Opinión

Migración México-Estados Unidos
Estudiantes indocumentados y educación
Carlos Enrique Tapia Viernes 30 de Noviembre de 2007
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Mientras la CEPAL celebra la supuesta reducción de la pobreza entre 2004 y 2006 en México, enfatizando su lento descenso respecto a otros países de América Latina y lo que falta por hacer, y el Banco Mundial coincide con esa baja e insiste en la impostergable necesidad de acelerar las llamadas reformas estructurales, en Estados Unidos la situación de los estudiantes indocumentados toma cauce en el debate sobre la inmigración indocumentada.

Un reciente reporte del Immigration Policy Center, un organismo de la American Immigration Law Fundation, titulado Wasted talent and broken dreams: The lost potential of undocumented students (Talento desperdiciado y sueños rotos: El potencial perdido de los estudiantes indocumentados), de Roberto G. Gonzales, sostiene que el debate político sobre la inmigración indocumentada en Estados Unidos ha ignorado la situación de los estudiantes indocumentados.

Muchos de estos estudiantes crecieron y estudiaron buena parte de la primaria y la secundaria en ese país, pero no existe una vía para legalizar su estatus, por lo que no pueden ingresar a la universidad, trabajar legalmente y darle a su educación un buen uso, además de que en cualquier momento pueden ser deportados a sus países de origen los que ya casi no conocen. Este talento desperdiciado supone costos económicos y emocionales tanto a los estudiantes como a la economía y sociedad estadounidenses.

Los estudiantes indocumentados representan el quince por ciento, 1.8 millones, de los doce millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos. Se calcula que 56 por ciento de los indocumentados son mexicanos; 22 por ciento de otros países latinoamericanos; trece por ciento de Asia; seis por ciento de Europa y Canadá, y tres por ciento de África y otras regiones del mundo.

Alrededor de 65 mil estudiantes indocumentados que han vivido cinco o más años en Estados Unidos terminan el bachillerato anualmente. Si bien nacieron en otro país y fueron llevados a temprana edad a suelo estadounidense, y sus padres mantienen fuertes vínculos con sus naciones de origen, su identificación primaria es con la Unión Americana, pues prácticamente han crecido y estudiado en dicho país.

Se estima que solamente entre 5 y 10 por ciento de los estudiantes indocumentados preparatorianos graduados ingresan a la universidad, a pesar de que como estudiantes muchos estuvieron en el cuadro de honor, fueron presidentes de sus clases, ejemplares alumnos, y aspiran a ser maestros, ingenieros y médicos.

Acorde con el citado reporte, hay enormes ventajas de discutir y modificar la ley a favor de los estudiantes indocumentados. En cuanto a ingreso, un trabajador con bachillerato gana 419 dólares semanales y su tasa de desempleo es de 6.8 por ciento, en tanto con licenciatura obtiene 962 dólares a la semana y tiene una tasa de desempleo de 2.3 por ciento, y con doctorado gana mil 141 dólares y su tasa de desempleo es de 1.4 por ciento.

Investigaciones sobre inmigrantes indocumentados que legalizaron su situación migratoria a través de la IRCA (Immigration Reform and Control Act, 1986), muestran que el estatus legal brinda beneficios fiscales, económicos y al mercado laboral, además de favorecerlos individualmente, a sus familias y la sociedad en general. Asimismo, sus ingresos mejoraron quince por ciento seis años después.

Se considera que dándoles la oportunidad a estos estudiantes mejorarían su educación, tendrían mejores salarios y pagarían más impuestos. Si bien el aumento de estudiantes hispanos graduados respecto a sus similares no hispanos, implica el incremento del gasto educativo, estos costos tienden a ahorrarse posteriormente en salud y bienestar, con el pago de impuestos resultante de altos ingresos. Una mexicana universitaria de 30 años paga cinco mil 300 dólares más en impuestos y cuesta tres mil 900 dólares menos al gobierno, en relación a alguien sin estudios universitarios.

El documento representa un estudio positivo sobre el impacto que tendría la legalización de los estudiantes indocumentados, contrario a otro aparecido (CIS, october 23, 2007) en la víspera de la discusión de la llamada Dream Act, que preveía un cambio favorable de estatus migratorio, finalmente derrotada con el argumento de los grupos antiinmigrantes que su aprobación llevaría a la «amnistía» a más de dos millones de indocumentados, y un alto costo económico y laboral para Estados Unidos.

Fragmentos: 1. En abierta contradicción con el calderonato sobre lo «bien que estamos y felices que somos», el Banco de México advierte que la recesión en Estados Unidos sí tendrá una «repercusión negativa en la actividad económica». 2. El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas afirma que, a pesar de las cuentas alegres de Calderón y sus corifeos, la inseguridad, la falta de estado de derecho y la pobreza limitan el crecimiento económico. 3. El Banco Mundial, a contrapelo de la estrategia calderonista de acentuar nuestra dependencia a Estados Unidos, urgió a diversificar las exportaciones hacia América Latina, dejando al descubierto la hipocresía del supuesto acercamiento a la región. 4. La Suprema Corte de Justicia de la Nación está a un paso de convalidar las complicidades panistas y priístas o hacer justicia en el caso de Lydia Cacho.