Opinión

MORELIA
SUTCGEEEM: una pequeña gran huelga
La constitución de un sindicato nuevo y su envión con una huelga temprana es siempre un acontecimiento para la clase trabajadora toda. Más si lo que está en juego es la conquista de derechos elementales que, por sistema o inercia, los gobiernos y sus funcionarios autoritarios se resisten a respetar
Eduardo Nava Hernández Jueves 29 de Noviembre de 2007
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Desde el 15 de noviembre el nuevo Sindicato Único de Trabajadores de la Coordinación General de Espacios Educativos ha venido sosteniendo en
Morelia lo que podría ser la última huelga del gobierno de Lázaro Cárdenas Batel. La organización de trabajadores, pequeña pero decidida a defender sus derechos laborales ha tenido que recurrir a la suspensión de las labores en la coordinación encargada de administrar las partidas federales destinadas a la construcción de escuelas en Michoacán para poner fin a años de inestabilidad laboral, despidos, amenazas y privación de derechos laborales ya logrados por otros destacamentos de trabajadores.
Y es que esa situación fue la que durante mucho tiempo impidió o retrasó la constitución de un sindicato como el que recientemente se constituyó y que el pasado 11 de septiembre obtuvo su registro por parte de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Aunque la Coordinación General de Espacios Educativos fue descentralizada del antiguo Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, CAPFCE, desde abril de 1998, constituyéndose en lo local como un organismo público descentralizado del gobierno del estado con personalidad jurídica y patrimonio propios, sus trabajadores no pudieron nunca integrarse al Sindicato de Trabajadores al Servicio del Poder Ejecutivo porque prácticamente en su totalidad se encontraban contratados como eventuales, padeciendo el despotismo de los jefes y los abusos a sus derechos. Con frecuencia eran despedidos para que los nuevos funcionarios pudieran incorporar a sus amigos y recomendados, y tenían que trabajar sin prestaciones como el aguinaldo, primas vacacionales, ni pago de horas extraordinarias (a veces, cuando la situación lo demandaba, hasta altas horas de la madrugada) conforme a la Ley Federal del Trabajo. Desde 1998 no reciben incrementos formales a su salario base, o han sido mínimos, mientras que han crecido las remuneraciones como compensaciones. Hasta finales de 2002, los empleados de la coordinación no disfrutaban de seguridad social ni Infonavit.
Fue sólo recientemente que el grupo más activo de los empleados logró romper con el miedo y formar el SUTCGEEEM, que el pasado 11 de septiembre obtuvo su registro ante la Junta de Conciliación. Y desde entonces ha venido exigiendo al gobierno del estado la firma de un contrato colectivo que mejore sus condiciones laborales y les dé la estabilidad laboral de la que todos los demás servidores públicos disfrutan. Los chantajes y amenazas de despido por los funcionarios, y en especial por el titular de la dependencia, Desiderio Camacho Garibo, han seguido operando, impidiendo que la totalidad de los empleados se afilien a la organización. No obstante, sí son la mayoría los que están participando en el actual movimiento de huelga.
Ya formalmente reconocido el SUTCGEEEM, su dirigente, Selene Murillo, fue recibida junto con dirigentes de otros sindicatos el pasado 10 de octubre por el gobernador Cárdenas Batel, quien giró instrucciones para que las demandas de los trabajadores fueran atendidas homologando sus condiciones de trabajo con las del resto de los servidores del Estado. Al día siguiente, el sindicato presentó a las autoridades su proyecto de Contrato Colectivo, que es lo que están demandando con el movimiento huelguístico. El 12 de octubre se firmó en lo general el clausulado y se dejó pendiente la firma de las prestaciones con impacto económico.
Pero con lo que no contaban los trabajadores era con la desidia del ingeniero Camacho. Éste no se ha presentado a las negociaciones con el sindicato (al ser inminente el estallido de la huelga sacó los enseres de su oficina para despachar en espacios alternos), aduciendo que él no tiene capacidad para resolver las demandas económicas, por lo que el sindicato ha tenido que tratar con el tesorero del estado, Humberto Suárez.
El entorpecimiento de las pláticas se ha producido particularmente en algunas prestaciones como el apoyo para lentes y un apoyo de mil pesos para transporte, pero particularmente por la ausencia del encargado de la dependencia. Por ello el sindicato tuvo que movilizarse el lunes 26 durante poco más de dos horas frente a la sede de la Tesorería del Estado. Sólo entonces se les ha hecho el ofrecimiento de formarles el convenio que queda pendiente y algunos medios de difusión han volteado su mirada hacia un movimiento que va para casi dos semanas paralizando una dependencia del gobierno estatal. Así, a golpes de indiferencia y autoritarismo los trabajadores han aprendido que sólo con su movilización podrán alcanzar los derechos que les corresponden y que normalmente se darían por concedidos.
Puede pensarse que se trata de trabajadores sin experiencia sindical, y que su organización es pequeña y débil. Pero no es necesariamente así. Una vez que se han vencido los temores y afiliaciones y se ha impuesto la decisión de defenderse sindicalmente, decisión es lo que sobra para compensar sus limitaciones numéricas, y han podido contar con el apoyo de otros sindicatos y organizaciones, particularmente los que se aglutinan en la Asociación de Trabajadores del Estado de Michoacán. Pero sobre todo, la fuerza que los impulsa es moral. La lucha valiente de los empleados de la CGEE pone de manifiesto lo mucho que falta en materia de respeto a los derechos laborales, aún bajo gobiernos surgidos de la izquierda electoral, y desnuda sobre todo la vigencia impía, de la ofensiva contra los derechos del trabajo característica de la era neoliberal.
La constitución de un sindicato nuevo y su envión con una huelga temprana es siempre un acontecimiento para la clase trabajadora toda. Más si lo que está en juego es la conquista de derechos elementales que, por sistema o inercia, los gobiernos y sus funcionarios autoritarios se resisten a respetar. Los trabajadores sindicalizados en el SUTCGEEEM asisten ahora a una experiencia nueva, la de la confianza no en los representantes de la autoridad formal sino en la fuerza propia y en su capacidad de movilización, así como en la solidaridad de otras organizaciones laborales. Parece poco, pero para cada uno de ellos y para la colectividad es un paso muy trascendente.