Opinión

MORELIA
Democracia y mercado: Desencuentros y realidades
En la mayor parte de los países la agenda electoral se centró en la desigualdad y la discriminación. América Latina parece dejar atrás la ilusión de que el crecimiento traería prosperidad; se retorna al Estado demandando políticas sociales para compensar a los más débiles
Carlos Enrique Tapia Miércoles 21 de Noviembre de 2007
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Durante el último tercio del siglo pasado, el Consenso de Washington impuso ideas, ideologías y políticas que tuvieron como motor al mercado, con-
virtiendo al Estado en un peligro para el individualismo extremo, la mercantilización de la vida en todas sus dimensiones, el neoliberalismo y la globalización. Se afirmó que el Estado era el problema y no la solución. La mano invisible del mercado lo sustituyó.
Los países subdesarrollados, periféricos, hoy calificados con el eufemismo «mercados emergentes», fueron materia prima para practicar las políticas neoliberales que hicieron de la globalización una realidad. El fantasma de la reestructuración económica, los ajustes, la privatización y la reducción del estado a su mínima expresión se paseó por América Latina entre dictaduras y sistemas autoritarios.
Acorde con el Latinobarómetro 2007, estudio de la Corporación Latinobarómetro, las opiniones y actitudes de los latinoamericanos sobre tales ideas, ideologías y políticas impuestas hasta conformar un marco social, económico y político favorable, han cambiado sus acentos, sin abandonarlas del todo, hacia la necesidad de la intervención del Estado para resolver las desigualdades y un cierto desencanto por el mercado como la gran solución.
Los cambios detectados por el Latinobarómetro 2007, tuvieron como contexto un crecimiento económico favorable (5.6 por ciento en 2006 para toda la región), pero con enormes desigualdades, y la ola electoral del 2006; en once de los 18 países del Latinobarómetro hubo elecciones presidenciales, las que produjeron en la región movilizaciones ciudadanas sin precedentes, poniendo de manifiesto demandas y problemas en las campañas.
En la mayor parte de los países la agenda electoral se centró en la desigualdad y la discriminación. América Latina parece dejar atrás la ilusión de que el crecimiento traería prosperidad; se retorna al Estado demandando políticas sociales para compensar a los más débiles, y se acentúa el rechazo al Consenso de Washington, el neoliberalismo y sus recetas para solucionar los problemas de la región. Hay que buscar otras alternativas.
A nivel latinoamericano el crecimiento económico es favorable, mostrando las tensiones entre mercado y democracia. En 2007, un 35 por ciento de sus habitantes está muy de acuerdo/de acuerdo con «las privatizaciones de las empresas estatales han sido beneficiosas para el país»; crece cuatro puntos respecto a 2005 y catorce en relación a 2003, pero sigue abajo del 46 por ciento de 1998, lo que refleja cierto desencanto. En México el 40 por ciento favorece la idea.
Cae siete puntos la opinión sobre «la economía de mercado es lo más conveniente para el país»; pasa de 59 por ciento en 2002 a 52 por ciento en 2007. En México la apoya un 60 por ciento respecto al 66 por ciento de 2002. Paralelamente, la idea «la economía de mercado es el único sistema con el que (el país) puede llegar a ser desarrollado» desciende 16 puntos de 63 a 47 por ciento entre 2005 y 2007. Esta caída refleja el sentir de ambos sexos, distintos grupos y de casi todos los países. En México 52 por ciento la aprueba respecto al 73 por ciento de 2005.
La opinión sobre el rol del Estado como fuente de solución a los problemas aumenta de 29 a 38 por ciento entre 2005 y 2007; asimismo, cae de 55 a 42 por ciento la aprobación sobre que el Estado puede solucionar algunos problemas/no puede resolver ningún problema, reforzando favorablemente lo anterior. En México no varía entre 2005 y 2007 (26 por ciento).
Asimismo, caen la idea sobre la economía de mercado como único sistema para ser desarrollado, 16 puntos desde 2005; la percepción de que la economía de mercado es lo mejor para el país, siete puntos desde 2002, y la opinión sobre la empresa privada como indispensable para el desarrollo, tres puntos entre 2005 y 2007 de un 59 por ciento a un 56 por ciento. En México la variación es mínima al pasar de 56 por ciento en 2005 a 55 por ciento en 2007.
Así, el Estado tiene que ser parte de la solución; aumenta su demanda y el desencanto por las bondades del mercado. Decepcionan la política y los «poderes» del mercado como fuente de desarrollo. Los pueblos demandan de sus estados la solución a sus problemas. «Los grados de democracia no tienen una relación directa, ni correlación con los grados de modernización o apertura económica». No van necesariamente de la mano y pueden ser antagónicos. Los procesos políticos tienen una lógica separada de los económicos.
La política de privatizaciones prometió prosperidad, pero trajo servicios con mayores costos para los usuarios, además de que faltaron mecanismos de regulación, no hubo resguardos para impedir los abusos, los excesos y la corrupción. Se provocó un proceso que no fue controlado por la autoridad, produciéndose enormes costos pagados por los ciudadanos, las empresas y la economía de mercado, que no logra su legitimidad. Paralelamente, se demonizan las políticas públicas y las empresas públicas.
Fragmentos: Roger Bartra, conspicuo «izquierdista» afín a los derechosos de las revistas Nexos y Letras Libres, afirmó en conocido medio calderónico que AMLO es un lastre para la izquierda, pero no aclaró si se refería a la izquierda «bonita» y «moderna», cardenista, chuchista o la perfumada por el derechismo, que poco tienen que ver con los movimientos sociales y políticos. 2. La señora Romero, funcionaria del INM, confirmó la postura de Calderón sobre la migración centroamericana: terroristas e indeseables a quienes hay que impedirles el paso a cualquier costo, por el bien y protección de Estados Unidos, tono similar al de la «diputada» panista, que nadie eligió, sobre los migrantes mexicanos: terroristas e indeseables que «violan la soberanía» de ese país.