Opinión

MORELIA
Migración México-Estados Unidos
Inmigración y delincuencia
Si bien, entre las bandas de origen hispano, vinculadas al tráfico de narcóticos y humanos, entre otros delitos, tienden a suceder muchos crímenes violentos, es exagerado suponer que el estatus indocumentado y el origen racial sean determinantes de la violencia criminal
Carlos Enrique Tapia Miércoles 5 de Marzo de 2008
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El debate estadounidense sobre la inmigración indocumentada reabrió a escrutinio varias de sus múltiples aristas: impactó en los salarios, tipo de empleos ocupa-
dos, efectos fiscales, violación a las leyes, delincuencia y criminalidad, entre otros. Tres interesantes trabajos nos acercan a la discusión, objetiva-subjetiva, de la relación entre crimen e inmigración.
Según Heather MacDonald (Crime and the ilegal alien. The fallout from crippled immigration enforcement. Backgrounder 704. CIS, june 2004), los criminales más violentos están entre los indocumentados hispanos. Pero Kristin F. Butcher y Anne Morrison Piehl (Crime, corrections, and California: What does immigration have to do with it? California Counts. Population Trends and Profiles, Vol. 9, Num. 3, february, 2008), sostienen que no hay relación directa entre crímenes e inmigración.
En 2004, el primer estudio afirmó que en Los Ángeles, California, 95 por ciento de los homicidios y más de dos tercios de los criminales fugitivos involucraron a indocumentados. Sin embargo, el segundo trabajo señala que los inmigrantes son mucho menos propensos a cometer delitos que los nativos estadounidenses en la misma ciudad. Los índices de encarcelamiento e internación son menores entre los adultos extranjeros.
Si bien, entre las bandas de origen hispano, vinculadas al tráfico de narcóticos y humanos, entre otros delitos, tienden a suceder muchos crímenes violentos, es exagerado suponer que el estatus indocumentado y el origen racial sean determinantes de la violencia criminal.
En California reside 35 por ciento de los adultos extranjeros, pero sólo un 17 por ciento está en prisiones estatales. Los adultos nativos son encarcelados a un ritmo 3.3 veces más alto que los primeros, y quienes tienen entre 18 y 40 años son diez veces más propensos que los inmigrantes a estar internados. Los mexicanos en ese rango de edad son ocho veces menos propensos que aquéllos a estar confinados (0.48 por ciento respecto a 4.2 por ciento).
Quizás las actuales políticas inmigratorias constriñen la comisión de delitos entre indocumentados, pues se inspeccionan sus antecedentes penales e imponen sanciones adicionales a los no ciudadanos, por lo que tampoco las ciudades declaradas santuario de indocumentados tienen relación directa con el crimen, como afirma el primer estudio.
Con todo, a principios del siglo pasado la relación entre altas tasas de criminalidad e inmigración, particularmente en el caso de los delitos violentos, fue importante. Carolyn Moehling y Anne Morrison Piehl (Immigration and crime in early 20th Century America. Working Paper 13576. National Bureau of Economic Research, november 2007), sostienen que los inmigrantes de 20 años y más eran menos propensos a estar encarcelados, pero esta tendencia cambia al analizar los crímenes violentos.
Dichas autoras precisan que para analizar si los inmigrantes son más propensos a cometer crímenes que los nativos, depende de la definición de «crimen». En los 40 había más extranjeros encarcelados que nativos por delitos menores; revisando las tasas de confinamiento de inicios de siglo, había más nativos en las cárceles por crímenes graves.
Los tres estudios brevemente reseñados muestran la objetividad-subjetividad prevaleciente entre los think tanks estadounidenses, muchos asentados en Washington, con una capacidad importante para atraer recursos económicos como organismos no lucrativos y no partidistas, e influencia como cabilderos. El debate sobre la inmigración indocumentada, en buena parte de sus aristas, es influido por estos estudios, cuyo resultado parece evidente para México.
Como parte del debate, destacamos también el interés de organismos internacionales por conducir, gobernar, manejar la migración internacional. Philip Martin y Gottfried Zürcher (Managing migration: The global challenge. Population Bulletin, Vol. 63, Num. 1, march, 2008), afirman que el gran reto global es conciliar a grupos e instituciones que abogan por la migración por su papel en el desarrollo y los países receptores de la oleada de migrantes, los que están por detener los flujos a como dé lugar.
La discusión, con argumentos y estudios serios, políticamente definidos, continúa, pero buena parte de los planteamientos omiten un rasgo distintivo de la globalización: las restricciones a la movilidad de la mano de obra, mientras el capital y las mercancías circulan libremente. Poco énfasis se pone en otra tendencia del mismo proceso: mayor concentración de la riqueza, guerras de todo tipo y exclusión social.
Fragmentos. 1. A pesar de las cuentas alegres calderónicas, múltiples estudios serios concluyen que a 14 años el TLCAN registra bajo crecimiento económico (1.7 por ciento anual) y mayor emigración (450 mil personas anualmente). 2. ¿Plan calderónico para paliar los efectos de la recesión estadounidense? Únicamente beneficia a empresarios. ¿Y la gente común? 3. Cual Nerón en su desvarío mental, Bush observa desde la Casa Blanca cómo se incendia Latinoamérica, apoyado por espurios y fascistas. 4. El presidente de Yakult, de visita en Morelia la semana pasada, señaló que el problema de México es educativo y de valores. Tiene razón parcial, pero de cuáles valores hablamos: ¿Universales, Iglesia Católica, orientales, iglesias protestantes, capitalismo salvaje, don dinero...?