Opinión

MORELIA
Michoacán no será Baja California
Baja California no vino sino a corroborar el hecho ya conocido de que la profesora Elba Esther Gordillo no encabeza un sindicato magisterial sino una pandilla que se ha posesionado del sindicato, por cierto el más grande del país
Eduardo Nava Hernández Jueves 9 de Agosto de 2007
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El caso del chino-mexicano -esto último por obra y gracia del gobierno de Fox, Zhenli Ye Gon, en cualquier otro país que se diga ser decente hubiera ocasio-
nado un holocausto en el gobierno y, seguramente, como en el caso del Watergate en los Estados Unidos hace ya varios años, la caída del presidente.
Pero aquí, lo peor ya no nos puede asombrar. Podríamos afirmar que desde hace tiempo carecemos de la capacidad para asombrarnos ante hechos evidentes de corrupción e impunidad de la clase dominante, pues ocurren cotidianamente para continuar engrosando la rechoncha corrupteca nacional.
El Partido Acción Nacional se levantó en los recientes comicios estatales de Baja California con una holgada victoria de 7 u 8 puntos porcentuales sobre su
amenazante contrincante Jorge Hank Rhon, con lo que el PAN no sólo logró conservar ese para él emblemático gobierno local sino también dos tareas políticas adicionales: poner fin a uno de los curiosos mitos de la política de un pasado que no acaba de irse: el de la invencibilidad de la fórmula que conjunta el poder político y el dinero y que está representada, con peculiar conspicuidad, en el apellido Hank, y sacudirse parcialmente el golpe recibido en las recientes elecciones de Yucatán a manos del propio PRI.
Sin anticipar esa estrepitosa derrota del partido tricolor y por alguna extraña razón más bien inexplicable, el candidato priísta en Michoacán, Jesús Reyna García, se sintió incitado a declarar que las elecciones en el estado norteño serían un «referente» para las de noviembre próximo en Michoacán, considerando que el anunciado triunfo del hijo del profesor motivaría a los priístas de aquí. Ahora se habrá tragado sus palabras el abanderado del tricolor y tendrá que reconocer que ninguna pauta pueden los michoacanos recibir de la prepotencia, hoy en retirada, representada por el hankismo.
Pero no fue Reyna el único tentado a relacionar el proceso en la California mexicana con las elecciones venideras en Michoacán. Chavo López Orduña, candidato del PAN en la tierra de Ocampo, arrebatado por el entusiasmo o sumido en la desesperación, anunció la firma de un acuerdo con el SNTE para supuestamente mejorar la calidad educativa en nuestro estado, que no sería otra cosa que el pretexto para que Elba Esther Gordillo Morales, usufructuaria principal de esa franquicia, opere, como lo corroboró su intendente sindical y también regente del membrete denominado Panal, en las elecciones de Michoacán, tal como lo hizo en Baja California. Resulta, pues, que los que en el ya lejano año 2000 eran denominados víboras prietas y tepocatas son ahora los soportes sobre los que se fincan las expectativas de triunfo del panismo en situaciones complejas como la que le espera en el estado natal de Felipe Calderón.
Baja California no vino sino a corroborar el hecho ya conocido de que la profesora Gordillo no encabeza un sindicato magisterial sino una pandilla que se ha posesionado del sindicato, por cierto el más grande del país, y que únicamente sirve a sus propios intereses y a los de sus aliados políticos del momento, en este caso, como en el 2006, a los del Partido Acción Nacional y de Felipe Calderón. Como se sabe, el PAN y el Panal hicieron pública la intervención de los llamados operadores electorales del magisterio para consumar la derrota de Jorge Hank y el afianzamiento, para un cuarto periodo consecutivo, de un gobierno panista en esa entidad.
Resulta, sin embargo, muy difícil, probablemente imposible, conocer cuál fue la contribución real del grupo gordillista a ese propósito, por más que no sea desdeñable su capacidad en materia electoral. Lo notable es, sin embargo, que a su conjuro se ha rendido la débil institucionalidad del PAN y del gobierno calderonista, pagando a la maestra los altos precios que pone a sus servicios (hasta el momento junto con su grupo político controla, además del SNTE, la Subsecretaría de Educación Básica de la SEP, el ISSSTE y la Lotería Nacional) hasta el punto de que posiblemente, en aras del gobierno bajacaliforniano la trascendente Secretaría de Educación Pública le sea entregada en su totalidad.
Pero el escenario norteño con el cual López Orduña -también candidato del Panal para Michoacán- fantasea está en realidad muy alejado de Michoacán. En la Baja California la lucha electoral se planteó desde un principio entre dos fuerzas representativas de la derecha. Los ciudadanos fueron convocados ahí a elegir entre la grotesca descomposición que encarna Jorge Hank como uno de los múltiples resabios de lo peor que el PRI legó al sistema político del país (otros lo son, por supuesto, Roberto Madrazo, Mario Marín, Ulises Ruiz y una larga serie de etcéteras), y el oficialismo panista, portador de inmovilismo y de la visión más retrógrada de la sociedad que en el panorama político actual es posible reconocer. Por razones diversas, que tienen que ver con el propio desempeño del PAN en el gobierno local, pero también con las limitaciones de la izquierda en la construcción de alternativas, ninguna expresión electoral de ésta ha logrado repuntar ahí en los últimos lustros, y las corrientes electorales se han estructurado en torno a dos expresiones no polarizadas ideológicamente: el PAN y el PRI. La impotencia de la izquierda electoral se compendió en la penosa y estéril declinación de la candidata del PT, Mercedes Maciel, a favor de Jorge Hank, bajo el argumento de fuerte tufo lombardista de «cerrar el paso a la derecha», aunque ello implicara, más que apuntalar realmente al abanderado priista, renunciar por un largo periodo a constituirse como una opción de poder y ni siquiera como una oposición consistente.
Es en ese entorno político en el que las huestes gordillistas pueden ser fecundas. Por su origen inapelablemente priísta, el corporativismo del SNTE y sus adláteres puede haber rendido algún servicio a la causa del PAN en el extremo noroccidental de la República para neutralizar el poder económico del hankismo; pero la contienda de noviembre próximo está planteada en otros términos en Michoacán. El arraigo de la izquierda electoral y del movimiento social -incluido el magisterial, que desafía desde el interior del SNTE al cacicazgo gordillista- hace imposible pensar que los operadores de la profesora operen con impunidad, y menos aún que sean o pretendan presentarse como decisorios para una elección más polarizada en términos de proyecto social que la que se planteó en Baja California o en otras entidades del país.
Si bien el candidato perredista Leonel Godoy ya demostró con su visita a la arquidiócesis que también sabe allanarse ante los poderes fácticos, y la estructura perredista no deja de hacer patentes sus divisiones internas, las muy efectivas posibilidades de triunfo de la izquierda electoral radican más bien en el apoyo de los grupos sociales mayoritarios que desde tiempo atrás han dado la espalda al PRI pero que -como ya se demostró en la elección federal de 2006- no se orienta a apoyar a Acción Nacional. La esperanza de este último partido sólo puede fincarse en profundizar las divisiones entre las corrientes perredistas y hacerlo inclusive desde los más altos niveles de dirección del partido en el gobierno michoacano. De no darse esta última condición, tal vez pueda acudir la pandilla gordillista a reforzar al PAN en el estado natal de Calderón, pero el resultado previsible es que la elección, más que a Baja California se parezca a Waterloo.