Opinión

MORELIA
Patetismo y cinismo como política en dos actos
La izquierda mexicana se quedó sin espacio partidista. Quienes administran al PRD, tribus y caudillos, tienen hoy un buen negocio con el PAN, el PRI y el calderonato
Carlos Enrique Tapia Miércoles 5 de Septiembre de 2007
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Primer acto: El señor Calderón llega a San Lázaro; no puede ingresar a Palacio Nacional por la banda presidencial, pues la resistencia civil pacífica se lo
impide; tampoco «goza» del viejo ritual del priísmo corrupto, donde el papel multicolor y los «gracias señor presidente» (por nada) abundaban. En el Congreso de la Unión, con la ausencia de los perredistas, la censura del calderonato a las palabras de la chuchista Zavaleta, entrega un informe donde inventa un país -Calderonlandia- y articula unas patéticas palabras.
El patetismo como política. Un discurso con el que solamente los políticos privilegiados, los corruptos y los ignorantes coinciden. Hace un patético llamado a los legisladores para «tener un diálogo público y directo sobre el estado que determine la nación», lo que una vez más muestra su adicción por el efectismo, el espectáculo y el engaño que intenta ocultar las complicidades interpartidistas, el país en quiebra.
Los medios afines celebran el supuesto fin de un «ritual», de una «época», lo cual para los efectos de un país que es llevado como la televisión y la prensa adicta difunden y escriben no tiene la menor importancia. La caricatura calderonista no da para tanto, aunque el apoyo del «chuchismo» perredista es elogiado, sellando la idea de que el grupúsculo de la Nueva Izquierda finalmente enterró al PRD.
Ese sábado, la izquierda mexicana se quedó sin espacio partidista. Quienes administran al PRD, tribus y caudillos, tienen hoy un buen negocio con el PAN, el PRI y el calderonato. Sin embargo, la izquierda no partidista, la resistencia civil pacífica, son ajenos a esas complicidades. Nadie resultó ganador. Puede leerse el espectáculo televisivo como supuesto triunfo, pero la realidad está más allá del talkshow.
Segundo acto: La mañana del 2 de septiembre, el señor Calderón llegó a Palacio Nacional para protagonizarse a sí mismo, en un nuevo espectáculo, patético y cínico, que pretende transmutarse en nuevo ritual de un supuesto país que solamente existe en los textos escritos por los privilegiados y bien pagados asesores de Calderón, en la televisión y los medios escritos afines. La autocomplacencia, el ninguneo y el asalto a la razón.
En un acto mediáticamente calculado, un recinto con panistas y acarreados aletargados, Calderón llama a «pasar del sufragio efectivo a la democracia. Para lograr una democracia efectiva se requiere voluntad política para avanzar», en un arranque de cinismo y autoelogio, cuando el priísmo y el panismo corruptos han secuestrado la democracia, en un país en el que la inseguridad, el narcotráfico y la pobreza campean.
Un mensaje, el del sábado y el domingo, donde la televisión privada mostró aún más el patetismo de alguien que no gobierna para nadie, excepto para su séquito de aprovechados, con grandes sueldos, pagados por usted lector, y privilegiados, y para quienes todavía creen que el 0.56 por ciento le da legitimidad a quien no puede demostrar, por la vía de los hechos, los votos y la política, que es presidente. Un fraude, un robo.
El patetismo de los medios impresos afines, «informando» de un informe que no hubo, del chuchismo, que de izquierda no tiene nada. Llama la atención su desesperación por «un acuerdo nacional para profundizar la democracia, combatir la violencia y acabar con la miseria que afecta a catorce millones de personas en el país», además de su «rechazo» al «trato vejatorio» que se da a los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.
La democracia de la que habla Calderón es el discurso del cinismo, pues «ejemplos» como Veracruz, Yucatán, Baja California Norte, donde la corrupción panista y priista brillaron, están lejos de la supuesta «transición» y «normalidad» democráticas. Tampoco es creíble su alegato para «acabar» con la pobreza, pues hasta en las cifras miente deliberadamente.
Su «rechazo» al «trato vejatorio» a los inmigrantes mexicanos refleja oportunismo; busca seducir a las organizaciones que honestamente luchan por una reforma migratoria en Estados Unidos. Los panistas del Instituto de los Mexicanos en el Exterior y asociaciones progubernamentales afines aplaudieron a rabiar, pero callan que el calderonato continúa con las repatriaciones «voluntarias» y apoyó la expulsión de Elvira Arellano, la indocumentada que se prestó a la foto por una visa «especial».
Dos actos de patetismo y cinismo que buscan sustituir la política. La simulación, el espectáculo. Las televisoras privadas impusieron su agenda. Calderón resultó un actor «televisable», quien sin el apoyo de los medios electrónicos, la prensa afín y los «chuchistas», no se hubiese instalado en el imaginario colectivo de los «jodidos» (Azcárraga, dixit) y la irresponsable clase media.
Fragmentos: En un acto de supremo cinismo, Fox ayer, y Calderón hoy, borraron literalmente a los pobres de este país: que son catorce millones. Eso sí es magia, lo demás vanas ilusiones. Los panistas michoacanos amenazan con que al PRD se le cobrará caro su salida de San Lázaro el sábado pasado y que Chavo va a detener a los chinos. ¿Más magia del espectáculo calderonista, ante la ausencia de propuestas y el gasolinazo que viene?