Opinión

MORELIA
Notas políticamente incorrectas sobre una jornada electoral
La elección dejó en claro que Michoacán continúa siendo un importante bastión perredista, a pesar del PRD y sus grupos; también, dejó entrever que la violencia simbólica impulsada por el PAN y la intervención federal, tienen sus límites
Carlos Enrique Tapia Miércoles 14 de Noviembre de 2007
A- A A+

Con varios factores en contra, destacadamente la idea de que al ser el habitante de Los Pinos originario de la entidad en contienda electoral, el candidato de
su partido debía triunfar costara lo que costara, Leonel Godoy, abanderado de varios partidos políticos, apoyado por grupos no partidistas y ciudadanos, ganó la elección por la gubernatura michoacana para los próximos cuatro años con cinco puntos arriba del partido de Calderón.
En un contexto tenso, de baja participación ciudadana, con una campaña de violencia simbólica, terror y miedo impulsada por el PAN y grupos afines al calderonato, un escenario mediático y unos medios cargados al panismo y calderonismo, además de una jornada con mapaches, coacción al voto, proselitismo, una autoridad electoral poco clara en su actuar, se realizó la elección del 11 de noviembre.
Previamente, varios jilgueros mediáticos incrustados en televisoras, radiodifusoras y prensa escrita de la Ciudad de México, afines al calderonato (Milenio Diario, El Universal), emitieron sus dictámenes, anunciando una contienda cerrada, descalificando las encuestas que daban ventaja a Godoy por supuestamente estar pagadas por los amigos del perredista, e ignorando deliberadamente la violencia simbólica impulsada por la campaña panista.
En Michoacán, algunos medios electrónicos e impresos asumieron una postura similar; incluso, algunos merolicos mediáticos dudaron que la campaña panista fuera violatoria de la legislación electoral, acusando de amarillistas a quienes denunciaron los ataques, la evidente intromisión federal en los comicios michoacanos, y la inequidad que comenzó a dominar la elección en la semana anterior a la jornada electoral.
La autoridad electoral no estuvo a la altura; en parte por una legislación deficiente, y en parte por una aparente falta de compromiso del órgano encargado de conducir el proceso electoral. Asimismo, fue evidente la inacción y tardanza para atender asuntos que en su momento pudieron entorpecer el proceso. Al organismo le faltó capacidad, ciudadanización, y pretendió convertir en asuntos puramente mediáticos las quejas.
El domingo 11 de noviembre, el efecto de la campaña de violencia simbólica del PAN se patentizó en mapacherías, coacción al voto, proselitismo y un abstencionismo cercano al 50 por ciento. Si bien el partido azul obtuvo una alta votación, sus acciones se le revirtieron, pues pretendiendo acercar a potenciales electores a su favor, consiguieron ahuyentarlos, sorprendiéndoles la fortaleza de los votantes del PRD, fruto de un compromiso que se fue tejiendo en el terreno.
No sorprende la derrota del PRI; tampoco su retorno al gobierno de la capital del estado. El candidato al Ayuntamiento moreliano tiene un capital político muy importante, conformado por electores de todos los colores. A nivel estatal, las maneras priístas de ejercer el poder influyeron en la pérdida de alcaldías y diputaciones. En mi opinión, el tricolor tiene actualmente poco para recuperarse.
El PAN tuvo un repunte importante en su votación habitual, pero de ahí a creer que los michoacanos se estén empanizando aceleradamente hay un buen trecho. Varios ayuntamientos fueron ganados por compromisos y combinaciones interpartidistas extrañas, por decir lo menos. Como he comentado en otros momentos, el alejamiento de principios básicos, los escándalos foxistas, la duda sobre la elección presidencial del 2006, la violencia simbólica hecha pasar por campaña política, de seguro influyeron.
Los merolicos de la prensa escrita capitalina (El Universal) se apresuraron a alzarle la mano a Calderón («derrota exitosa»), ignorando las irregularidades, presiones y el contexto en el que se desarrolló la elección. No fue un proceso catastrófico, pero descalificar las situaciones que efectivamente sucedieron antes y durante la jornada electoral, para convertirlas en parte de los engendros conceptuales llamados «transición» y «normalidad democrática», es hacerle un flaco favor a la democracia.
A las 11:11 de la mañana del lunes, con el 98.9 por ciento del total de las actas computadas, Leonel Godoy tenía 37.87 por ciento de todos los votos; Chavo López, 33.38 por ciento, y Reyna, 24.30 por ciento. Asimismo, el PREP reportó el 50.1 por ciento de participación electoral (http://www.prep.com.mx/), además de que la geografía electoral del estado cambió de manera importante. El nuevo gobernador no contará con mayoría en el Congreso del Estado y el PAN, salvo la capital, gobernará en varios de los municipios urbanos importantes de la entidad.
Esta elección dejó en claro que Michoacán continúa siendo un importante bastión perredista, a pesar del PRD y sus grupos; también, dejó entrever que la violencia simbólica impulsada por el PAN, la parcialidad de los medios a favor del calderonato y sus candidatos, y la intervención federal, tienen sus límites, aunque falta aclarar ante los ciudadanos de dónde salió la cantidad descomunal de dinero que el PAN tuvo a su alcance para su campaña. Lo mismo para los otros partidos.
Fragmentos: 1. Ignorancias panistas: Fox inventó un Borgues, Marta Sahagún una Rabina Tagore, y ahora Josefina Vázquez Mota al «poeta» Juan Sabines. 2. La política antiinmigrante estadounidense produce resultados: Creció el número de detenidos en el año fiscal que recién finalizó al pasar de 19 mil 700 personas en 2006 a 27 mil 900. 3. El calderonato, cumpliendo con lo pactado con Estados Unidos, está «registrando» (fichando) a los transmigrantes del sur para reportarlos a ese país.