Opinión

MORELIA
Petras y Castro: El discurso único y la izquierda «buena»
Castro rechaza el escrutinio público y la participación de la sociedad cubana en su propio destino. El comandante argumenta que todo este arsenal de «extrema izquierda» está lleno de «neoliberalismo». Es decir, puro y simple argumento de la «democracia burguesa»
Carlos Enrique Tapia Miércoles 12 de Septiembre de 2007
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El tema Cuba, en nuestro país y entre varios sectores académicos, sociales, artísticos, intelectuales, es de difícil abordaje, particularmente desde una perspec-
tiva crítica, no procastrista, pero tampoco anticubana. Un artículo de James Petras y la respuesta de Fidel Castro proporcionan un contexto político para hilvanar algunos comentarios respecto a Castro, el castrismo, y Cuba y el pueblo cubano.
James Petras, académico estadounidense de izquierda liberal, escribió con Robin Eastman-Abaya un interesante artículo sobre los avances y retos de Cuba («Cuba: Revolución permanente y contradicciones contemporáneas», en Rebelión, 24-08-07), al que Fidel Castro respondió cortante («Los superrevolucionarios», en CubaDebate, 03-09-07).
Castro acusa a Petras de «superrevolucionario» de extrema izquierda, cuyos consejos sobre Cuba y la Revolución cubana son «veneno puro». En una actitud digna del izquierdismo tan criticado por el propio Lenin, el comandante refrenda la intocabilidad de Cuba y la Revolución cubana aduciendo que se subestiman sus tareas, avances y grandes aportaciones al mundo en educación, cultura, salud, energía.
Los críticos de la dictadura castrista, quienes jamás hemos estado de acuerdo con el bloqueo estadounidense y el terrorismo de la mafia cubano-estadounidense asentada en Miami, no dejamos de reconocer las grandes tareas y avances de la Revolución cubana, los obstáculos enfrentados por el pueblo cubano, pero tampoco podemos seguir intercambiando ideología dictatorial disfrazada de izquierda «buena y única».
El artículo criticado por Castro reconoce la «tremenda resistencia ante enormes obstáculos y retos políticos» de Cuba y su Revolución, que desafió la invasión orquestada por Estados Unidos, un cerco marítimo, ataques terroristas, medio siglo de bloqueo económico, además de sortear la caída del «socialismo realmente existente», y el tránsito de China al capitalismo, formulando un «nuevo modelo de desarrollo».
Sin embargo, lo anterior no es un «reconocimiento»; pues según el comandante la «extrema izquierda» ignora todo avance y esplendor de la Revolución cubana cuando sobredimensiona obstáculos y retos como el burocratismo, la corrupción, los problemas de vivienda, el impacto económico social de una economía dependiente del turismo, la formación de cinturones «antisociales y burgueses» prohijados por los enclaves turísticos.
Pesa más la ideología del discurso único y la izquierda «buena», que la revisión de una opinión que reconoce en Cuba y su Revolución el avanzado sistema de bienestar social; el establecimiento exitoso de «relaciones económicas y diplomáticas en todo el globo, a pesar de los bloqueos y las presiones de Estados Unidos»; la favorable «seguridad nacional y personal», donde «las tasas de criminalidad son bajas y la violencia infrecuente».
Entre los obstáculos que señalan los autores destacan: distorsiones salariales creadas por el turismo en la economía; emergencia de una burguesía burocrática privilegiada a su alrededor; crecimiento del lumpenproletariado, prostitutas, narcotraficantes y «otras formas de pícaros no productivos»; carencias continuas; bajo poder adquisitivo; falta de bienes de consumo; declinación de la producción de alimentos.
Los autores señalan «reformas positivas» por emprender: planificación económica equilibrada, supervisión de la administración y participación de los trabajadores-consumidores en la toma de decisiones; escrutinio público de cuentas, ingresos y gastos de todos los ministerios; publicación de cuentas de gastos, transporte, regalos privados y posesiones y compras en el extranjero de altos funcionarios, y debates públicos y referendos sobre prioridades de inversiones, ayuda al extranjero frente a programas internos de salud, vivienda y transporte.
Castro rechaza el escrutinio público y la participación de la sociedad cubana en su propio destino. El comandante argumenta que todo este arsenal de «extrema izquierda» está lleno de «neoliberalismo». Es decir, puro y simple argumento de la «democracia burguesa». La participación, la crítica, la información pública y cualquier forma de intervención de los ciudadanos es simple «imperialismo», neoliberalismo, pérdida de soberanía.
El discurso único rechaza cualquier crítica al proceso revolucionario cubano, en aras de seguir erigiéndose en izquierda «buena». Los demás son neoliberales, burgueses, extremistas de izquierda. Hugo Chávez es el gran ejemplo. Pero Chávez es un dictadorzuelo. No hay otra forma de llamar a quien diariamente conculca los derechos de los ciudadanos por un remedo de «socialismo» en Venezuela. Estuvimos de acuerdo en que no renovara la concesión de la televisora golpista, pero lo demás es dictadura y punto.
Fragmentos: 1. Dicen los panistas de aquí y de allá que el gasolinazo es idea del PRI y la Conago. Sólo falta que se la atribuyan a los ciudadanos, pero no pueden ocultar que PAN y PRI la aprueban. 2. Calderón desde la India, a propósito de las explosiones en Pemex, condena a «todo aquel que quiera imponer por la fuerza sus ideas a los demás». ¿Se olvida cómo llegó él al poder? 3. Con actitudes stalinistas y de negociantes neoliberales (contradictorio, pero piénsele), los maestros «democráticos» vetan a un medio.