Opinión

MORELIA
De cadáveres y partidos
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 11 de Julio de 2007
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«Es un horror estar con Obrador».
Sub Marcos, el 6 de febrero de 2007

En el lejano año de 1343, un grupo de comerciantes genoveses que negociaban con la seda fue perseguido por los tártaros, por lo que se refugiaron en la ciu-
dad de Caffa, localizada en Crimea (sudeste de Ucrania). Los tártaros, comandados por Janibeg Khan, sitiaron la ciudad por espacio de tres años, atacándola constantemente con catapultas sin lograr su rendición, hasta que a los sitiadores se les ocurrió usar las catapultas no para arrojar piedras, sino para arrojar cadáveres de los sitiadores que morían por una epidemia de peste bubónica. El resultado de ésta, al parecer la primera guerra bacteriológica, fue desastroso para la ciudad y dio origen a una diseminación de la peste que derivó en una terrible pandemia. Más de las dos terceras partes de los habitantes de Europa la padecieron, falleciendo la mayoría de ellos. Así de grave fue el asunto.
El poder de contaminación usando un vector orgánico es impresionante. Pero no sólo se puede contaminar con virus o bacterias a una sociedad. También es posible contaminar y finalmente destruir a una sociedad entera usando contaminantes de otro tipo. La contaminación puede ser ideológica, cultural, auditiva, visual, etcétera. En el caso que me ocupa la fuente de contaminación es una heterogénea mezcla de ideología, oportunismo, patología psiquiátrica, rencor, demagogia y mentiras, muchas mentiras.
Antecedentes: El Partido de la Revolución Democrática nació como una respuesta al fraude del 88. El partido heredó ideas y mística, poca o mucha, de una izquierda crónicamente reprimida. Representó la ilusión de muchos y con mayor o menor fortuna se ganó un lugar en el espectro político de México. Pero ¿qué pasó hace unos pocos años? El partido involucionó hasta convertirse en una mala copia del PRI. El PRD de la era AMLO, eso que nos pretenden vender como izquierda, en la pasada contienda presidencial se confirmó como la restauración del PRI. O si se quiere, de lo peor del PRI.
AMLO, un político mesiánico, convirtió al PRD en un basurero ideológico y captó para su causa lo peor de la política y sus redes clientelares. AMLO, quien se hizo candidato al GDF mediante mentiras, que como jefe de Gobierno se alió a los corruptos Bejarano, Ímaz y Ponce, quien usó su cargo y el dinero público para convertirse en candidato presidencial, quien se negó a la transparencia de su gestión, se burló y desdeñó a los ciudadanos que marcharon protestando contra la inseguridad, el político que escondió las auditorías de los segundos pisos y desvió millonarias sumas de dinero público de esas obras, para favorecer a los constructores amigos. AMLO, el Mesías que avala las manifestaciones de violencia de grupos afines y que desde su minoría legislativa de un tercio quiere decidir el rumbo de la República.
Las expresiones de violencia perredista se han convertido en sus definiciones políticas. No tienen en realidad un verdadero proyecto de nación, sino una forma de capitalizar para sus grupos los beneficios presupuestales (pragmatismo ya, chamba para todos). Lo más grave, no existe voluntad democrática, sino la imposición de sus puntos de vista. No tienen conciencia de su real porcentaje político y buscan imponer qué hacer y qué no hacer.
Los comportamientos violentos de grupos controlados por el PRD, como la CNTE, se están convirtiendo en un estorbo para la incipiente democracia. El PRD de AMLO ha comenzado a demostrar que no es un partido de acuerdos y negociaciones, sino una organización de choque político dispuesta a reventar o a desprestigiar acuerdos y decisiones tomados por otras fuerzas políticas.
Sus organizaciones sociales están acostumbradas a moverse en el escenario de la intolerancia y la imposición, el chantaje y la concesión. Para eso cuentan, sobre todo en el GDF, con grupos de supuestos inconformes que no son más que mercenarios de la violencia; grupos de golpeadores y provocadores a sueldo avalados todos por un antiguo periódico nacional convertido en hoja parroquial del PRD.
Son los mismos que organizaron y vigilaron el plantón del Zócalo a Reforma, los que infantilmente persiguen al presidente Calderón, los que mantenían el plantón fuera de Xicoténcatl, los que reventaron la presentación de libros críticos a AMLO, los que el 18 de marzo insultaron a Cuauhtémoc Cárdenas y son los mismos que ahora gritan, agreden y vociferan protestando contra la Ley del ISSSTE.
En la actualidad AMLO, aunque no lo acepten sus vasallos, es un verdadero cadáver político, su descomposición es inocultable, sus patológicas emanaciones contaminan y corrompen lo aún rescatable del PRD, su putrefacción es ya un riesgo para la sociedad.
¿Cuáles han sido los resultados electorales para el PRD después del 2 de julio? Los últimos doce meses han sido un desastre, perdiendo todos los procesos, a excepción de Chiapas, donde ganó con un priísta, Juan Sabines.
Perdió Tabasco, a pesar de AMLO; se desplomó en Yucatán, donde obtuvo tres por ciento de los votos cuando el 2 de julio del año pasado su candidato presidencial sumó 16 por ciento. En Durango, el PRD logró cinco por ciento de los votos, cuando su piso era diez por ciento y AMLO alcanzó 23 por ciento; en Chihuahua, donde hace tres años no pudo registrar candidato, el PRD se alió con el PAN, apenas logró el cuatro por ciento cuando hace un año López Obrador llegó a 19 por ciento. En Zacatecas en el proceso electoral para elegir 58 alcaldías y el Congreso local, el saldo fue la pérdida de los tres grandes municipios, incluida la capital, que pasaron a manos de la oposición. El resultado fue la debacle del partido del sol azteca que, teniendo 31 de las 58 alcaldías, apenas ganó 18.
Un cadáver ya no resucita, un cadáver debe recibir el manejo que corresponde a su naturaleza y AMLO, como buen cadáver político, antes de que siga haciendo más daño al país debe pasar al panteón de los muertos famosos, que no ilustres.
Respetuosamente y por el bien de todos.