Opinión

MORELIA
Petate del muerto
López Obrador benefició con cuantiosos recursos económicos a periodistas para que le dieran cobertura
Alejandro Vázquez Cárdenas Miércoles 27 de Junio de 2007
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Petate, según el Diccionario de la Real Academia viene del nahua petatl, que significa estera, refiriéndose a una estera de palma que se usa para dormir en ella, pero también significa hombre embustero, despreciable y estafador.

La expresión petate del muerto, y su adjunta, asustar con el petate del muerto son antiguas expresiones, de uso relativamente común en México, pero
más en los estados de Jalisco y Michoacán. Su historia al parecer se remonta a la Colonia, en el siglo XVI, cuando existió una cofradía, llamada de la Santa Vera Cruz, con su iglesia y hospital anexos; ahí se veneraba la imagen de un Señor Crucificado llamado «de los siete velos». Por uno de los muchos oficios que hacía la cofradía de la Santa Cruz, se derivó la frase «asustar con el petate del muerto», la cual se hizo muy popular entre la gente; el origen nos lo cuenta el señor José T. Laris: «Entre los principales deberes de los cofrades de la Santa Vera Cruz, era el asistir a los ajusticiados que morían en el patíbulo; y así, al ser condenado a muerte un reo, se entregaba a los hermanos cofrades, quienes lo confortaban y corrían por cuenta de ellos los gastos que ocasionaba el sepelio del ajusticiado, inclusive la mortaja y el ataúd».
Con el tiempo, por la escasez que padecieron los Caballeros de la Santa Cruz, ya en el siglo XVIII no proporcionaban a los cadáveres más que un miserable petate que era llevado del hospital al lugar del ajusticiamiento. «Los espíritus mezquinos que de todo hacen mofa, comenzaron no sólo a motejar a los cofrades de Santa Cruz, llamándoles Caballeros del Petate, sino que cuando veían venir la procesión conduciendo el petate a guisa de mortaja, exclamaban: No me asusten con el petate del muerto. Frase que salía de los labios de la gente maleante o que estaba en peligro de correr la misma suerte del reo por sus actos facinerosos».
Actualmente tenemos varios ejemplos de lo que puede, fundadamente, considerarse como auténticos petates del muerto. Son personajes y grupos inflados artificialmente, y para colmo con dinero proveniente de nuestros bolsillos, vía erario, para hacernos creer que son lo que simple y sencillamente no son, ni lo han sido, ni pueden ser.
El más notorio es el devaluado Andrés Manuel López Obrador, personaje que en su momento y con la ayuda de mucho dinero y un muy activo grupo de incondicionales fue capaz de movilizar a una gran masa de ilusos y bastantes resentidos sociales, todos ellos víctimas de la demagogia que con extrema habilidad manejó este personaje. Calculador como pocos, en el último año de su gobierno López Obrador «invirtió» 220 millones de pesos en ciertos medios a cambio de la continua publicación de notas y reportajes favorables a su gestión. Los detalles fueron clasificados como «información confidencial por causas de seguridad pública» hasta 2012, pero extraoficialmente se sabe que el Periódico Objetivo, acaparó el 50 por ciento de lo destinado a la prensa escrita lo que le permitió pagar a su calumnista estrella la nada modesta cantidad de cinco mil pesos por artículo (uno diario).
A un año de distancia del proceso electoral cualquier persona medianamente informada puede corroborar que la esfera de influencia del Mesías tropical se concreta básicamente a la Ciudad de México, un par de estados pobretones, algunos de los más nefastos grupos sindicales como la agresiva CNTE; todos apoyados hasta la abyección por un periódico y una revista semanal que tienen credibilidad (eso sí que absoluta) entre sus fieles lectores exclusivamente.
Otro petate del muerto, éste un poco más antiguo, es el devaluado sub Marcos, personaje que enarbolando una buena causa y con un excelente manejo mediático fue capaz de prolongar sus quince minutos de fama. Los agitadores de la opinión pública intentaron agigantar los alcances de la revuelta zapatista, presentándola como susceptible de incendiar al país, aun cuando su campo de acción se limitaba a unos cuantos municipios de Chiapas. Meses más tarde, al evidenciarse la calidad de simples fantoches de Marcos y sus huestes, sin capacidad de influir ni siquiera en los acontecimientos políticos de los municipios circundantes, debieron resignarse al declive. Quisieron revivirlo a mediados de 2001, cuando el gobierno federal les permitió marchar al Distrito Federal. Apenas los encapuchados retornaron a la selva, fueron de nuevo olvidados. Actualmente, incapaz de entender la realidad de México el señor vive encapsulado en un mundo irreal, acompañado de un cada vez más reducido número de seguidores. Su tiempo pasó y su mensaje interesa sólo a sus fieles y trasnochados admiradores.
Y en la actualidad, aprovechando la complacencia (o complicidad) de los gobiernos perredistas, el mayor petate del muerto es esa horda cobijada por las siglas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores del Estado, CNTE, agresivo grupo sindical desprendido del sindicalismo oficial charro, y fuertemente apoyado, según muchos articulistas, con recursos de gobiernos perredistas y con una agenda dictada por López Obrador.
La CNTE, verdadero petate del muerto en toda su extensión, grupo manejado por un pequeño y conocido número de agitadores que, en un verdadero estado de derecho no durarían muchos días en libertad decapitándose así todo el movimiento. Son irreversibles los daños que han causado a los escolares y por ende a la sociedad entera. Grotesco grupo sin respeto alguno a la inteligencia de la sociedad como se puede corroborar con el «cuestionario» que proponen. Cualquiera que analice las preguntas se dará cuenta de la ignorancia o deshonestidad que tiene el o los autores. En metodología de investigación tienen un redondo cero. Aunque, la verdad, no es posible esperar otra cosa de ellos.
Por el bien de todos, es tiempo de enterrar ya a esos «petates de muerto».