. ¿Y los estudiantes?, que se jodan. ¿Y el sindicato?, viviendo una realidad alterna.
Ante este panorama el mejor consejo que se le puede dar a los jóvenes que pretendan estudiar Medicina en la Universidad Michoacana es que, desde ya, vean la posibilidad de realizar la carrera en otra escuela. O estudiar otra cosa.
drvazquez4810@yahoo.com