Opinión

MORELIA
CNTE, ¿asomo a nuestro futuro?
En los medios ha habido una superficial defensa de los fotógrafos agredidos por los maestros de parte de los analistas que critican a Calderón
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 4 de Julio de 2007
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Si alguien tenía alguna duda sobre la verdadera naturaleza de ese grupo magisterial irónicamente llamado «democrático», ahora, con los hechos vistos en
Morelia el pasado jueves 28 de junio, cuando una horda de esos violentos especímenes, que para mayor gloria de su causa muchos de ellos se encontraban alcoholizados como lo afirma un testigo presencial, agredieron a un grupo de reporteros que lo único que hacían era cumplir con su trabajo. Bastó que un fotógrafo, el compañero de Cambio de Michoacán, Arame Campos, que oportunamente había realizado algunas tomas de este grupo de vándalos agrediendo a varios automovilistas, sin otra razón que simplemente dar salida a sus profundas frustraciones y resentimientos, bastó eso, insisto, para destapar la naturaleza violenta y profundamente intolerante de un grupo de distinguidos maestros autodenominados «democráticos».
No contentos con agredir y herir al compañero Arame, y con la valentía de los cobardes, que sólo la tienen cuando actúan en hordas, nunca en un enfrentamiento de igual a igual, varios irascibles representantes del «magisterio democrático» la emprendieron a patadas y golpes como respuesta a los reclamos de los demás trabajadores de los medios de comunicación. En la trifulca salieron golpeados los fotógrafos de Provincia y La Jornada, aparte de destruir equipo de un canal de televisión.
Como se pudo observar, no se salvó de la golpiza ni siquiera el representante del periódico objetivo, medio que se ha distinguido por ser él más firme impulsor de los reclamos del grupo magisterial «democrático» y decidido defensor de los violentos métodos que éstos han decidido seguir, bloqueos, pintas y golpes. Triste paradoja, ahora les tocó el otro lado de la moneda. Recibieron y padecieron en humanidad propia la contundencia de los «argumentos» que tanto han defendido: Empujones, patadas, mentiras e insultos, únicas «razones» que puede esgrimir la CNTE.
Triste papel el de estos personajes, no puedo llamarlos maestros como no sea de la violencia e intolerancia. Aparte de degradar y corromper la educación en los estados donde tienen presencia, mandando al sótano los niveles de competencia de sus desdichados alumnos, ahora vuelcan su odio contra quien posee un automóvil o simplemente contra quien no los apoya acríticamente.
Leo las promesas de las autoridades estatales de que se investigará y castigará a los responsables de esta lamentable agresión. Sin tener una bola de cristal puedo adelantar desde ya el resultado; palabrería, huecas declaraciones de solidaridad con los reporteros y muchas justificaciones, pero lo más importante: Cero resultados, cero castigados. Tal y como debe ser en un gobierno indiferente.
Reviso algunos medios impresos y sólo veo una superficial y oblicua defensa de los trabajadores de la lente. Distinguidos analistas que derrochan valor para criticar al «espurio» han guardado un ¿prudente?, ¿cómplice? silencio. De mi parte, y sin conocer personalmente al compañero Arame Campos, va toda mi solidaridad con él.
¿Recuerda usted amable lector, el episodio protagonizado por estos mismos violentos personajes de la CNTE hace unos años, en un estudio de una televisora local? ¿Recuerda quién era el secretario de Gobierno en esas fechas? ¿Recuerda cuál fue el resultado concreto y tangible de todo ese sainete? Por favor haga un poco de memoria y saque sus conclusiones.
Afortunadamente ya se avizora el cambio de gobierno. ¿Habrá quién desee seguir como estamos? ¿Continuar soportando y tolerando a los democráticos, a la CUL y cualquiera que se ampare en sus nexos con el PRD? ¿Continuar viendo el declive de la Universidad Michoacana, ahora casi en caída libre? ¿Seguir en la indefensión ante estos descendientes del neanderthal?
No lo creo, no deseo creerlo, tendríamos que ser una sociedad sumamente enferma para, como en la época de Antonio López de Santa Anna, abrazar una y otra vez el origen de nuestra tragedia sin entender el daño que nos estamos causando.
Pero, como ya se ha dicho: «Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen». ¿Será?